Homenaje a José Tejedor y Luis Oviedo

Homenaje a José Tejedor y Luis Oviedo

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Músicos, cultura cubana
  • Grato homenaje recibió Luis Oviedo (a la izquierda) sobre el dúo que integrara con el fallecido José Tejedor.
    Grato homenaje recibió Luis Oviedo (a la izquierda) sobre el dúo que integrara con el fallecido José Tejedor.

Honrar, honra
José Martí

«Si París bien vale una misa», los cantantes José Tejedor (1922-1991) y Luis Oviedo bien merecen un homenaje, efectuado en el Patio El Jelengue de la EGREM, sito en el municipio de Centro Habana. Dicha actividad, organizada para evocar el aniversario 55 de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) y honrar a sus más ilustres miembros, contó con la participación —como invitado de lujo— del legendario cantante Luis Oviedo, quien continúa entre nosotros, para beneplácito de los fieles admiradores del emblemático dúo que integrara durante casi tres décadas con el también compositor e instrumentista José Tejedor.

Esos antológicos artistas devinieron genuinos representantes del bolero en el pentagrama sonoro insular y fuera de nuestras fronteras geográficas. Género musical que coloca en la preferencia del público el amor, la alegría, la tristeza, los desengaños, así como todo lo concerniente al área afectivo-espiritual; una de las esferas en que se estructura la personalidad del hombre como ser genérico.

Como compositor e intérprete, único e irrepetible, Tejedor logró establecer un inimitable estilo interpretativo. Las voces armoniosas y perfectamente acopladas de esos dos vocalistas excepcionales alcanzaron un amplísimo diapasón de timbres sonoros para reflejar, a través de las letras de los boleros que interpretaran, ese enrevesado universo, donde fluyen y refluyen —como las olas de un amor bravío— los sentimientos antagónicos y los desengaños amorosos. Estados afectivos, sin cuya presencia en la psiquis y en el alma la vida carecería por completo de sentido, porque unos y otros constituyen la sal de la convulsa existencia del homo sapiens.

 

Tejedor comenzó su fecunda trayectoria artística con solo 15 años de edad, cuando se presentó y triunfó en La Corte Suprema del Arte, espacio radial de aficionados, que transmitía la emisora nacional CMQ, propiedad de los hermanos Mestre.

La invidencia no fue óbice alguno para desarrollar su vocación artística. Por espacio de dos lustros, actuó en teatros y radioemisoras, donde se acompañaba de su inseparable compañera: la guitarra. Sin haber recibido los conocimientos conceptuales y teórico-metodológicos que aporta la formación académica, se convirtió —por derecho propio— en un compositor e instrumentista de primera línea. No creo que nadie, en su sano juicio, sea capaz de colocar en tela de juicio dicha afirmación.

En 1947, formó el dúo con Oviedo, quien —en aquella época— se desempeñaba como artista aficionado. Tejedor y Luis alcanzaron la categoría artística de cantantes profesionales, y a partir de ese momento, comenzó su presentación en teatros, en la radio, y en centros nocturnos capitalinos. En la etapa republicana, actuaron con carácter casi permanente en el inolvidable Alí Bar, el Rincón del Benny.

Después de la alborada revolucionaria de 1959, grabaron su primer disco: un single con los temas Celos locos y Llora corazón, placa de acetato que obtuviera un éxito impredecible; por esa razón, les renovaron el contrario por doce meses más, para realizar nuevas grabaciones. El disco, que incluye los boleros Las Tinieblas y Cariño imposible, y que estuvo signado —básicamente— por el éxito de ventas en el mercado nacional, les allanó el camino para recibir uno de los primeros lauros en el fascinante mundo de las corcheas y las semicorcheas: un Disco de Oro.

En 1962, se incorporaron como cantantes al conjunto Musicuba. Desde que se integraron a esa agrupación comenzó para ellos un intenso periplo de giras con actuaciones por todo nuestro archipiélago, junto a grabaciones de discos y presentaciones en radio y televisión.

Fueron veinte años con una popularidad in crescendo y un ritmo acelerado de actuaciones, que acabaron por afectar la endeble salud de Tejedor, y por ende, lo obligó a separarse de Musicuba en 1982 hasta que se produjo su lamentable deceso acaecido nueve años después de un retiro forzoso del arte que combina, magistralmente, los sonidos y el tiempo.

Ese cálido homenaje a dos figuras tan queridas y admiradas en el espectro musical caribeño, constituye —sin duda— una muestra elocuente de afecto, cariño y respeto a José Tejedor y Luis Oviedo- Agasajo que, en ese contexto festivo, desempeñara —además— la función de reconocimiento especial al bolero, un género musical que permanece invisibilizado en los medios masivos de comunicación (con honrosas excepciones, que las hay), y ausente en el gusto actual de los jóvenes bailadores cubanos, pero no de nuestros hermanos mexicanos y colombianos, que lo idolatran.