La agonía mundial de los cines

La agonía mundial de los cines

Nadie, no fuera adivino y esos no existen más allá de la ficción, lo podía pensar en febrero de 2020. Sin embargo, hoy, tras casi un año de iniciada la pandemia del nuevo Coronavirus (SARS-CoV-2), el negocio de las salas de cine cruje a escala universal.

El lamento de Pedro Almodóvar en el reciente Festival de Venecia (se confesó incapaz de imaginarse un mundo sin cines) se hace verdad, cada día, tanto en su país como en otros de Europa y de América.

Mientras, por fortuna, Cuba reabría sus salas el 10 de octubre, la tendencia mayoritaria en el planeta representa, por el contrario, volver a cerrarlas, tras un breve período de reapertura que no arrojó los saldos económicos necesarios, en tanto el aforo (fuere por la menguada recepción de espectadores debido a imperativos epidemiológicos, fuere por el miedo de muchos de estos a permanecer dos horas en lugares tan cerrados) y rango de exhibiciones no se equilibró con los costos de adquisición de las copias.

A lo anterior se suma que, salvo contadas excepciones, los grandes estudios han retenido sus películas de mayor peso comercial en busca del momento idóneo para sacar la mejor tajada, o en algunos casos las han lanzado al territorio del streaming, con el consiguiente revés en el ingreso financiero.

El actual escenario supone un drama mayúsculo para quienes se dedican a la rama de la distribución y de la exhibición, sí, pero mucho más para una costumbre social de fortísima raigambre, sedimentada en la conciencia de la humanidad a lo largo de dos siglos. Asistir a una sala de cine constituyó rito, festejo, cita con el arte más universal, portal de acceso a un universo inigualable.

Pero, ya lo sabemos bien ahora, todo resulta factible de mutar de un día a otro, y el acto de marras se prefigura, al menos de momento, como parte de un mundo perdido que ojalá algún día pueda recuperarse.

Asomarse a la prensa mundial, cada mañana, equivale a recibir noticias desesperanzadoras de las principales cabeceras. Así, el cotidiano madrileño El Mundo daba cuenta, en su edición del 9 de octubre, que el 96 por ciento de las salas españolas está al borde de la quiebra. En ese país las recaudaciones descendieron en el orden del 68 por ciento. Al 60 bajaron las de Alemania e Italia.

Flota, aún, Francia. Esto, con gradaciones. En números brutos, en realidad allí el descenso de espectadores (62 por ciento) es incluso superior al de sus vecinos germanos, pero sus índices de respuesta al fenómeno son mejores. Lo explicaba el 8 de octubre el portal especializado argentino Otros Cines, al comentar que «si se analizan las cifras tras la reapertura (las salas se cerraron entre marzo y mayo), Francia muestra más señales de recuperación que en mercados como Inglaterra (-70%) y Brasil (-72%).

La explicación es sencilla: el Centro Nacional de Cinematografía lanzó dos fondos multimillonarios por 50 millones de euros para cubrir pérdidas de taquilla de los productores y de 34 millones de euros para ayudar a que las salas se mantengan abiertas. Esos subsidios tenían una fecha de vencimiento a fines de agosto, pero el gobierno decidió extenderlos por lo menos hasta fin de año con recursos adicionales». Como el autor de este texto ha apuntado en otros artículos, las industrias gala y surcoreana se benefician de incentivos gubernamentales que las favorecen, tanto en tiempos normales como en la actual era de incertidumbre.

Mientras el Top 10 francés de 2019 terminó con siete títulos de los Estados Unidos, hasta casi el cierre de octubre hay seis producciones galas en el de 2020. De forma paralela, París (los 84 millones de euros concedidos a su ente cinematográfico superan abrumadoramente a los trece millones otorgados por la siempre ridícula Madrid) puso la luz verde para la continuidad de los rodajes, interrumpidos en medio mundo.

Las agencias de prensa occidentales informaron el 11 de octubre, al unísono, que la multinacional cadena de cines inglesa Cineworld cerrará (de forma temporal dicen) sus salas en el Reino Unido y Norteamérica. Estamos hablando, en conjunto, de casi 700 cines de primer nivel, cuyo receso supondrá el paro de unos 45 mil trabajadores.

El informe oficial de la cadena atribuye la decisión a «un panorama teatral cada vez más desafiante y cierres de mercados claves debido a la pandemia de Covid-19». Añade el documento que «como los principales mercados de Estados Unidos, principalmente Nueva York, permanecen cerrados y sin orientación fidedigna sobre el tiempo de reapertura, los estudios se han mostrado reacios a lanzar su cartera de nuevas películas».

Es un juego con el tiempo donde, a ciencia cierta, nadie sabe nada. Quizá en seis meses el panorama haya mejorado de forma ostensible; quizá sea peor todavía. Cuanto sí se puede afirmar ahora es que un sistema de distribución/ exhibición mundiales, y además el acto de fe, noble como pocos, de asistir a la sala oscura, se encuentran limitados a grado extremo.

No sabemos qué pueda ocurrir en lo adelante. Vaticinar el futuro es cosa de adivinos, y esos no existen más allá de la ficción.