La era del antropoceno bajo la mirada de Niels Reyes

La era del antropoceno bajo la mirada de Niels Reyes

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Plásticos, arte cubano, Galería Artis 718
  • La exposición Antropoceno reflexiona sobre la relación hombre-naturaleza en el contexto actual.
    La exposición Antropoceno reflexiona sobre la relación hombre-naturaleza en el contexto actual.

El joven artista cubano Niels Reyes desarrolla en la exposición Antropoceno una obra indagatoria centrada en la época geológica de igual nombre en la cual estamos todos inmersos, caracterizada por las profundas acciones modificadoras del hombre sobre el entorno a escala planetaria.

La presencia de rostros de bebés o de niños, además de jóvenes y adultos, es frecuente en su obra. Estos miran asombrados y curiosos al público. A través de ellos, el público se asoma al mundo al cual este artista nos arroja. Deja, en cambio, en una sagaz incertidumbre las causas y el alcance del dilema, o el azoro en el cual están inmersos sus personajes. Lo ha hecho así desde tiempo atrás. Es una cualidad distintiva de su arte el mantenerse centrado en el ser humano bajo esa ambigüedad conceptual.

¿Qué se revela en crisis en ese mundo mostrado por Niels? Sus personajes son testigos de sucesos que los desbordan, no mostrados en el espacio del cuadro. En su soledad, inmersos en sus nostalgias e inseguridades, aparecen enmarcados de manera abstracta en un momento civilizatorio, sin precisarse referencialidad epocal. Están situados en una encrucijada: entre la quiebra de la seguridad de los saberes sobre los cuales se levantaron las ilusiones racionalistas de la Modernidad, y las incógnitas que amenazan ahora a los individuos y a la sociedad humana en su conjunto.

Es la suya una representación de rostros del drama pre o post-apocalíptico de toda la sociedad. Hombres, mujeres y niños aparecen expectantes, sometidos a la llegada de una amenazante hecatombe. Pronosticada científicamente a producirse en este periodo geológico por las consecuencias adversas del hombre sobre la naturaleza, nadie estaría exento de recibir con mayor o menor agresividad sus efectos. No importa en qué latitud o nación se encuentren las personas. Es la especie humana la virtualmente amenazada. No por cataclismos geológicos de procedencia geotectónica ni colisiones con cuerpos celestes.

La responsabilidad de esas catástrofes se debe al propio hombre, a esa especie que creyéndose soberana dentro de la naturaleza, en su delirante autoafirmación, sustentada en la creencia, en el dominio omnímodo sobre los recursos naturales del planeta. No repara en arrojarse a la depredación de esos bienes con una violencia inusitada sobre sus semejantes, mediante sostenidas guerras, motivadas por una ciega ambición de expansión, supuestamente racional, de no pocos impulsos irracionales.

Curiosamente a la vez víctima de esa violencia contra su propia especie y contra el planeta, no percibe las verdaderas dimensiones existenciales de su alcance. Empecinada en la vehemencia egoísta de lograr determinados fines, pretende argumentar esos descalabros levantando un sin número de ideas volátiles. Con lo cual pretende justificar la rapiña y hace caso omiso de las demandas de quienes sufrientes llaman al freno y a la cordura.

Esa cualidad distintiva es única de la especie humana. No encuentra analogía en formas y magnitud destructiva respecto a las causadas por otras especies animales. A lo más, podría compararse a las de los virus provocadores de grandes plagas.

De ahí esos rostros de Niels, sumidos en la introspección o la perplejidad, ante una situación intuida de manera imprecisa. Son protagonistas que permanecen varados en las nebulosas de las causas reales de sus desgracias, porque estas quedan ocultas, metamorfoseadas por los grandes agresores de los hombres y el planeta.

Sienten los impactos de la zozobra sobre sus mentes y sus cuerpos. Rostros casi borrados en alguna de sus imágenes recuerdan las heridas físicas de hecatombes nucleares. En otros, ese borrado puede ser el resultado de las interferencias de las imágenes mediáticas cuando comiencen a dislocarse las comunicaciones en ese prolongado cataclismo.

Hay quien en medio de ese panorama amenazante, vive no obstante en las ensoñaciones, como parece apuntar el pequeño óleo titulado Verano, que recuerda los momentos suaves, precedentes a la llegada sorpresiva de la destrucción a la cual permanecen ajenos, como ocurriera durante las invasiones de los nazis a los pueblos europeos, hoy retomados por ataques imprevistos a tantas otras partes del mundo.

Cuando los bebés y los niños de Niels Reyes miran al público, pudiera pensarse en lo desvalido que resulta el ser humano en sus fases tempranas de la vida. Esa imagen ingenua es la coartada de la especie. Es también el contragolpe artístico de Niels, porque cuán mortal y dañinos pueden resultar en cambio al alcanzar la adultez, culpables de la degradación ambiental del planeta. Especie rara es la nuestra, capaz de convertirse en fieras atacadoras de los demás hombres, de los demás animales, de las plantas, de los recursos minerales, de cuanto existe sobre la superficie, el subsuelo y las profundidades marinas. Son tan abarcadores desde la acelerada industrialización asociada al despliegue civilizatorio, comenzado a fines del siglo XVIII, que apenas en el lapso de dos siglos se han propagado sus nefastas secuelas a toda la biosfera, provocando un profundo cambio climático a nivel del globo terráqueo.

Al llamar Antropoceno a esta exposición en la Galería Artis 718, no deja duda respecto a la maduración conceptual de su pensamiento creativo, desbordando progresivamente los horizontes de sus intenciones iniciales. Hace aún más encomiable a su obra la proyección artística de ideas muy actuales que son motivo de debate internacional. Su reflejo plástico es a nivel del sufrimiento y la desolación existencial de las personas, víctimas de las desequilibradas operaciones de la especie: esa que tanto gusta de llamarse “humana”, con toda la paradójica carga cultural ennoblecedora asociada a esa terminología.

La humana es una especie que se mata a sí misma. En parte desvía o pretende ilusamente desviar las emanaciones destructoras hacia regiones marginales, alejadas de los centros neurálgicos del poder civilizatorio. Aquellos que desde la centralidad pretenden salir inmunes de esas crisis ecológicas, recibirán de rebote los efectos desestabilizadores. Por eso actualmente corren a reunirse en foros, incluidas las grandes potencias, causantes principales de esos desórdenes mundiales, a ver si ponen detención o freno al desastre de enorme magnitud que se nos avecina, lanzados en una carrera contra reloj por la amenaza acelerada de un golpe drástico a la biodiversidad, que en pocas décadas pudiera sobrevenir con la desaparición de un sin número de especies de animales y plantas. Donde lo humano se encuentra igualmente bajo el peligro general de una conmoción y abrupta regresión en su avance civilizatorio.

En esta turbulencia epocal, la manera de aplicar Niels los pigmentos confiere a sus obras un raro dramatismo, cuidadosamente contenido. Fundado en la asimilación de los recursos expresionistas, mediante el empleo de los tonos grises resaltados por fuertes y enérgicos trazos oscuros.

Recurriendo de manera impresionista a una amplia gama de colores aparentemente festivos, cuando por el contrario las figuras mostradas dan la impresión de abandonarse, cerrando los ojos para no ver lo que vendrá, aguardando la espera de una muerte inminente provocada por el desastre general del cual serán victimas. Eso es intuible en las obras tituladas: Dreamer, y Al borde del mundo IV, esta última tal vez un disimulado autorretrato y no solo un rostro genérico de la juventud. El propio artista de ese modo se involucra, resulta testigo presencial de estos acontecimientos que pueden desencadenarse en el presente o en un futuro relativamente cercano. La edad de la inocencia —como es frecuentemente llamada la de la niñez— y la edad de la juventud se verían avocadas a un triste destino: ser cercenadas sin haber llegado a transitar por todo el ciclo de sus vidas.

Ese es el panorama desolador de  Antropoceno que Niels quiere testimoniar, cuando apenas comienzan a entreverse las terribles ramificaciones. ¿Cuánto de incertidumbre tendría para el hombre esta nueva época geológica? Es una interrogante fundamental de este tiempo, en el cual con responsabilidad y un implícito llamado de alerta, este artista nos sitúa, para vernos reflejados a nosotros, proyectados en sus desoladas figuras como si estuviéramos observándonos ante un espejo que nos devuelve una imagen preocupante. Ese es el vértice de fuego en el cual con notoriedad se mueve la obra de este joven artista de nuestra plástica.