Jesús Agustín Rebull, dentro de lo cotidiano

Jesús Agustín Rebull, dentro de lo cotidiano

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Plásticos, pintura cubana
  • Pintura de Jesús Agustín Rebull.
    Pintura de Jesús Agustín Rebull.

La obra de Jesús Agustín Rebull (Cienfuegos, 1972) me recuerda el principio del realismo: la convicción de los artistas de pintar la verdad, lo que acontecía y darle a todos los acontecimientos igual importancia. Un encuentro es tan vital como un paisaje, un retrato o un paseo, hecho que hace que la obra sea portadora de una alta objetividad totalmente indiscriminada.

Esa decisión lo conduce hacia temas de la vida cotidiana u otros que forman parte de las dinámicas sociales como la emigración. Su vocación por el aspecto vivencial lo une a una hornada de creadores que vienen trabajando varios temas que encuentran su origen en el tejido social. Una línea que ofrece un terreno muy fértil a su producción.

Su obra puede dividirse en dos grandes grupos: el primero, donde otorga a disímiles objetos el lugar protagónico de la composición, entre ellos se dan cita: maletas, teléfonos y barquitos; todos elementos que remiten al viaje, la comunicación y al gran tema de la memoria. Una memoria que se divide entre el permanecer, marchar y la experiencia del regreso. Generalmente la composición la resuelve a base de grises, y las bondades expresivas que ofrece el claroscuro. El color es aplicado puntualmente cuando desea crear un alto contraste entre el objeto o partes de este y el fondo. En estos casos predominan el amarillo y el rojo.

El segundo, donde inserta la figura humana en diferentes espacios siempre en relación con elementos connotados como el corazón o la bandera nacional como en La plegaria, una pieza de un marcado lirismo que muestra a una anciana envuelta en ella. No obstante, en varias ocasiones la insignia se encuentra como motivo autónomo y remite desde su soledad al nacionalismo.

La mirada del artista también se desplaza hacia zonas urbanas y se detiene en modos alternativos de viviendas o áreas más poéticas como la representación de flores, pero estas se nos convierten en símbolos cuya metáfora viene plagada de trampas, al ser puesto en ambientes de clara evocación u otros que aluden a heridas, al filo, lo cortante. La rosa muta en un elemento dual que seduce e hiere al mismo tiempo.

Por estos caminos transita la obra actual de Rebull, y no deja de ser cierto que se requiere valor al sólo desear unirse a una tradición que ya posee miles de años. Hacer pintura en Cuba es asunto serio, mucho más si de las porosas arenas de la cotidianidad se trata. Veamos cómo lidia el Quijote con esos molinos de viento a medida que el tiempo transcurra.