La encomiable altura de Codanza en sus 25 años

La encomiable altura de Codanza en sus 25 años

  • Con la reposición de Casita, Suelo, Imago, Inside y Muerte prevista en el guion la compañía holguinera Codanza celebró sus 25 años. Fotos: Carlos Rafael
    Con la reposición de Casita, Suelo, Imago, Inside y Muerte prevista en el guion la compañía holguinera Codanza celebró sus 25 años. Fotos: Carlos Rafael
  • Con la reposición de Casita, Suelo, Imago, Inside y Muerte prevista en el guion la compañía holguinera Codanza celebró sus 25 años. Fotos: Carlos Rafael
    Con la reposición de Casita, Suelo, Imago, Inside y Muerte prevista en el guion la compañía holguinera Codanza celebró sus 25 años. Fotos: Carlos Rafael

En homenaje a los 25 años de la Compañía de Danza Contemporánea Codanza, dirigida por la maestra Maricel Godoy, el colectivo holguinero repuso en la Sala Raúl Camayd del Complejo Cultural Eddy Suñol, las obras Casita, Suelo, Imago, Inside y Muerte prevista en el guion.

Las obras repuestas —presentadas, además, en otros momentos del año— son coreografías que han caracterizado de alguna manera el trabajo de Codanza en los últimos tiempos en la búsqueda de lo que su propio lema reza: fuerza, vitalidad y destreza.

Ninguna de estas piezas busca ser complaciente, ni con el público ni con la crítica, ni mucho menos con una Compañía que ha asumido los riesgos como parte de su concepción fundacional. Solo lo difícil, aseguraba José Lezama Lima, resulta estimulante. Uno de sus principales logros es la osadía conceptual en la que articulan sus discursos, a riesgo de que las coreografías parezcan herméticas o al menos complicadas a simple vista para un espectador no acostumbrado a ese tipo de osadías escénicas. Ahí, en esa urdimbre que conforma la interacción de múltiples significados y aleaciones culturales que es la danza contemporánea, podría decirse incluso posmoderna, encontramos uno de sus principales atractivos: la propia complejidad con que asumen la belleza para entregárnosla, no idealizada pero sí palpable, humana, real, aunque también algo etérea, sublime, en cada una de las piezas que observamos con los sentidos aguzados sobre un escenario dispuesto a sorprendernos con cada una de las puestas.

Casita, coreografía del estadounidense Robert J. Priore, explora la interioridad familiar y las dudas del individuo, basándose —como nos dice el programa de la noche— en matices autobiográficos del propio creador. Semejantes exploraciones, temáticas más que formales y coreográficas, caracterizan Suelo, del cubano Osnel Delgado, presentada, además, en la pasada edición del Concurso de Danza del Atlántico Norte y Grand Prix Vladimir Malakhov.

Subrayo las dos coreografías creadas por Vianki González que forman parte del programa: Inside e Imago. La primera resulta una acertada exploración por las ensoñaciones más ocultas del alma humana, “aquel sitio donde las turbulencias son más profundas, viscerales”, nos recuerda la sinopsis de la obra. Además, Inside permite al joven Leonardo Domínguez Rodríguez lucirse como interprete en una coreografía minimalista, sobria, compleja, lúcida. Inside no es lo que vemos, es lo que sentimos, nos señala la obra.

Por su parte, Imago explora plásticamente la relación vida–muerte, un ciclo elemental, abordado y hasta trillado si se quiere, en los terrenos del arte y la danza. Aquí la crisálida y el nacimiento, uno de los momentos más cálidos y hermosos de la coreografía, se aproxima simbólicamente al útero femenino. La metamorfosis, por su parte, evoca al crecimiento del ser humano, el insecto kafkiano podríamos decir, y además, al desarrollo y la evolución inevitable que termina con el ocaso y el fin de ese  ciclo lógico. ¿Pero acaso es el fin de la belleza? ¿Es el fin del cuerpo como portador de esa belleza? El cuerpo sigue siendo el más hermoso y terrible de los misterios del ser humano. Eso también nos recuerda Imago, una coreografía interpretada por Lianet Díaz Silva, que tiene al mismo tiempo, una perfección decadentista, lírica… y que coloca a Vianki González entre los coreógrafos jóvenes más interesantes en el panorama nacional, aun en su corto haber, pues la mayor parte del tiempo se ha desarrollado como bailarina en la propia Codanza. Subrayo, además, en ambas obras el acertado uso de la música como un elemento más, vital en este caso, en la puesta coreográfica.

La última de las obras viene a cristalizar un empeño mayor, colectivo, por parte de Codanza y su directora Maricel Godoy. Muerte prevista en el guion es una coreografía de la argentina Susana Tambuti y una de las piezas características del repertorio de la compañía desde su estreno en Holguín en 1999. Tambuti creó la obra en Argentina, con una propuesta que unía en escena a actores y bailarines en los papeles protagónicos, pero en la puesta holguinera la coreógrafa decidió explotar el magnífico cuerpo de baile masculino de Codanza. Por eso los personajes principales, en una suerte de vuelta de tuerca doblemente posmoderna y atractiva, donde la propia arquitectura coreográfica más que contemporánea es propia de un posmodernismo finisecular, son asumidos por los bailarines masculinos. A nivel macroestructural, Muerte prevista en el guion se acerca a elementos posmodernos como la metaficción, la recursividad, el pastiche, la parodia y la apropiación de múltiples referentes que tributan al ballet clásico. Además, utiliza la alegoría y la polifonía como características de la posmodernidad a un nivel microestructural. Tambuti rinde homenaje, entre otros, a obras clásicas, melodramas donde la muerte es parte consustancial de la puesta: La muerte del cisne, coreografía del ruso Michel Fokine creada inicialmente para la mítica Anna Pávlova; Giselle de Jules Perrot y Jean Coralli; Carmen, con música de Georges Bizet; La dama de las camelias en su versión de Verdi, y La Consagración de la primavera, de Ígor Stravinsky, con coreografía original de Vaslav Nijinsky para los Ballets Rusos de Serguéi Diáguilev.

Vemos, en una obra que se destaca, entre otros elementos, por el ritmo, la progresión dramatúrgica y el montaje ambicioso, a un Leonardo Domínguez paródico en La Muerte del cisne, lo mismo Osvaldo Cardero Alcorta en la interpretación de su Giselle casi carnavalesca. Por su parte, Leonardo Fonseca Hernández ofrece una Carmen andrógina, palpable, procaz en su personaje, mientras la Dama de las Camelias de José A. Iglesia Cruz y La elegida, de Consagración de la primavera, de Lianet Díaz Silva, única interprete femenina de la puesta, por cierto excelente bailarina e intérprete, constituyen uno de los momentos más acertados y evocadores, dentro de la vorágine de asociaciones y apropiaciones de la reciente puesta holguinera de Muerte prevista en el guion.  

Muerte prevista en el guion no pierde actualidad a dieciocho años de estrenada en Holguín por Codanza. En cambio se reconstruye y actualiza, como debe ser, sin alterar sus cimientos originales, en busca de una organicidad plástica que viene dada desde su propia concepción. La verdad es cuestión de perspectiva o contexto, más que algo universal y concreto, plantean algunos teóricos del posmodernismo. El arte, como la verdad, también depende de ciertas perspectivas que bien pueden o no quebrarse y que hacen perdurable una creación por encima de otra, en otros contextos, en otros ámbitos. Casita, Suelo, Imago, Inside y Muerte prevista en el guion nos muestran la encomiable altura en que se ha colocado la compañía Codanza en sus primeros 25 años de creada.