Hegemonía de las músicas populares en Latinoamérica

Hegemonía de las músicas populares en Latinoamérica

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  • El chileno Nicolás Masquirán Díaz durante su ponencia. Fotos: Héctor Navarro.
    El chileno Nicolás Masquirán Díaz durante su ponencia. Fotos: Héctor Navarro.

Visiones y sonoridades de América son los tópicos fundamentales en los que se sustenta el amplio programa del IX Coloquio Internacional de Musicología, con sede en la sala Villena de la UNEAC, lugar donde sesionó el octavo simposio durante el día de ayer.

Especialistas brasileños y chilenos polemizaron acerca de los géneros musicales marginales y su marcada influencia en la sociedad, como un reflejo de las condiciones culturales, políticas y económicas de ciertos períodos.

Tiaraju Pablo D Andrea en su ponencia Samba, rock, funk, una trilogía de las clases populares brasileras en los últimos treinta años realizó un recorrido por la cultura popular de esta región, en la que predominaron distintos géneros musicales. Tal es el caso de la zamba, con mayor auge de 1985 a 1993, momento en que termina la dictadura militar y comienza una etapa de redemocratización, marcada por un optimismo en las masas. Y es aquí donde surge la búsqueda hacia lo autóctono, pues emerge un movimiento fuerte de zamba que vino a desplazar la música foránea de aquel momento.

La zamba, como bien se conoce, es una música alegre; de por sí convida al baile y toda su intensa cadena de emociones. Posee ritmo y melodía en sus letras, portadoras de estrofas y refranes. Estudiosos del tema sostienen el criterio que las estrofas argumentan lo sintetizado en los refranes. Toda una cultura, cargada de matices sustenta este peculiar ritmo.

En la década del noventa, de 1993 al 2002, el rap cobra su mayor auge, resultado de un fenómeno de orden político y social que es la implementación del neoliberalismo en el gigante sudamericano.

Comienza una etapa de frustración en la sociedad, con respecto a los logros alcanzados en los ochenta; entonces llega este género con letras críticas que describían los escenarios del momento, dígase violencia, pobreza, discriminación, entre otros. Un rasgo distintivo de las canciones, carentes de melodías, es la utilización del cuerpo “como si todo dentro del rap estuviera dentro de sí mismo”, manifestó Pablo D Andrea.

Llega el nuevo siglo y se populariza el funk, del 2002 al 2015, como “un estilo hegemónico y muy sexualizado” según Andrea, donde predominan los refranes, con poca utilización de la melodía igualmente. Hace referencia a una música que refleja el aquí y el ahora, producto de la sociedad del momento.

Para finalizar la última ponencia estuvo a cargo del chileno Nicolás Masquirán Díaz, en la que hizo referencia a la ciudad de Concepción como la cuna del rock chileno, pues disímiles agrupaciones —prestigiosas actualmente—, son nativas de esta urbe. Tal es el caso de Emociones Clandestinas o Los Bunkers, ambas poseen un sello distintivo al recrear problemáticas sociales en sus letras. “Concepción es una especie de ethos, de semillero (…) si hay una música que late en esta ciudad es el rock” manifestó Masquirán Díaz.

Los géneros musicales constituyen un medidor social, son capaces de captar, en canciones, triunfos o desencantos. Sus melodías hablan por sí solas, donde se muestra lo real maravilloso de toda una región.