Grandes revoluciones caribeñas: Revolución haitiana y Revolución cubana

Grandes revoluciones caribeñas: Revolución haitiana y Revolución cubana

Etiquetas: 
Casa del Alba Cultural
  • La Casa del Alba Cultural acoge de manera mensual el espacio de reflexión y debate: Balcón Latinoamericano. Foto tomada de La Jiribilla
    La Casa del Alba Cultural acoge de manera mensual el espacio de reflexión y debate: Balcón Latinoamericano. Foto tomada de La Jiribilla

Sin lugar a dudas que el tema: Las grandes revoluciones en el Caribe: Revolución haitiana y Revolución cubana, quedará entre los más relevantes encuentros que convoca, mes tras mes, el espacio de reflexión y debate: Balcón Latinoamericano, en su habitual sede en El Vedado de la Casa del Alba Cultural.  En este primer mes del año para el análisis y diálogo de dicha temática se contó con la presencia de los panelitas doctora Josefina Castro y el doctor Alberto Prieto, ambos profesores de la Universidad de La Habana y del doctor José Bell Lara, profesor del Programa FLACSO-Cuba, además de contar como moderador con el joven licenciado Antonio Herrada, profesor de dicho programa de nuestro Centro de Altos Estudios.

“Se dice la Revolución haitiana o la primera república negra en el mundo, pero no es sólo eso. Hay que analizar que la clase dominante en América Latina siempre ha sido blanca; incluso, siempre se ha querido separar el fenómeno haitiano del latinoamericano. Sin embargo, luego del triunfo de la Revolución cubana y gracias a los intelectuales cubanos es que se ha logrado enfatizar en que Haití representa también el primer país latinoamericano independiente”.

Así expresó el doctor Prieto durante su intervención, para añadir que no se puede hablar sobre la independencia de América Latina —por ejemplo, de Venezuela—, sin hablar sobre Haití, porque de hecho Miranda, Bolívar o Sucre, siempre que incurrían en alguna dificultad, aquel país los nutría de armas, provisiones, municiones y hasta de combatientes. Algo que se quiere ignorar muchas veces.

Enfatizó el también Profesor Emérito de la Universidad de La Habana que “tanto la Revolución haitiana como la cubana son dos coincidencias históricas muy bellas, al tener ambas momentos culminantes un Primero de Enero —1804 y 1959—. Para observar la importancia de los fenómenos sociales tenemos que compararlos en sus épocas y en su justa medida en relación con sus contextos y hechos”.

El connotado politólogo rememoró que, anteriormente a la Revolución haitiana los Estados Unidos ya habían proclamado su independencia, frente a una metrópoli burguesa como Inglaterra, mas el fenómeno histórico como tal puede clasificarse como independentista, pues un nuevo régimen social ya se había constituido y conformado en la época colonial, y donde los esclavos no eran mayoría ni experimentaron tampoco alteración alguna en su situación social.

“La esclavitud americana, como la calificaba Carlos Marx, es un fenómeno moderno, y no es un émulo de la esclavitud greco-romana —concerniente al plus producto susceptible a ser productivo por un ser humano—; aquí se produce la esclavitud como consecuencia de la ausencia de las fuerzas de trabajo explotada (…) Siempre habrá que leer y analizar el Capítulo 25 de El Capital titulado Acerca de la moderna economía de colonización, donde en unas pocas páginas Marx habla de la esclavitud americana como fenómeno moderno burgués”.

A continuación se preguntó cómo los independentistas estadounidenses iban a abolir la esclavitud —siendo algo engendrado por parte de ellos—, no obstante ser minoría la población esclava en relación con la blanca. Algo muy distinto a lo que ocurrió en la Nación caribeña donde el 87% de sus pobladores eran esclavos o como algunos les calificaban bestias parlantes.

Lo interesante del fenómeno de la Revolución haitiana es que fue realmente un cambio en su estructura socio-económica y política (superestructura feudal) —¿para qué entonces, se hizo la Revolución francesa, si no fue para abolir el absolutismo feudal, y establecer un régimen burgués?— en Haití el régimen feudal concluyó antes del logro de la independencia. En el caso de las revoluciones latinoamericanas el objetivo era cambiar de régimen y emanciparse políticamente hacia la independencia, pero manteniendo la esclavitud sin llevarse a cabo una revolución, como ocurrió en México y Brasil. Es por ello que en estos estudios e investigaciones históricas hay que partir de dos interrogantes: ¿Quiénes estaban a favor de la independencia y quiénes a favor de la Revolución?

Al respecto, el profesor Prieto recomendó la lectura del libro Los jacobinos negros, publicado por el Fondo Editorial Casa de las Américas, cuyo autor James plantea “la angustia (dirigente Toussaint Leoverture, quien había sido esclavo patriarcal), del problema de la independencia, porque si los esclavos negros se emancipaban y realizaban su lucha por la independencia, ¿qué podían esperar del resto del mundo como solidaridad para mantener un nuevo régimen social y hacerlo progresar?

Seguidamente y tras un análisis detallado de la ocupación de ese país por parte de las tropas napoleónicas y su ulterior proclamación de independencia (primero de enero de 1804), puntualizó en que: “Independientemente a que somos capaces —y de forma muy correcta—, de establecer los vínculos de la Revolución cubana con la haitiana —por surgir el primer día del año pero en diferentes épocas—, sí debemos enfatizar en la revolución e independencia de Haití, crucial y determinante para el resto de América Latina”, concluyó.

Acerca de su visión sobre la Revolución cubana, el doctor José Bell Lara, enfatizó en que tras el triunfo de Enero de 1959  y 1960 “nuestra Revolución pudo no haber sido socialista, algo que dependió finalmente de la composición de su vanguardia  y de la capacidad de Fidel para lanzar una consigna adecuada en cada momento, además de su labor pedagógica de educación popular”.

Al respecto resaltó que la ideología predominante en Cuba era de un profundo anticomunismo y de una fuerte dependencia económica hacia los Estados Unidos —en especial durante la década del cincuenta del pasado siglo—, “fenómeno que desaparece en un corto espacio de tiempo, comparado con otros procesos políticos ocurridos en América Latina”, como fueron los casos de Guatemala, Bolivia, Costa Rica, Argentina…Presencia hegemonía económica norteamericana en los ferrocarriles, transporte, en las industrias azucarera, alimentaria, ligera, básica…al igual que todas las piezas de repuesto para maquinarias y equipos importantes provenían de Estados Unidos.

”Cuba era la tercera plaza de inversión de los Estados Unidos en este continente, superada por Brasil y Venezuela”, acotó Bell Lara para añadir que a esto se agregaba el contexto ideológico y de las comunicaciones, al imprimirse en la Isla las publicaciones más importantes del coloso del norte. Igualmente, la burguesía cubana era muy fuerte —según la Misión Truslow con inversiones en la Florida de cerca de 200 millones de dólares, cantidad prominente para la época—; la burguesía local de la Isla se asocia a grandes consorcios norteños para la realización de inversiones conjuntas, cuya tajada mayor era apropiada por aquel vecino.

“A la vez existía un imaginario referido a un Destino Manifiesto para Cuba. Incluso, en su último discurso, el líder del Partido Ortodoxo, Eduardo Chibás, señalaba que, por su condición geográfica, el talento de su pueblo, “Cuba tenía señalado un luminoso destino como ideología que predominaba en algunos revolucionarios”

Rememoró el Profesor Bell Lara que las fuerzas revolucionarias que participaron en las gestas del Moncada y del Granma (M-26-7 y Directorio Revolucionario) no tenían vinculación alguna con el movimiento populista internacional. Sin embargo un componente básico de pueblo-nación era el ético, presente en la conciencia popular en toda la Historia de Cuba.

“En los años cuarenta del pasado siglo surge el Partido Ortodoxo o Partido del Pueblo Cubano cuya lema fundamental fue el de Vergüenza contra Dinero y cuyo dirigente principal, Eddy Chibás, aunque figura polémica, empleó toda su fortuna personal en hacer política con vista a la formación de dicho partido de raíz populista, con un imaginario de cambios sociales y de justicia social e independencia económica, entre otras propuestas. Así, la mayoría de los revolucionarios que encabezan las filas del Moncada y del Granma procedían de la ortodoxia y eran, en su gran mayoría, miembros de la clase media burguesa que llega a identificarse con los sectores populares incluso más empobrecidos y quienes, en definitiva, conformaron después el Ejército Rebelde. Hubo un proceso, entonces, de radicalización política, fenómeno al cual el comandante Ernesto Che Guevara hace alusión en algunos de sus escritos e intervenciones. Es el compromiso histórico de una generación el que había que cumplir; primero, educativamente, y luego con la proclamación del carácter socialista de la Revolución cubana; una revolución que triunfa en una época de indiscutible auge de la lucha por la liberación nacional en diversas partes del mundo. Como bien enfatizara Fidel en 1961: “Si algo hay que decir de esta época, es que se hizo una revolución socialista, sin socialistas”.