Germán Pinelli: gloria de la cultura cubana e iberoamericana

Germán Pinelli: gloria de la cultura cubana e iberoamericana

A ciento dos años del natalicio del laureado locutor, actor integral y periodista cultural, Germán Pinelli (1907-1996), Premio Nacional de Televisión y Premio Iberoamericano de Locución (en dos ocasiones),  quiero evocar su fecunda trayectoria artístico-profesional en nuestros principales medios de comunicación.

Conocí a tan ilustre personalidad de la cultura insular y de mucho más allá de nuestras fronteras geográficas a través del popular espacio televisivo El Show del Mediodía, que estuvo en pantalla desde la década de los 50 y hasta finales de los años 60 de la pasada centuria, y que conducía —con la maestría que lo caracterizara— en la antigua CMQ Radio y Televisión (hoy Instituto Cubano de Radio y Televisión, ICRT).

Lo que más me agradaba de ese programa musical, signado por las muy bien escritas y mejor actuadas pinceladas humorísticas, era el hecho de que por el set desfilaban las orquestas típicas, agrupaciones de jazz band, y conjuntos soneros que llevaron la música cubana, la auténtica, la verdadera, a todos los rincones del orbe, y que hoy están invisibilizadas casi por completo en nuestros medios de comunicación (con honrosas excepciones, que las hay).

Por otra parte, disfrutaba con mucho placer las bromas picantes que Pinelli le dirigía, en vivo y directo, al maestro Rafael Lay Apesteguía (1927-1982), director de la emblemática Orquesta Aragón, que alternaba con la orquesta de Fajardo y sus Estrellas.

Todo aquello era un espectáculo muy bien montado, que contaba con la complicidad del director de la Charanga Eterna, quien se hacía el “bravo” y les hacía creer a los televidentes que había “perdido la tabla” ante las mordaces andanadas lingüísticas que le lanzaba quien fuera en vida un gran amigo .

Fui un fiel seguidor de dicho espacio hasta que desapareció de la parrilla de programación del Canal 6 en 1967.

Dos años después, exactamente, el 15 de diciembre de 1969, Día del Crucense, la Orquesta Aragón fue contratada por la administración municipal de Cruces (antigua provincia de Las Villas, hoy Cienfuegos), para amenizar  la actividad bailable  con motivo de dicha efeméride, y Germán Pinelli, para animar  —como sólo él sabía y podía hacerlo— un espectáculo que llevaba por título La Estrella y sus Luceros.

Los músicos de la Aragón, la estrella, los luceros y el genial animador estaban subidos en la tarima construida al efecto por carpinteros de la localidad…, pero, por un problema en la construcción y estructura del andamiaje, la tarima se vino abajo estrepitosamente, y todos ellos (músicos, animador, estrella y luceros) fueron llevados al policlínico de Cruces, que se encontraba en las afueras del pueblo, para que el médico de guardia los examinara en busca de algún trauma o lesión. Afortunadamente, nadie salió herido ni lastimado de aquel “trágico accidente”, que sirvió para sellar la fraternal amistad que se estableciera entre Germán y el autor de esta evocación literaria a su memoria.

Por una de esas casualidades de la vida que mi archivo mnémico no ha sido capaz de precisar con exactitud, me encontraba en el policlínico a esa hora de la noche, y cuando veo llegar a Germán Pinelli y a los integrantes de la segunda generación de la Orquesta Aragón, a quienes conocía personalmente desde hacía una década, me acerco a Lay, a Richard Egües (1923-2006) y a Pinelli para preguntarles por qué se encontraban en aquella institución de salud cuando debían estar en el Prado de Cruces.

Germán fue quien me respondió y me relató, con su estilo único e irrepetible, lo que les había sucedido.

Cinco años más tarde, me trasladé para el Hospital Psiquiátrico de La Habana, que dirigía el comandante, doctor Eduardo Bernabé Ordaz (1921-2006). Cuando ya residía con carácter permanente en la Ciudad de las Columnas, me encontraba con Germán Pinelli, y medio en serio y medio en broma, le recordaba —con cierta picardía—  el incidente ocurrido en mi tierra natal, y él, con la sonrisa amplia y lejana que identificara el lenguaje gestual utilizado ante las cámaras y fuera de ellas, me decía: “por favor, doctor (jamás pude lograr que me llamara por mi nombre de pila, aunque se lo rogué muchas veces) no me recuerde ese trago amargo que me traumatiza y no tengo ningún deseo que usted me psicoanalice […]”.

El tránsito triunfal del actor Germán Pinelli por el gustado espacio humorístico-costumbrista San Nicolás del Peladero y por otros olvidados programas radiales y televisivos en los que participó como la estrella que era, “es (como diría Luis Daniel Silva, el viejito Pánfilo de Vivir del cuento) otra historia […] otra historia”.

Hasta aquí, esta breve evocación a ese maestro de maestros que, por su carisma inigualable, ha dejado una huella indeleble en la mente y en el alma de los amantes de la radio y la televisión nacionales.