Fukumura–Fernández: alianza perdurable

Fukumura–Fernández: alianza perdurable

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Músicos, Frank Fernández, Yoshikazu Fukumura, sala Covarrubias
  •  Frank Fernández y Yoshizaku Fukumura, alianza de altos kilates. Foto: Yander Zamora
    Frank Fernández y Yoshizaku Fukumura, alianza de altos kilates. Foto: Yander Zamora

Dos décadas después de su primer encuentro, la empatía entre el director japonés Yoshizaku Fukumura y el pianista cubano Frank Fernández perdura y se afianza, como para demostrar que en el territorio de la música no importan las distancias geográficas, sino las afinidades estéticas.

Tanto es así que el maestro japonés quiso celebrar su 70 cumpleaños en Cuba y contó para ello con Fernández, regalándose entre ambos lo que artísticamente los distingue, y claro está, al público una ofrenda agradecida el último sábado en la sala Covarrubias.

Dotado de una energía irreductible en el tiempo, una envidiable capacidad de trabajo y una contaminante personalidad expansiva, Frank Fernández se prodigó a lo largo de la noche: de Mozart a Beethoven y de este a Lecuona. Para algunos,  esto sería un tour de force, sin embargo quienes hayan seguido la trayectoria del pianista cubano  sabrán que forma parte de su naturaleza encarar semejantes desafíos.

Mozart y Beethoven tuvieron esta vez mucho de Fernández, y no solo en las cadenzas: la dinámica, la dicción, el aire en los movimientos lentos, los ataques, la visión de conjunto fue muy a lo Fernández, lo cual resultó significativo  si se tiene en cuenta que el Concierto no. 23 en La mayor, de Mozart, y el Concierto no. 5 Emperador, de Beethoven son dos de las partituras para piano y orquesta más interpretadas, grabadas y difundidas de nuestra época.

La primera de estas obras, concluida en 1786, figura en el catálogo discográfico del pianista cubano, al final del registro Todo Mozart, del sello Bis Music. En su presentación, el intérprete subrayó una frase que viene a cuento con el espíritu de su ejecución sabatina: “Mozart  es para mí el reto más grande de lograr el equilibrio entre pasión y pensamiento a que todos aspiramos”.

Emperador (1811) fue el último concierto para piano y orquesta que escribió Beethoven y a lo largo de su desarrollo se despliegan, dentro de una estructura formal rigurosa, las rupturas con las convenciones del clasicismo que hicieron del autor un adelantado.

Fukumura, quien desde hace algunos meses obtuvo la titularidad de la Sinfónica de Manila,  dispuso esta vez de la Orquesta del Gran Teatro de La Habana. Hubiéramos deseado verlo al frente de propuestas instrumentales de más largo aliento para la función directriz; por ejemplo, alguna sinfonía.

Pero, al parecer,  la premura no lo permitió, de modo que el japonés se concentró en la obertura de la ópera Don Giovanni, de Mozart, a tono con el programa, y en servir a Fernández en sus conciertos. Es una orquesta de gente muy joven, con deseos de hacer música y que pudiera alcanzar un perfil propio independiente, como complimiento de su misión fundamental en la ópera, la zarzuela y el ballet.

 Tomado de Granma