Javier Parra: Un defensor de Josep Renau

Artes Plásticas

Javier Parra: Un defensor de Josep Renau

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artes plásticas, Cuba, España
  • Javier Parra en la UNEAC. Foto tomada de la cuenta de Twitter del entrevistado
    Javier Parra en la UNEAC. Foto tomada de la cuenta de Twitter del entrevistado

Javier Parra tenía 18 años y era estudiante de informática cuando conoció de la existencia de Josep Renau (España 1907-Alemania 1982), el gran pintor, fotomontador, muralista y militante del Partido Comunista de España. Desde esa fecha se sintió deslumbrado por el hombre que de 1936 a 1939 lideró la salvaguarda de las obras del Museo del Prado y la Biblioteca Nacional en Madrid, gracias a lo cual todavía pueden apreciarse las pinturas de Goya, El Greco, Murillo, Velázquez, Tintoretto y Tiziano, por sólo citar algunas.

Esa admiración se hace evidente ahora mismo en La Habana. Tanto ha estudiado este joven a Renau que la exposición que exhibe en la Sala Villena de la UNEAC tiene una marcada influencia del que fuera director general de Bellas Artes en el llamado período republicano (1936-1939) y que irrumpiera en el arte con su serie American Way of Life, una crítica al sistema capitalista donde empleó sus propios íconos comerciales para dar un mensaje político anticapitalista.

Como Renau, Javier también es valenciano y comparte la misma ideología política. Nuestro entrevistado es Secretario General del Partido Comunista de Valencia y, aunque se graduó de ingeniero informático, en los últimos años se encaminó en el arte. El diseño y la ilustración ocupan gran parte de su tiempo.

¿Cuál fue el concepto que manejó en su muestra Cuba por la paz?

— Aunque son carteles individuales, se puede ver una franja blanca que va por detrás de los personajes ilustrados, ella es el vuelo de una paloma que acaba en el hombro de Fidel Castro en el último cartel. Esa imagen es la única que no tiene un personaje ilustrado.

“El diseño de la paloma lo he cogido de Josep Renau y representa la lucha por la paz, por la soberanía del pueblo cubano a lo largo de su historia. Lo he ligado con la propia figura de Renau y su papel como artista, teórico, como organizador y político en la defensa de la paz a través de la cultura”. 

—¿Cuánto de Renau hay en su obra?

—Bastante, porque mis carteles y mis ilustraciones normalmente se basan en la geometrización. Empleo muchos círculos, muchas líneas, y mediante estas voy formando las figuras. En este caso son rostros de personajes históricos en su mayoría: Martí, Mariana Grajales, Celia, Che, Camilo, Vilma, Raúl, Díaz-Canel y Fidel. Pero también están Alicia Alonso, Guillén, Silvio… Además, he traído, para acompañar la exposición, obras del propio Josep Renau, una del salvamento del Patrimonio Artístico Nacional con la que participé en Valencia se ilustra, que es un certamen que se ha hecho este año de ilustradores de nuestra comunidad autónoma, y la propia figura de él está representada.

¿Qué lo motivó a investigar la obra de ese gran artista?

—La primera vez que escuché de su figura era estudiante de Informática, y en una de las puertas de las aulas había un cartel con una breve reseña suya. Ese salón llevaba su nombre. Entonces me pregunté: ¿y este quién será? Así empecé a investigar sobre su obra y vida. Al principio no encontré mucha información. Eran los inicios de Internet. En la medida que fui avanzando en la investigación me sorprendía de cómo un artista valenciano de ese calibre no fuera reconocido como merece.

“Fueron pasando los años, políticamente me impliqué más, y vi una carencia en las organizaciones de izquierda a la hora de abordar la acción y la política-cultural. Para mí la recuperación de la cultura como una herramienta política ha estado muy ligada con la recuperación de la figura de Joseph Renau. En la actualidad es alto el nivel de reivindicación de su legado. Casi de manera espontánea de los propios artistas, valencianos y fuera de Valencia ven en Renau un personaje que debe ser más valorado.

—¿La obra de Renau dónde puede apreciarse?

—Todavía no tiene un museo propio. Hoy toda su obra, sus carteles, sus fotomontajes, sus bocetos están en el sótano del Museo de Valencia y es muy complicado acceder a los mismos. Los textos teóricos y los libros que escribió no se han vuelto a reeditar.

—Hablemos del roll que tuvo en la salvaguarda del Patrimonio Nacional…

—El 6 de septiembre de 1936 Renau recibe una llamada del Partido Comunista. Acababa de incorporarse al Gobierno de la República. Apenas tres días antes se requiere su presencia en Madrid por parte del secretario del Partido Comunista, y se le dice que él estaba ahí para ser nombrado Secretario General de Bellas Artes. Esa designación implicaba ocuparse del salvamento del patrimonio artístico cultural. Ya estaban cayendo bombas sobre Madrid, sobre la Biblioteca Nacional, y se inicia entonces una tarea titánica que implicó a milicianos, a personas de pueblo y a intelectuales como María Teresa León y José Lino Vaamonde. La misión de rescate se extendió por el territorio español, en el que se salvaron cientos de miles de obras de arte. Lamentablemente es un episodio de la historia muy poco conocido.

“Se conoce que de 1936 al 1939 se salvaron 18 000 pinturas, 2 000 tapices, 12 000 esculturas, 500 000 libros y 70 bibliotecas. Si hoy podemos apreciar la obra de Goya, El Greco, Murillo, Velázquez, Tintoretto y Tiziano, se lo debemos a la labor organizativa de Renau”.

El modelo seguido por Renau en España sirvió de guía para el salvamento de las obras de arte tras la Segunda Guerra Mundial …

—Sí. Él escribió un informe que presentó en la Exposición Universal de París en 1937. Allí es donde se expone el Guernica por primera vez. Pocos saben que fue Renau, como Secretario General de Bellas Artes, quien encargó a Pablo Picasso que pintara el Guernica. En esa Exposición Universal Renau presentó un informe ante los delegados de todos los países, en el que explicó, paso a paso e incluso también técnicamente, cómo se rescataron y protegieron las obras de arte. Ese informe, es muy curioso porque no está firmado por él, no tenía nunca afán de protagonismo. Posteriormente, al estallar la Segunda Guerra Mundial, sirvió para el salvamento del arte en Europa.

—Vendría luego una etapa importante de su carrera como creador…

—En 1939 Franco toma el poder y Renau tiene que exiliarse en México. Allí trabajó con Siqueiros, y así se adentró en el muralismo. Es en el exilio que empieza a percibir muy de cerca el carácter imperialista de Estados Unidos, el racismo, la xenofobia, el carácter criminal de un gobierno que, a todos los países a su alrededor, y especialmente a México, los maltrata y oprime. Como era un experto foto-montador, me atrevería a decir que posiblemente el mejor del siglo XX, crea el American Way of Life, su obra magistral, al que le dedicó más años.

“Esta serie la componen 60 fotomontajes en los que denuncia el falso mensaje de la propaganda capitalista haciendo uso de su propio lenguaje. A la vista parece un cartel publicitario, pero si miras el contenido encuentras aspectos del carácter imperialista y consumista de la sociedad norteamericana. Hay una de las obras dedicadas precisamente a Cuba, que se titula Hands off Cuba, en las que se ven unas manos que salen de Wall Street manchadas de sangre, e intentan apoderarse de la Isla.

—También destacó como muralista…

—Los bocetos de Renau eran de grandes dimensiones.  Hizo varios murales en la Alemania del Este, algunos tenían 35 metros. En el Museo de Barcelona se expone uno de dos metros. Sus bocetos eran ya obras de arte acabadas. A la hora de trasladar ese boceto al lugar final, el ceramista solo tenía que llevar el cuadrito de cerámica al lugar que él ya le había marcado. De modo que sus bocetos constituyen obras de arte dignas de ser expuestas.

En la capital cubana, mientras Javier Parra defiende con vehemencia a su coterráneo Renau, el auditorio está atento a cada palabra, a cada imagen que regala. Es como si con sus descripciones se saliera a buscar más sobre este hombre al que le debemos poder apreciar tesoros del buen arte que se hubieran perdido irremisiblemente.

Entre los muchos que sintieron gran respeto por el empeño de Javier Para de reivindicar al gran artista español estaba el narrador y etnólogo Miguel Barnet: “Muchacho, ya eres patrimonio de Valencia y hay que protegerte”, le dijo el presidente de honor de la UNEAC tras escuchar su intervención en el Coloquio ¿Qué camino?...Paz, que organizaron la Fundación Nicolás Guillén y el Movimiento Cubano por la Paz en recordación a las víctimas de Hiroshima y Nagasaki.

Ya de vuelta en España, Javier piensa en el retorno a la Isla de Martí, de Guillén, de Fidel... Volverá a La Habana con la encomienda de exponer aquí la serie American Way of Life de Renau. Cuba necesita apreciarla. Ya no en diapositivas sino en grandes salas y con entrada libre.

Javier Parra tenía 18 años y era estudiante de informática cuando conoció de la existencia de Josep Renau (España 1907-Alemania 1982), el gran pintor, fotomontador, muralista y militante del Partido Comunista de España. Desde esa fecha se sintió deslumbrado por el hombre que de 1936 a 1939 lideró la salvaguarda de las obras del Museo del Prado y la Biblioteca Nacional en Madrid, gracias a lo cual todavía pueden apreciarse las pinturas de Goya, El Greco, Murillo, Velázquez, Tintoretto y Tiziano, por sólo citar algunas.

Esa admiración se hace evidente ahora mismo en La Habana. Tanto ha estudiado este joven a Renau que la exposición que exhibe en la Sala Villena de la UNEAC tiene una marcada influencia del que fuera director general de Bellas Artes en el llamado período republicano (1936-1939) y que irrumpiera en el arte con su serie American Way of Life, una crítica al sistema capitalista donde empleó sus propios íconos comerciales para dar un mensaje político anticapitalista.

Como Renau, Javier también es valenciano y comparte la misma ideología política. Nuestro entrevistado es Secretario General del Partido Comunista de Valencia y, aunque se graduó de ingeniero informático, en los últimos años se encaminó en el arte. El diseño y la ilustración ocupan gran parte de su tiempo.

¿Cuál fue el concepto que manejó en su muestra Cuba por la paz?

— Aunque son carteles individuales, se puede ver una franja blanca que va por detrás de los personajes ilustrados, ella es el vuelo de una paloma que acaba en el hombro de Fidel Castro en el último cartel. Esa imagen es la única que no tiene un personaje ilustrado.

“El diseño de la paloma lo he cogido de Josep Renau y representa la lucha por la paz, por la soberanía del pueblo cubano a lo largo de su historia. Lo he ligado con la propia figura de Renau y su papel como artista, teórico, como organizador y político en la defensa de la paz a través de la cultura”. 

—¿Cuánto de Renau hay en su obra?

—Bastante, porque mis carteles y mis ilustraciones normalmente se basan en la geometrización. Empleo muchos círculos, muchas líneas, y mediante estas voy formando las figuras. En este caso son rostros de personajes históricos en su mayoría: Martí, Mariana Grajales, Celia, Che, Camilo, Vilma, Raúl, Díaz-Canel y Fidel. Pero también están Alicia Alonso, Guillén, Silvio… Además, he traído, para acompañar la exposición, obras del propio Josep Renau, una del salvamento del Patrimonio Artístico Nacional con la que participé en Valencia se ilustra, que es un certamen que se ha hecho este año de ilustradores de nuestra comunidad autónoma, y la propia figura de él está representada.

¿Qué lo motivó a investigar la obra de ese gran artista?

—La primera vez que escuché de su figura era estudiante de Informática, y en una de las puertas de las aulas había un cartel con una breve reseña suya. Ese salón llevaba su nombre. Entonces me pregunté: ¿y este quién será? Así empecé a investigar sobre su obra y vida. Al principio no encontré mucha información. Eran los inicios de Internet. En la medida que fui avanzando en la investigación me sorprendía de cómo un artista valenciano de ese calibre no fuera reconocido como merece.

“Fueron pasando los años, políticamente me impliqué más, y vi una carencia en las organizaciones de izquierda a la hora de abordar la acción y la política-cultural. Para mí la recuperación de la cultura como una herramienta política ha estado muy ligada con la recuperación de la figura de Joseph Renau. En la actualidad es alto el nivel de reivindicación de su legado. Casi de manera espontánea de los propios artistas, valencianos y fuera de Valencia ven en Renau un personaje que debe ser más valorado.

—¿La obra de Renau dónde puede apreciarse?

—Todavía no tiene un museo propio. Hoy toda su obra, sus carteles, sus fotomontajes, sus bocetos están en el sótano del Museo de Valencia y es muy complicado acceder a los mismos. Los textos teóricos y los libros que escribió no se han vuelto a reeditar.

—Hablemos del roll que tuvo en la salvaguarda del Patrimonio Nacional…

—El 6 de septiembre de 1936 Renau recibe una llamada del Partido Comunista. Acababa de incorporarse al Gobierno de la República. Apenas tres días antes se requiere su presencia en Madrid por parte del secretario del Partido Comunista, y se le dice que él estaba ahí para ser nombrado Secretario General de Bellas Artes. Esa designación implicaba ocuparse del salvamento del patrimonio artístico cultural. Ya estaban cayendo bombas sobre Madrid, sobre la Biblioteca Nacional, y se inicia entonces una tarea titánica que implicó a milicianos, a personas de pueblo y a intelectuales como María Teresa León y José Lino Vaamonde. La misión de rescate se extendió por el territorio español, en el que se salvaron cientos de miles de obras de arte. Lamentablemente es un episodio de la historia muy poco conocido.

“Se conoce que de 1936 al 1939 se salvaron 18 000 pinturas, 2 000 tapices, 12 000 esculturas, 500 000 libros y 70 bibliotecas. Si hoy podemos apreciar la obra de Goya, El Greco, Murillo, Velázquez, Tintoretto y Tiziano, se lo debemos a la labor organizativa de Renau”.

El modelo seguido por Renau en España sirvió de guía para el salvamento de las obras de arte tras la Segunda Guerra Mundial …

—Sí. Él escribió un informe que presentó en la Exposición Universal de París en 1937. Allí es donde se expone el Guernica por primera vez. Pocos saben que fue Renau, como Secretario General de Bellas Artes, quien encargó a Pablo Picasso que pintara el Guernica. En esa Exposición Universal Renau presentó un informe ante los delegados de todos los países, en el que explicó, paso a paso e incluso también técnicamente, cómo se rescataron y protegieron las obras de arte. Ese informe, es muy curioso porque no está firmado por él, no tenía nunca afán de protagonismo. Posteriormente, al estallar la Segunda Guerra Mundial, sirvió para el salvamento del arte en Europa.

—Vendría luego una etapa importante de su carrera como creador…

—En 1939 Franco toma el poder y Renau tiene que exiliarse en México. Allí trabajó con Siqueiros, y así se adentró en el muralismo. Es en el exilio que empieza a percibir muy de cerca el carácter imperialista de Estados Unidos, el racismo, la xenofobia, el carácter criminal de un gobierno que, a todos los países a su alrededor, y especialmente a México, los maltrata y oprime. Como era un experto foto-montador, me atrevería a decir que posiblemente el mejor del siglo XX, crea el American Way of Life, su obra magistral, al que le dedicó más años.

“Esta serie la componen 60 fotomontajes en los que denuncia el falso mensaje de la propaganda capitalista haciendo uso de su propio lenguaje. A la vista parece un cartel publicitario, pero si miras el contenido encuentras aspectos del carácter imperialista y consumista de la sociedad norteamericana. Hay una de las obras dedicadas precisamente a Cuba, que se titula Hands off Cuba, en las que se ven unas manos que salen de Wall Street manchadas de sangre, e intentan apoderarse de la Isla.

—También destacó como muralista…

—Los bocetos de Renau eran de grandes dimensiones.  Hizo varios murales en la Alemania del Este, algunos tenían 35 metros. En el Museo de Barcelona se expone uno de dos metros. Sus bocetos eran ya obras de arte acabadas. A la hora de trasladar ese boceto al lugar final, el ceramista solo tenía que llevar el cuadrito de cerámica al lugar que él ya le había marcado. De modo que sus bocetos constituyen obras de arte dignas de ser expuestas.

En la capital cubana, mientras Javier Parra defiende con vehemencia a su coterráneo Renau, el auditorio está atento a cada palabra, a cada imagen que regala. Es como si con sus descripciones se saliera a buscar más sobre este hombre al que le debemos poder apreciar tesoros del buen arte que se hubieran perdido irremisiblemente.

Entre los muchos que sintieron gran respeto por el empeño de Javier Para de reivindicar al gran artista español estaba el narrador y etnólogo Miguel Barnet: “Muchacho, ya eres patrimonio de Valencia y hay que protegerte”, le dijo el presidente de honor de la UNEAC tras escuchar su intervención en el Coloquio ¿Qué camino?...Paz, que organizaron la Fundación Nicolás Guillén y el Movimiento Cubano por la Paz en recordación a las víctimas de Hiroshima y Nagasaki.

Ya de vuelta en España, Javier piensa en el retorno a la Isla de Martí, de Guillén, de Fidel... Volverá a La Habana con la encomienda de exponer aquí la serie American Way of Life de Renau. Cuba necesita apreciarla. Ya no en diapositivas sino en grandes salas y con entrada libre.