Flora Fong, una mujer de esencias

A los 55 de la UNEAC

Flora Fong, una mujer de esencias

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Plásticos, UNEAC, Flora Fong, arte cubano
  • Flora Fong.
    Flora Fong.

Es difícil acceder a ella, pero una vez sentada con el murmullo intelectual de la sala Villena, el diálogo fluye a plenitud. Es una mujer sencilla, con entrega total en sus palabras y brío en los ojos. Cuando habla de Cuba, por segundos, se queda pensativa, inquieta; pues la Isla significa un símbolo en su arte. Sin duda alguna, Flora Fong es una mujer de esencias.

Su obra posee gran variedad cromática de colores donde sobresalen las tonalidades de azul y amarillo. ¿En qué pensará cuando crea? O sencillamente se deja llevar por la eternidad del momento y surge el trazo primero de una pintura que lleva el sello de la insularidad. Así lo percibe cuando declara: “siempre digo que no puedo dejar de pintar en Cuba porque siento la luz solar, la necesito. Cuando viajo y estoy en un país frío, me pongo un poco mal porque quisiera regresar a mi país. Me gustan los azules porque ahí va la insularidad, estamos rodeados de agua. Me gustan todos los colores, pero prefiero algunos: el amarillo, el azul, el rojo, el blanco y el negro porque defino rasgos lineales, caligráficos, de la escritura china. Nada que soy caribeña y muy cubana.Cada día lo siento más en mi obra y me alegra mucho que se perciba”.

Se define como una artista disciplinada y cuando responde al por qué es tan evidente la esencia en su arte, otra vez los matices se sitúan entre sus pasiones preferidas: “realmente cuando pienso en un tema, es verdad, tomo la esencia y después con la imaginación recreo el tema y me organizo. Soy una persona muy apasionada cuando trabajo. Desde niña estoy pintando porque me gusta mucho y también es una manera de organizarse”.

“Por ejemplo: una fruta, pienso en ella, en la fruta que se magnifica; en el caso del mar imagino sus azules, el del Mar Caribe, y es una forma de sintetizarlo y también pienso en la China milenaria y en todo el camino que hicieron para llegar a Las Antillas. Por eso la insularidad ha sido para mí un hilo conductor”.

Respecto a la UNEAC, institución que el próximo 22 de agosto arriba a su Aniversario 55 de fundación, comenta: “qué mejor institución que la UNEAC; nosotros como generación somos testigos de toda la vida cultural de este país, desde el comienzo de la Revolución hasta nuestros días, y por eso la labor de la UNEAC es tan importante y hoy más que nunca se reafirma. Hay que luchar porque se mantenga realmente viva. En este momento la gente tiene que sentir que la UNEAC es la UNEAC”.

Es evidente que en ella se funden dos culturas opuestas para dar paso a un arte original y versátil, pues como declaró la ensayista Olga García Yero: “Flora ofrece una visión fractal de la Isla, una visualidad peculiar”. Sus raíces chinas también forman parte de su obra: “mi padre nos hacía papalotes preciosos, cometas chinas, y era el atractivo del verano y, esos papalotes de la infancia, los llevé años después a esculturas. Mi escultura obedece, precisamente, a las estructuras de los papalotes chinos. Los talleres, de una de las primeras bienales en La Habana, me dieron la experiencia para obras exhibidas en el Museo Nacional de Bellas Artes y otras locaciones”.

Algo es cierto, su arte propone otra manera de contemplar la Isla, no solo en todo su esplendor, sino en lo simple, lo cotidiano, lo que cada día se sitúa al alcance de un amanecer y existe en ello un placer extraordinario.