Giselle: joya del arte danzario universal

Giselle: joya del arte danzario universal

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  • Esta obra posee una significativa importancia, no sólo en lo que concierne a su propia historia, sino también porque con esta obra y con Alicia, su excepcional intérprete, la mayor isla de las Antillas trasciende por primera vez en el ámbito internacional de la danza. Foto: Nancy Reyes
    Esta obra posee una significativa importancia, no sólo en lo que concierne a su propia historia, sino también porque con esta obra y con Alicia, su excepcional intérprete, la mayor isla de las Antillas trasciende por primera vez en el ámbito internacional de la danza. Foto: Nancy Reyes

El Ballet Nacional de Cuba (BNC), que dirige la prima ballerina assoluta Alicia Alonso, miembro de honor del Consejo Internacional de la Danza, lleva a la sala García Lorca del Gran Teatro de La Habana, el ballet Giselle, obra emblemática que ha sido aplaudida por los amantes del ballet en todo el orbe.

Una de las funciones de Giselle está dedicada a celebrar los 200 años de la fundación de la Academia Nacional de Bellas Artes San Alejandro.

En el repertorio de una de las mejores compañías del mundo, esta obra posee una significativa importancia, no sólo en lo que concierne a su propia historia, sino también porque con esta obra y con Alicia, su excepcional intérprete, la mayor isla de las Antillas trasciende por primera vez en el ámbito internacional de la danza.

La famosa sustitución de la primera bailarina inglesa Alicia Márkova (1910-2004) por Alicia Alonso en Giselle, se produjo durante la temporada del Ballet Theatre en Nueva York, el 2 de noviembre de 1943, hace casi 75 años.

La bailarina cubana inició un nuevo orden de valores para la obra que “representa el compendio y la apoteosis de la danza de toda una época”. La versión coreográfica y la interpretación personal que de este ballet romántico hiciera Alicia Alonso recibieron —en 1966— el Grand Prix de la Ville de Paris; y en 1972, esa misma versión fue incorporada a la Ópera de París.

La puesta en escena de Giselle, con coreografía de la eximia ballerina, sobre la original de los maestros Jean Coralli y Jules Perrot, libreto de Théophile Gautier, Vernoy de Saint-Georges y Coralli, inspirado en una leyenda popular germánica recogida por Heinrich Heine y música del maestro Adolphe Adam, tiene en los papeles protagónicos a las primeras bailarinas Anette Delgado, Viengsay Valdés, Grettel Morejón y Sadaise Arencibia (Giselle), así como a Rafael Quenedit, Patricio Revé y Raúl Abreu (Albrecht).

El personaje de Hilarión, el guardabosque, está a cargo del primer bailarín Ernesto Díaz, el bailarín principal Luis Valle y Ariel Martínez, mientras que el de Myrtha, la reina de las Willis, lo interiorizan la bailarina principal Ginett Moncho, Ely Regina Hernández, Claudia García y Chavela Riera. Todos ellos muy bien secundados por los integrantes del cuerpo de baile del BNC.

Un análisis crítico exige detenerse en la excelencia artístico-profesional que identifica a Anette Delgado, Viengsay Valdés, Grettel Morejón y Sadaise Arencibia, en el complejo papel de la inocente campesina que muere virgen por el engaño de que fuera objeto por parte de Albrecht.

Esas figuras insignia del BNC —con el estilo propio de danzar que las identifica en cualquier escenario nacional o foráneo—  combinan la técnica académica y la interpretación teatral; virtuosismo técnico-interpretativo que —con la ayuda de los bien dosificados movimientos corporales y el histrionismo que aporta la experiencia acumulada durante décadas— se evidencia con meridiana claridad, sobre todo en la escena de la muerte de Giselle al final del primer acto, donde. Anette, Viengsay, Grettel y Sadaise, con sus actuaciones únicas e irrepetibles, intelectualizan y espiritualizan al máximo los recursos técnico-expresivos utilizados por ellas; pasaje que —por la carga dramática que le es inherente— eleva la tensión emocional del público y de las danzarinas a su máxima expresión.

En consecuencia, le formulan al auditorio una incógnita muy difícil de despejar: “¿son bailarinas o actrices?” Las dos cosas a la vez, contestaría este cronista… sin vacilación alguna.

Por otra parte, habría que destacar el carácter etéreo, fantasmagórico, irreal que adopta el espíritu de Giselle, convertida en una Willis. La transición  dramatúrgica que se aprecia en las intérpretes es digna del más cálido elogio, ya que le imprimen su savoir faire (sabor especial) al segundo acto, según mi apreciación, el más complejo desde todo punto de vista.

 Entre otros temas de puntual interés, se encuentran las loables interpretaciones que del Duque de Silesia hicieran los bailarines Rafael Quenedit, Patricio Revé y Raúl Abreu, cuyo desarrollo artístico-profesional, humano y espiritual se halla en plena fase de ascenso, por lo que, más temprano que tarde, alcanzarán las categorías artísticas superiores que —sin discusión alguna— merecen por el limpio, elegante y viril desempeño técnico-interpretativo que el espectador puede percibir en el personaje de Albrecht. No me asiste la más mínima duda de que, al decir martiano, están creciendo “como las palmas […], como los pinos”.

El Hilarión de Ernesto Díaz, Luis Valle y Ariel Martínez convence a los amantes del arte de las puntas, ya que cada uno, a su manera, es capaz de destilar por todos los poros del cuerpo y el alma la envidia y la maldad que caracterizan al personaje que les corresponde encarnar en ese contexto coreográfico-dramatúrgico.

Ginett Moncho, Ely Regina Hernández, Claudia García y Chavela Riera despojan a la Reina de las Willis de todo indicio o vestigio humano y la convierten en un ser del más allá, símbolo de la oscuridad de la noche, que se resiste a aceptar las suplicas de Giselle para que le perdonara la vida a Albrecht, su gran amor. Solo la insistencia incansable de la doncella y las luces del amanecer logran salvar al Duque de Silesia de la misma mala suerte que corriera Hilarión, quien fallece danzando en pleno bosque.

La despedida de Albrecht de Giselle, en su tumba fría, es una lección magistral de actuación impartida por todos y cada uno de los protagonistas de esa joya del arte danzario universal.