Firmes compromisos, altas exigencias

Firmes compromisos, altas exigencias

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  • La sede nacional de la organización de los escritores y artistas cubanos.
    La sede nacional de la organización de los escritores y artistas cubanos.

El próximo agosto nuestra organización cumplirá 55 años de su fundación. Al evocar aquel momento, nuestro presidente Miguel Barnet ha dicho: “En 1961 comenzó un capítulo nunca antes transitado por los escritores y los artistas cubanos. No existe en ningún otro rincón de la Tierra una organización como la nuestra, que convoque a la vanguardia artística e intelectual en todas sus disciplinas. Hemos estado unidos en lo esencial, es decir, en el apego a los valores más legítimos de la cultura y en la reafirmación de la identidad espiritual de nuestro pueblo. Poco después de Palabras a los intelectuales, de Fidel, abrió un camino nuevo en la cultura cubana, con una incidencia directa en la población, depositaria de un patrimonio vivo que era necesario rescatar. El impulso creativo de aquel discurso alimentó un espíritu unitario que hizo que la mayoría se identificara con él”.

El poeta Nicolás Guillén, elegido presidente en el Primer Congreso, fue portador de esa aspiración colectiva y dispuso de un amplio nivel de convocatoria, dentro y fuera de Cuba. Fue él mismo expresión de la vanguardia política e intelectual de nuestra historia. Su ejemplo nos
ha servido siempre para articular de manera orgánica la promoción de la obra artística y literaria y nuestra vocación participativa ciudadana.

En cada una de las Asociaciones y los Comités Provinciales, la promoción de la obra artística y literaria será objeto de especial atención, sobre la base de las más estrictas calidades. Los problemas de la creación, sus urgencias y complejidades, deben generar debates imprescindibles. No puede desligarse la creación sin el ejercicio de la crítica, como herramienta necesaria para la orientación de la recepción de la producción artística y literaria y el establecimiento de jerarquías. A la vez la vanguardia artística e intelectual continuará aportando propuestas constructivas relacionadas con los problemas más acuciantes de nuestra sociedad. En ello desempeñan un papel decisivo las comisiones permanentes de trabajo, las cuales abordarán agendas que deben propiciar, en no pocos casos, soluciones puntuales. Los vínculos entre cultura, educación y sociedad, la incidencia de la escuela, los medios de comunicación y las tecnologías de la información en la formación de valores, la proyección de la cultura en el ámbito comunitario y la atención al patrimonio son algunos de los temas de análisis en la labor de las comisiones.

Hacia lo interno, la organización tendrá que seguir revisando mecanismos funcionales y administrativos, hacer más efectivo y racional el sistema de eventos, e interactuar con más determinación con las instituciones del Ministerio de Cultura y otros organismos de la Administración Central del Estado, así como con la CTC y el Sindicato de Trabajadores de la Cultura, para deshacer entuertos burocráticos y desembarazarse ella misma de problemáticas gremiales.

En el caso de las instituciones culturales, la mayoría de los escritores y artistas cubanos abogan por introducir ajustes y cambios que hagan más eficiente su gestión y faciliten la promoción de sus obras.
Eso sí, la ruta hacia la necesaria renovación y el imprescindible perfeccionamiento de la UNEAC no pasa ni puede pasar por la disgregación ni la disociación ni la anarquía ni la agitación desde falsas tribunas, apuestas indudablemente oportunistas que le hacen un buen favor a quienes quisieran ver fracturado el compromiso intelectual con la sociedad. Habrá que cambiar muchas cosas —de hecho están cambiando—, pero debemos defender los fundamentos de ese compromiso ético.