Josefina Méndez: a una década de su lamentable deceso

Josefina Méndez: a una década de su lamentable deceso

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  • La siempre recordada bailarina y maître Josefina Méndez.
    La siempre recordada bailarina y maître Josefina Méndez.

A Josefina Méndez no debemos recordarla con

lágrimas  […], sino con alegría […]

Alicia Alonso

Hace dos lustros, la cultura nacional y el ballet cubano perdieron a una de las mayores figuras de la danza en la mayor isla de las Antillas y en el orbe: Josefina Méndez (1941-2007) es una de las Cuatro Joyas del Ballet Cubano, tal como la calificara el crítico inglés Arnold Haskell, junto a Loipa Araújo, Aurora Bosch y Mirta Plá.

Yuyi —como cariñosamente le decían los amigos más queridos y cercanos admiradores— recibió sus primeras lecciones de ballet en la Escuela de la Sociedad Pro-Arte Musical y los continuó en la Academia de Ballet Alicia Alonso, dirigida por los maestros Alicia y Fernando Alonso, León Fokine y José Parés, entre otros destacados profesores, quienes fueron descubriendo en Josefina un inmenso mundo interior que la inclinaba al cultivo de lo romántico.

Bailarina de amplio espectro, devino una consumada estilista. La presencia escénica de esta bailarina y ser humano excepcional irradió siempre un aire de autoridad que les otorgaba elegancia, fuerza y originalidad a todas y cada una de sus interpretaciones. Su comportamiento en ese medio, presidido por la sobriedad y el buen gusto, fue una lección constante del buen hacer teatral en el contexto danzario.

Josefina era, es, una bailarina de personalidad única e irrepetible, que con inteligencia global y emocional combinó magistralmente la técnica académica con los recursos expresivos. Verla bailar era una contribución a los sentidos y al enriquecimiento intelectual, humano y espiritual de los amantes del arte de las puntas.

Su baile descubrió al mundo una nueva y completa escuela de ballet: la cubana, una de las mejores del universo danzario, cuando en el I y II Concurso Internacional de Ballet, en Varna, Bulgaria, efectuados en 1964 y 1965, obtuviera Medalla de Bronce y de Plata, respectivamente; cuando, en Francia, en 1970, recibiera junto al Ballet Nacional de Cuba (BNC) el Grand  Prix de la Ville de París, Francia y la Estrella de Oro; cuando, en Italia, en 1976, fuera merecedora del Premio Internacional de Arte Sagitario de Oro; y cuando, en Polonia, en 1981, se le otorgara la Medalla de Honor en el Festival de Ballet de Lodz.

La elegante y majestuosa figura, el dominio de la gran tradición romántico-clásica, el desenvolvimiento en los papeles más contemporáneos, así como el ovacionado balance, convirtieron a Yuyi en fiel exponente de una segura técnica y la llevaron a ser artista invitada por emblemáticas compañías del planeta.

En 1980, Josefina Méndez participó en las Galas Internacionales de Danza de Santander, España, y Verona, Italia, y en 1989, en el Encuentro Caribeño de Ballet de Puerto Rico.

Cuba, «mi Patria querida con su cielo y su mar inmenso y azules», como ella la percibía y añoraba en los tiempos de largas giras internacionales, supo reconocer el arte de esta cubana ejemplar:

En 1981, recibió la Distinción Por la Cultura Nacional, del Ministerio de Cultura; en 1982, la Distinción Raúl Gómez García, del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Cultura; en 1984, la Medalla Alejo Carpentier, del Consejo de Estado de la República de Cuba; en 1988, la Medalla Don Fernando Ortiz, de la Academia de Ciencias: en 1998; la Giraldilla de La Habana, del Parlamento Nacional; en 1999, la Orden Félix Varela, del Consejo de Estado de la República de Cuba; y en 1992, el Premio Anual del Gran Teatro de La Habana.

En el año 2000, Josefina Méndez recibió el Doctorado Honoris Causa en Arte Danzario, por la capitalina Universidad de las Artes (ISA), y en 2003, se le confirió el Premio Nacional de Danza, del Consejo Nacional de las Artes Escénicas, el Ministerio de Cultura y la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC); institución de la cual fuera miembro ilustre.

Su excelencia como bailarina, caracterizada por la integralidad artística, la identificó con los personajes de Odette, Giselle, Madame Taglioni, Juana de Arco, Kitri, Tepsícore, Carolina, Penélope y Bernarda, así como con los papeles solistas en obras coreográficas contemporáneas: Génesis, Plásmasis, El Güije, La nueva odisea y Espacio y movimiento.

Le aplaudieron hasta el delirio su garbo en Majísimo, su dramatismo en ¡Viva Lorca!, su suave y ondulante cisne herido, la divertida Lissette de La fille mal gardée. Notables fueron las personalísimas interpretaciones en Dionaea, y en Tarde en la siesta.

El pueblo cubano, que acompañó a Yuyi durante toda su carrera, sin faltar a cada uno de sus éxitos, tuvo la certeza de que la gran bailarina llegó al firmamento de donde jamás se desciende, adonde solo puede llegar una estrella como Josefina Méndez.