José A. Baragaño, decir viviendo

José A. Baragaño, decir viviendo

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Escritores, Ediciones UNIÓN, poesía cubana
  • José A. Baragaño, poeta cubano perteneciente a la generación de los años cincuenta.
    José A. Baragaño, poeta cubano perteneciente a la generación de los años cincuenta.

Ediciones UNIÓN nos premia con Una cita informal y constante con la muerte, compendio de la obra de quién fuera un controvertido escritor, un magnífico ácido de las letras cubanas. Confieso que no sabía de la existencia de José A. Baragaño. No imaginaba nunca que tal poeta existiese entre los infortunados elegidos de esta Isla. Su devenir, su corta pero intensa vida, está plagada de innúmeras leyendas. A nadie, al parecer, este poeta dejaba indiferente por su manera de vivir y llevar la vida.

De sus viajes por Francia, extrajo la aguda visión que tenía la corriente surrealista sobre la poesía, y cito a Antonin Artaud, “la poesía es anárquica en tanto cuestiona toda relación entre objeto y objeto, y entre forma y significado, es anárquica también en tanto su aparición obedece a un desorden que nos acerca más al caos”. Es esta la anarquía que defiende el poeta, cuando en versos aparentemente herméticos, vuelca su visión, su vivir, sin darnos casi respiro con su magnífica avalancha de imágenes. Porque estamos ante un poeta grande, un poeta marcado por los desafueros de su tiempo y con la sangre de un visionario que supo extraer de la piedra verbal el oro de lo inmensurable.

Un poeta como él no halló otra forma de vivir que volcando su vida en versos memorables, en páginas que no solo sorprenden, sino que también abren puertas hacia otras percepciones, como si fuese un esquizofrénico en trance, o un espiritista poseído. Sus versos muchas veces nos remiten a una forma musculosa de escribir, que, basándose en analogías e imágenes, nos llevan a un mundo otro que nos parece imposible.

Como escritor, tuvo siempre demonios que purgar, pero la superación que hizo de sí mismo está también patente en estos escritos recopilados en Una cita informal y constante con la muerte, ya parte importante en la historia y lugar de los necesarios reencuentros con la poesía contemporánea cubana.

Saber de mí es saber de mi arrepentimiento
después de besar un rostro que se vende
o después de caminar toda una noche sin rumbo
.

Defensor de la poesía pura, en tanto su receptor tuviese la aguda visión de entrever los significados remitidos en su avalancha de imágenes, Baragaño superó las invectivas de sus detractores, y su obra es ahora accesible gracias al rescate y buena labor editorial de Jamila Medina Ríos e Ibrahím Hernández Oramas, quienes redescubrieron a este controvertido —así llamado por muchos de los que lo vituperaron— pero interesante animal.

En sus ensayos críticos —el extenso sobre Wifredo Lam, por ejemplo—, es donde Bargaño muestra su manera personal y fuerte a la hora de emitir criterios. Y esto es precisamente lo que valida su discurso: la frescura, la gracia, el ingenio y el fuego. Sabemos que solo la intensidad con que vivió, pudo arrimarlo tan peligrosamente al árbol del conocimiento.

Este poeta nacido a finales de un octubre de 1932 en Pinar del Río solo exige desde su más acá, el disfrute de un mundo nuestro que no podemos percibir, esa oniria que a veces se busca con ciertos alcaloides, ciertos comprimidos. Tozudo hasta en su forma de morir, pues la muerte, es un estadio necesario donde pernoctamos por algunas horas, fue escribiendo estos poemas y ensayos que ahora son Una cita informal y constante con la muerte, un libro espejo, un libro que ayudará a comprender la maravillosa alienación que provoca la poesía en quien la padece.

Les exhorto, pues, a que juzguen y se asombren, pues bajo el asombro se percibe la mágica fascinación producida por sus textos, islotes de caos aparente, que, si no cambia nuestra manera de ver la poesía, al menos nos hace patente su discurso, no como proselitista, sino como quien sabe que un verso puede salvarnos.