Evocaciones de Elpidio

Evocaciones de Elpidio

Mediante un dibujo de su creador, Juan Padrón, en la revista Pionero, el 14 de agosto de 1970, hace hoy medio siglo, irrumpía en nuestras vidas un personaje ficticio que, de tan vívido y entrañable, algunos llegaron a confundir con alguien real.

Tal proceso conectivo surgía, además, de la percepción de que ese era una suerte de summa del héroe que nos correspondía en relación con nuestra historia, al valorar el crisol de virtudes registradas en la figura e ideal emancipador, de forma conjunta con su idiosincrasia.

Los niños cubanos amaron a Elpidio con vehemencia, lo hicieron suyo y auparon el desarrollo audiovisual del personaje, merced a varios largometrajes y numerosos cortos, divididos estos en tres franjas epocales o series.

Pequeño todavía, este autor participó de aquella franca efervescencia nacional que suponía un estreno protagonizado por el mambí. Siempre de esa mano de mi padre presente en mis primeras experiencias cinematográficas, a los nueve años asistí a la exhibición de Elpidio Valdés (1979), el primer largo animado de la historia de nuestro cine.

Acostumbrado por la pequeña pantalla a la dimensión Hanna-Barbera o a los animados soviéticos (no reniego de ninguno: a unos y otros recuerdo con cariño), experimentar la dicha inmensa, en 35 milímetros, de ver una historia local tan rica y cercana, casi que me descolocó de momento, hasta metabolizarla, percibir que esas imágenes eran uno de los rostros de nuestro pasado y formar parte, con plena complicidad, de la pléyade de niños y adolescentes rendidos al embrujo del universo Elpidio.

Nuestro héroe, particularidad distintiva, poca relación guardaba con los de los cómics. Al coronel Valdés no le respaldan poderes sobrenaturales; sino las convicciones, el amor de María Silvia, un amigo que no fallaba jamás como su caballo Palmiche y sus compañeros de la tropa. Él no requería de más para vencer al general Resóplez y al resto de los «gaitos».

A través de varios títulos, la saga Elpidio sobrepasó el contexto central de la guerra de Cuba por su liberación del colonialismo español, para atender, además, la intromisión norteamericana en la contienda y la lucha histórica que, desde entonces, debería emprender la Isla contra su adversario eterno.

Más por la vía de las situaciones desarrolladas que por la del diálogo, estas historias fílmicas trabajan con conceptos esenciales como Patria, Independencia, Unidad, Lucha, Resistencia. Por ello, no solo poseen un valor cinematográfico y sociológico; también ideológico.

En el registro del celuloide nacional no existe exponente, incluido el cine de acción real (no animado), que supere a la saga Elpidio en tal sentido, visto esta en tanto corpus.

Es lastimoso que el fin e inicio de siglo no le sentaran bien a las nuevas incursiones audiovisuales del «pillo manigüero», para certificar la confirmación que los territorios espaciales próvidos del personaje fueron las décadas de los ´70 y ´80.

Las actuales generaciones de espectadores infantiles conocen, básicamente, a Elpidio Valdés, a partir de la exhibición de los cortos en la televisión nacional. También aparecen compilaciones en el producto comunicativo Mochila. Algunos padres, preocupados porque sus hijos accedan a esos materiales, recopilan discos con grabaciones de los tres largometrajes. A otros, en realidad no les interesa y, haya de creerse o no, existen niños cubanos que, por consiguiente, no conocen de la existencia del personaje.

A Elpidio, por otro lado, en verdad le hemos pedido demasiado a veces, quizá debido a entusiasmos patrióticos que no sopesan la realidad del mundo circundante: que sea motivo central de festejos infantiles, que sustente una nunca emergida industria nacional de la juguetería, que presida cada acto pioneril, que esto o aquello...

Muy probablemente necesitamos, desde hace buen tiempo ya, en territorio del dibujo animado de otros personajes análogos, que habiten historias diferentes en torno a similar período histórico. Aunque a Valdés le quede machete por dar, según reza el numeral de la campaña por su aniversario 50, convendría sobremanera que tuviese más compañeros para blandir el sable.