Joseph Ros: “trato de ser un artista con conciencia”

Joseph Ros: “trato de ser un artista con conciencia”

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Escénicos, video clip, música cubana
  • Con solo 27 años de edad, posee una carrera amplia, llena de matices dados por la diversidad de géneros y estilos.
    Con solo 27 años de edad, posee una carrera amplia, llena de matices dados por la diversidad de géneros y estilos.

A la par del crecimiento de la industria del video clip en Cuba, los espacios para su promoción y demanda se han incrementado en número y calidad al igual que sus realizadores.

Junto a Lucas, el proyecto padre de este tipo de materiales en el contexto nacional, maduró (biológica y profesionalmente), uno de los creadores más reconocidos del ámbito audiovisual en estos momentos: Joseph Ros. Con solo 27 años de edad, posee ya una carrera amplia, llena de matices dados por la diversidad de géneros y estilos que abrazan sus propuestas.

El joven, formado a golpe de experiencias en el plano televisivo, de puro interés y mucho empeño, encuentra en la realización de los videos clips no solo una forma de vivir pagando las cuentas, sino un mecanismo para ofrecer a los públicos acertados patrones culturales y oportunos códigos estéticos.

¿Qué retos asumes al enfrentarte a un clip?

El video clip constituye una vía muy efectiva para comunicar, pues su soporte visual es muy estético por definición. Puedes hacer obras de mucho rigor, con un impacto inmediato, pues los clips se transmiten con más facilidad y frecuencia en cualquier espacio que un documental, por ejemplo.

Trabajar directamente con músicos, como conllevan estos procesos, te ofrece, además, un amplio aprendizaje cultural.

Resulta un ejercicio excepcional donde pones a prueba tu poder de síntesis, de transmitir un mensaje en un límite temporal y apegado a un contenido que es el centro del trabajo.

Me han preguntado en ocasiones si me interesaría hacer algo de ficción. Sí. Pero hasta ahora no he asumido ningún proyecto, no he encontrado algo atractivo. Se trata de un emprendimiento que requiere estar volcado de lleno en él por varios años. En estos momentos, no sabría cómo abandonar el ritmo de trabajo que llevo si no me siento estimulado por un proyecto lo suficientemente ambicioso artísticamente.

¿Cómo llevas en los videos clips elementos como el enfoque de género y la discriminación? ¿Son asuntos a los que pones cuidado o dejas fluir hasta ver resultado final?

Por suerte tengo una formación que me permite tener estos criterios presentes, pues he trabajado cerca del periodismo, y en la propia televisión ya eran temas a los que prestaba asunto.

El video clip puede ser banalizado en muchas ocasiones, debido a que realmente hay personas que no son lo suficientemente cuidadosas con el tipo de mensajes que transmiten; incluso, que inconscientemente caen en estereotipos porque deciden hacerlos, sin asesorías al respecto y esta ignorancia a veces puede ser más peligrosa.

Trato de ser un artista con conciencia, aunque pienso que no podemos exigirle al video clip todo el tiempo que sea responsable de algo que al final no está solo en las manos del género.

Estos materiales son crónicas de una realidad que existe, y por mucho que nos empeñemos en idealizarla, al final la revelamos tal cual, con sus matices machistas y discriminatorios.

Muchas veces nos toca a los realizadores retratar el contexto, pues trabajamos por encargo. Por mucho que cambiemos o modifiquemos las historias hacia un punto de vista más comprometido, responsable, existen elementos que nos superan, como son las estéticas preestablecidas, los valores de mercado.

En el intercambio obligado entre el realizador y el músico, ¿Ha mediado alguna vez esta conciencia inclusiva que defiendes?

Decididamente. He trabajado con temas machistas, en los que existen códigos incorrectos hacia las mujeres y he tenido la posibilidad de hablar con los músicos, con tal de persuadirlos para cambiar el enfoque, al menos en el video, y no reafirmar aun más esos patrones. Por suerte hasta ahora el resultado de estos diálogos ha sido positivo.

De manera general suelo tener un elevado por ciento en el poder de decisión de los materiales. Aunque vale recordar que el sentido de ser del video clip es el tema musical. Por mucho que pretenda distanciarme de eso no lo puedo obviar.

Casi siempre los artistas traen sus intereses como premisas y aunque yo intente llevarlos por mi camino debo anclarme al tema, pues entonces no sería un video clip, sino la graficación de una canción otra.

Algunos proyectos han sido difíciles, precisamente tratando de buscar una salida oportuna para determinados contenidos estereotipados. Es difícil llevar temas para los cuales debo plantearme toda una estrategia y que el resultado sea orgánico. Hay que negociar los intereses estéticos y las propias expectativas de los músicos, sin olvidar que el video es un producto más de un compendio musical mayor.

He experimentado una comunicación especial con determinadas figuras, por ejemplo, con Eme Alfonso, con quien ya he materializado unas cuantas realizaciones; también con Harold López Nussa, Alexander Abreu, Alain Pérez, Buena Fe, entre otros.

Gozo la suerte de que decido bastante en el producto final, y eso me hace sentirme a gusto con muchas de mis ejecuciones. La clave está en no desechar ni menospreciar los otros argumentos y tampoco imponer los míos.

¿Qué criterios te impones para aceptar un trabajo audiovisual?

Tomo en cuenta varios elementos, sobre todo vinculados con el tema musical. Independientemente que sea un estilo de mi predilección o no, busco que tenga valores artísticos para un impacto social positivo.

Me propongo que la música que llega a mí no sea solo porque será una buena oferta de trabajo, con una paga significativa; sino porque tenga riqueza cultural. De hecho, me he inclinado últimamente a realizar varios videos de música popular bailable porque considero que en ella radica buena parte de nuestra tradición; de nuestra herencia musical.

¿Cuál es la utopía en la carrera audiovisual de Joseph Ros?

En el terreno nacional estoy bastante satisfecho, aunque siempre quedan sueños por realizar.

Ciertamente lamento la ausencia del buen rock and roll para hacer videos clips en la escena musical cubana: el funky, la música indie, canciones de autor y la música que parte de sonoridades más experimentales y de agrupaciones con un performance atractivo y menos común.

Los poquísimos buenos exponentes de esos géneros en Cuba, muchas veces no tienen posibilidad que alguna disquera les produzca videoclips a sus temas y en muchos casos ni siquiera sus discos. Por supuesto, ahí entra a jugar el mercado que tienen estas manifestaciones.

Creo que las utopías son muchas, a pesar de que vivo complacido con mi carrera hasta la fecha. Algunos nombres se escapan de mi videografía porque ya no están. Las circunstancias lo han impedido; no he estado en el lugar y el momento adecuado o sencillamente no me tocaba y ya.

En lo particular me quedaré con los deseos de trabajar con Santiago Feliú. Defender con un video un tema de Silvio Rodríguez sería un reto exorcista y trabajar con músicos de la talla de David Bowie, Prince o Michael Jackson seguirán siendo sueños. 

Sin irme tan lejos puedo decir que nunca pude satisfacer los deseos de hacerle un video a Haydée Milanés. Y como el papel (o las redes) aguanta lo que le pongas y soñar no cuesta nada, ¿Porque no hacerle algún día videos a Jack White, a los Stones, a Trent Reznold (con cualquiera de sus proyectos), a Bob Dylan, a Radiohead, a Fito Páez, o a Charly García?