La estética constructivista en Mari Claudia García

La estética constructivista en Mari Claudia García

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  • Resulta sumamente significativa su manera desenfadada de apropiarse de las experiencias del constructivismo ruso. Foto del autor
    Resulta sumamente significativa su manera desenfadada de apropiarse de las experiencias del constructivismo ruso. Foto del autor

La presentación de la reciente exposición personal de Mari Claudia en la galería Servando, resultó un interesante acontecimiento cultural. La manera personal de concebirla da muestra de su habilidad en tratar aspectos del arte y de su intención acerca de lograr vínculos comunicativos con públicos amplios, aun dentro del recinto galerístico.

Resulta sumamente significativa su manera desenfadada de apropiarse de las experiencias del constructivismo ruso, especialmente de las confecciones de la artista Varvara Fiódorovna Stepánova (1894-Moscú, 1958), la cual realizara en los años veinte y treinta del pasado siglo una destacada labor en el diseño de modelos de vestuarios prácticos dotados de una sencilla elegancia con el fin de mejorar el ambiente de la población rusa de carácter común que había afloradoa una mayor participación social con el arribo agitado de las nuevas tareas que las profundas transformaciones sociales habían propiciado en esos años tempranos de la revolución rusa.

La apropiación del espíritu popular de los modelos de vestuario de la destacada artista rusa no significa en modo alguno una subordinación a aquellos. Por el contrario, al asumirlos como fuente de inspiración, los rebasa en sus formas y fines artísticos, porque Mari Claudia ha partido de la singularidad de tomar la gráfica aplicada extensamente en Cuba entre la década del sesenta y principios de los noventa, cuando con motivo de la incorporación activa de nuestra población en las múltiples tareas sociales, se le reconocía públicamente con la entrega de certificados o diplomas acreditativos, siendo guardados celosamente por las personas como un legítimo testimonio de su entusiasta y esforzada participación, estimados verdaderos trofeos obtenidos en sus vidas.

Asume de motivos del diseño en sus piezas de vestuario las orlas decorativas de los motivos lineales con los que eran engalanados discretamente esos diplomas. Eso le implicó a la artista nuestra partir de la observación y selección de un grupo importante de ellos, de tipificarlos y re-crearlos, trasladados después a la condición de motivos de diseños ornamentales para proyectar un vestuario cómodo, deportivo y de andar, mostrado en esta exposición.

Al efecto, Mari Claudia confeccionó un grupo amplio de postales que el día de la inauguración se agotaron prácticamente, en las cuales,por una cara reproducía un diploma entregado siempre a la persona de Isabel Herrera, su propia abuela, en diferentes actividades escolares y sociales en la que esta intervino a la largo de su vida.

Del lado opuesto, las postales mostraban el diseño de un tipo específico de pieza de vestuario de los presentados en la exposición, resaltando de manera aumentada el motivo gráfico específico de la orla decorativa en el diploma del cual se había apropiado,a los fines de convertirlo en el motivo ornamental del diseño distintivo de la pieza de vestuario reflejada en la postal, con anotaciones además en letra manuscrita de aclaraciones a los detalles concretos de esa pieza.

La postal servía de modo múltiple alrecuerdo de la exposición, al modo de confección de la pieza ilustrada en ella, y a la reproducción exacta del diploma obtenido por su abuela. Para tomarsolo uno de muestra de los diversos que utilizó, reproduce uno de la Enseñanza Secundaria, entregado por haber sido profesora guía de Matemática en el curso 1972-73.

Por lo tanto, recurría aquí a los lazos afectivos y la claridad emocional del testimonio veraz que su abuela le aportara, acerca de lo cual esta persona sirve a su vez de modelo de lo que fuera una práctica habitual omnipresente al ser entregadosesos diplomas de reconocimiento en todas las actividades de la sociedad cubana de esas décadas. Esta práctica no ha desaparecido,pero ciertamente se ha reducido su uso en la actualidad, antes tan prolífico. En aquel periodo histórico de la revolución se hacía un maravilloso énfasis en la importancia trascendente y superior de los valores espirituales por la entrega desinteresada delos esfuerzos cotidianos, ajenos totalmente al interés en los valores materiales.

Constituye esta muestra un sincero y muy sentido homenaje afectivo a su familia, especialmente a su abuela. Pero como si dialogara en el tiempo, esta exposición puede relacionarse además con la obra antológica de Leandro Soto titulada La familia se retrata, perteneciente al grupo Volumen 1, grupo que inaugurara un nuevo modo de concebir el arte con un sentido reflexivo. La postura autoral de Soto y ahora de Mari Claudia se aproximan en escrutar acontecimientos de la vida cotidiana desde una óptica lúcida y admirada, no ajena por el contrario a juzgarla con un agudo examen, más a fondo que el simple uso de quedarse en la presentación de lo testimonial directo, encontrándole otras aristas más ácidas de las cuales son indicio.

Sirve por tanto de comentario social de una manera no complaciente acerca de la concepción de los valores en esa larga época y de cómo se observa un desplazamientode los acentos sociológicamente. La aparición a fines de la década del noventa de resortes de estimulación monetaria, dejó ver ciertos desplazamientos en la preponderancia de los valores. Paralelos incluso a la práctica de resalte de los valores sociales en la entrega altruista, que por suerte sigue existiendo con mucha fuerza y benéfica solidez en muy diversos sectores de la vida pública.

El arte mismo había sido hasta los años ochenta extraño entre nosotros a las relaciones de mercado. Los triunfos de los artistas como los de la población, se medían por su participación en las numerosas tareas sociales. Pero el arte cubano da indicios de ese cambio en los noventa hasta hoy,al haber ido ganando fuerza progresivamente las relaciones demercado, antes prácticamente inexistente, ahora cada vez más incorporadasde una manera válida a la práctica social.

La apropiación de esos motivos gráficos extraídos de los diplomas populares han pasado en esta propuesta a mostrar en esta misma exposición cómo estos han pasado de ser usados anteriormente en la imagen del diploma de estimulación desinteresada, a su conversión en motivo central recicladocon fines de presentación de las piezas de vestuario en un mercado simbólico, pero mercado en sí, en tanto los vestuarios confeccionados que conforman la exposición se inscriben en forma de boutique en su exhibición. Con ese traspaso situacional, los atributos distintivos de los diplomas han cambiado de signo. Se les confiere mediante esa manipulación un vuelcoa su contexto de acción, y lo más importante, un giro semántico.

Destaca ahora aisladas sus formas ornamentales aplicadas a la visualidad del vestuario confeccionado, susceptible de ser adquirido ahora monetariamente, eso sí por precios muy bajos, porque lo que opera en esta asunción artística es destacar su conversión en mercancía. Como el diseño procede de los diplomas, representativos en su obtención de la ausencia total de lo monetario, deja traslucir en sutil ironía asociada, lo complejo y contradictorio que resultan los valores resaltados enmarcados en las orlas ornamentales por carecer estas de un valor semántico propio, salvo el importante hecho de revestir con un vacío oropel gráfico el acontecimiento de entrega y posesión de los diplomas.

Eso induce el ser portadores visuales de un cierto vacío de expresión semántica en sí que se expande al certificado como tal. Problematiza además el sentido intrínseco de su asimilación al transferirlo a motivo decorativo del vestuario creado, en tanto extiende a ese nuevo soporte la condición de su cierta futilidad, arrastrada de hecho de su expresión material de partida a su empleoigualmente de ornamento en el motivo textil.

Se da la direccionalidad intencional al vacío de la modaen la ilusa pretensión de servir realmente a los fines del prestigio y reconocimiento social de su portador, lo mismo, por equivalencia, con su empleo en el papel,donde está muy lejos de valer materialmente. El papel, la cartulina no son materiales valiosos de por sí. Por el contrario son fácilmente deteriorables y pueden mostrar pronto signos de envejecimiento, de ahí también el término de “vanidades” aplicable a este, de lo no perdurable, de existir solo en el contexto de acción de su consideración y no fuera deél.

La artista traza inteligentemente una mirada escrutadora hacia la movilidad inherente de los valores, de acuerdo al contexto en que operen. Siendo no permanentes, no eternos en su forma de expresión. A esa dinámica social, la artista le ha prestado atención, y pauta sus consideraciones de una manera artística, cuya lectura ha de conducirse por los caminos indirectos del tropo poético.

Al llamarle sabiamente a su exposición “Vanidades”, se abre a dimensiones variadas de sentido. Uno tal vez primario, sería el recuerdo por asociación a una revista cubana de modas con el mismo nombreaparecida en la etapa republicana, cuya temática central era dar a conocer y estimular la adquisición o la confección de modelos del vestuario en moda, despertando las apetencias de su posesión material.

La noción de vanidades conduce a lo vacuo, lo no firme, lo insustancial, lo evaporable. La insustancialidad a la cual apunta asociativamente el término, dimensiona las lecturas posibles de esta exposición. Sobre todo de cómo algo que parece tan sólido y sustancial en determinados momentos sociales como fueron los modos de estímulo a valores espirituales con un arraigo social muy amplio entre nosotros, pueden en determinadas circunstancias irse desnaturalizando, hasta volverse incluso su opuesto en los efectos. Es un llamado de alerta que hace la artista.

La propensión tan acentuada durante muchos años hacia esos valores altruistas en detrimento de los no despreciables beneficios materiales para la vida práctica,se dislocó luego, en parte, dando paso con el tiempo al valor un poco galopante de lo monetario, de lo mercantil, estableciendo otro sistema de equilibrio o desequilibrio entre los valores.

Pero Mari Claudia va más allá de la simple reconversión táctica con el empleo artístico que hace al abordar los valores, sin por eso estar llevada de una extrema nostalgia. Lanza no obstante de paso una mirada amable hacia aquellos tiempos donde esos valores espirituales eran promovidos y realmente tenían cabida prácticamente en el alma de todos.

No sería malo esperar que se acomodasen los valores en un tiempo futuro,en reequilibrio más armónico, sin por eso ser ingenuos en no darle tanta cabida ni a los valores materiales ni tampoco a los espirituales porque esas posturas resultan extremas, y en cierto modo se hacen vanas aunque no lo pretendan, en esa recargada oposición de uno y otro lado en campos separados. Pero conviene que siguieran estando presentes y con mucha fuerza actuante en la práctica social cotidiana,el desinterés en la entrega del esfuerzo y el sacrificio, sin por esto darle en modo alguno la desmesura que asumieron en aquella época para no caer en el equívoco.

Esebalance a lograr es algo a estimar serenamente y parece estar en el propósito de esta artista al hacernos reflexionar sobre eso, pues llenaron de satisfacción las mentes y los corazones de muchos durante todos esos años, resaltándose con el tiempo cierta utopía, futilidad y oropel en ellos. También ocurre la vanidad en el énfasis desmedido de lo monetario o de exhibirlo ostentosamente, sea diploma o vestuario. La mesura, la contención y la profundidad deben ir aparejadas porque tanto uno como el otro pueden resultar vanos a la larga.

Las orlas de los diplomas y los motivos de los diseños de esos vestuarios apuntan en esa dirección a la reflexión resultante de la exposición. Pero no puede caber duda alguna que el estimular los valores espirituales por encima del mercantilismo de los valores nos hicieron algo mejores como personas en esos años, algo a mi juicio nada despreciable ante el juicio definitivo de lo histórico.