La eterna malquerida a debate en la UNEAC

Moviendo los caracoles

La eterna malquerida a debate en la UNEAC

  • Cartel del evento
    Cartel del evento

Nadie o casi nadie está conforme con ella. La mayoría la critica con facilidad y ligereza. Unos la quieren más entretenida, otros más culta, algunos más novedosa técnicamente, no falta quien le reproche falta de sentido artístico. La televisión suele ser en Cuba uno de los asuntos más polémicos de la sociedad, a pesar de que el mayor por ciento de su programación es educativa y que en ella se manifiesta un especial cuidado por salvaguardar valores esenciales para los seres humanos.

Esas características intrínsecas, a favor de las mejores tendencias humanistas, son esgrimidas por muchos de sus directivos quienes comparan la televisión cubana con la que se hace en otros lares y no creen apropiados muchos de los reproches cuando, tanto ellos como los realizadores televisivos, sufren de falta de recursos elementales, que suelen ser costosos, y en medio de esas condiciones han asumido la apertura de nuevos canales nacionales y otros locales, de nuevas tecnologías, de pasar de lo analógico a lo digital.

No pocos extranjeros, que se quejan en sus respectivos países del exceso de publicidad, de los programas que denigran a sus participantes, de toda la tontería que se muestra, se maravillan de que la televisión nacional no padezca esos males, pero para los cubanos que tienen en ella el fundamental medio de posible disfrute luego de la ardua jornada cotidiana, las exigencias son mayores y complejas. La propia situación económica del país las condiciona.

Pocos canales nacionales deben satisfacer las aspiraciones de entretenimiento de una población diversa, como cualquier otra, con requerimientos culturales diferentes según edades, peculiaridades locales y referentes distintos. Mientras los habitantes de la capital del país y de las provincias tienen entre sus alternativas eventos de diferentes tipos, teatros, cine, conciertos, exposiciones, ferias; en las cabeceras municipales, las zonas rurales y de montaña  cuentan mayoritariamente con la televisión como elemento para lograr que algunas horas del día se diferencien de las otras a pesar del  esfuerzo que se realiza para que la mayor cantidad de sucesos culturales abarque toda la geografía nacional.

Incluso en la capital la televisión tiene la máxima importancia porque los problemas reales de transporte impiden que los pobladores de las zonas periféricas se decidan a disfrutar de aquellos eventos que no crean condiciones para evadir ese contratiempo.

La televisión cubana ha realizado un gran esfuerzo para que en su programación haya una presencia sistemática de las fundamentales líneas del saber humano con prioridad en las expresiones de la cultura artística, su publicidad y propaganda, con notable mejoría en  lo relativo al lenguaje audiovisual responde a campañas  a favor de una mejor calidad de vida y Universidad para todos ha sido un verdadero regalo para quienes el  conocimiento es el mayor placer, pero lamentablemente en esa diversidad se ha producido una cierta monotonía por las reiteraciones y la falta del sentido del espectáculo de muchas de las propuestas, sobre todo de las que son hechas en casa.

 A pesar de las limitaciones reales, las objetivas, las concretas todavía no han sido ensayadas todas las fórmulas posibles para lograr una dinámica que, manteniendo los saludables  principios educativos, permita más opciones para los televidentes, sobre todo si se tiene en cuenta que hay sectores de la población que necesitan  motivaciones, ser atraídos hacia temas de los cuales no tienen referencias o no les parece que  guardan relación con su existencia y sin olvidar que la mejor de las didácticas es enseñar entreteniendo, haciendo del hecho de aprender algo agradable.

 Uno de los aspectos que debería tenerse en cuenta es el diseño de cada canal. Cada uno de los nacionales existentes debería tener su propio sello, sus características, a partir de los temas, o cualquier otra variable, pero distinguirse por un mayor acento en cualquier aspecto lo cual evitaría que en algunos momentos la mayoría estén trasmitiendo variaciones de programas sobre salud o sobre zoología. Este diseño ayudaría a ofrecer más con menos, pues si, como ocurre, el presupuesto de todos, sale del mismo sitio, valiese más concentrar los recursos de esa manera con un buen programa que dilapidarlos en  varios de dudosa eficacia. Pero, además, un diseño diferente permitiría escoger verdaderamente según gustos, intereses habituales o momentáneos. Para realizar esta labor de diseño el país cuenta con suficientes expertos en psicología, comunicación y arte formados en las seis décadas de educación prioritaria para todos.

Hay quienes piensan que por estar diseminados en todos los canales o por repetir mensajes estos llegaran mejor a sus destinatarios, pero en realidad cualquier conocedor del tema sabe que la saturación es la mayor enemiga de cualquier esfuerzo educativo, mucho más si es en seco, sin los mecanismos que a lo largo de la civilización distinguen a un producto de destino público por sus atractivos según las premisas culturales de cada lugar. Si hay un canal educativo, este debería concentrar todos los aspectos más intrínsecamente relacionados con ese interés usando las diversas formas, desde las clases propiamente dichas, a programas didácticos, documentales, películas para que haya diversidad  de género y maneras de trasmitir lo que se desea, si hay otro canal educativo, este podría estar más caracterizado por trasmitir conocimientos en el plano artístico o de la cultura en el sentido más amplio, el que se dedica al deporte podría  intensificar ese interés matizando con los materiales de todo tipo sobre el tema y el canal que se considere principal podría dedicarse más a lo informativo en sus variantes más ricas y novedosas y en trasmitir los más notables sucesos del acontecer nacional e internacional.

Las reiteraciones pueden ser útiles sin se realizan con inteligencia. ¿Por qué trasmitir un mismo programa o hecho por dos canales a la misma hora? Es mejor hacerlo en horarios diferentes para que cumpla su real cometido, el de que las personas que no lo han podido ver y por su importancia quieren verlo, tenga la oportunidad de hacerlo. Repetir cosas ya vistas también tiene su utilidad si se programan en función del hecho cierto que se produce un cambio continuo de generaciones y muchos agradecerán ver aquellos que hizo época para sus padres o que tiene una trascendencia en la cultura del país. Y en eso vale una novela, un cuento, un ballet, un libro, un documental, una película, un discurso.

Las películas y documentales cubanos de otras décadas  son una variante, los noticieros ICAIC de Santiago Álvarez, otra, los viejos kinescopios mostrables de la propia televisión y los programas que han quedado grabados. Es cierto que se hace, pero para bien de la programación tendría que haber un balance mayor de la producción nacional en pantalla, a bombo y platillo, como las muestras que se hacen de obras internacionales, usando las artes de promoción de nuestros productos que todavía no se hacen ni con el encanto y la calidad que se pudiera. Es cierto que la puesta en pantalla, como en el cine tiene las limitantes de los derechos de autor o de exhibición cuando se trata de obras extranjeras, pero habría que agotar las posibilidades tanto de las nacionales como las foráneas que pueden lograrse por intercambio cultural, para que la mayor cantidad de obra con valores aporten variedad, diversidad y permitan a los menos informados comparar. Pero incluso, en ocasiones se muestran materiales de muy alta calidad y no se publicitan como deberían.

 Esos serían elementos para contribuir a la memoria que es base también de la cultura. Pero a pesar de las limitaciones económicas hay una producción de audiovisuales en diferentes soportes técnicos que debería tener un espacio mayor en pantalla, las realizaciones y sus realizadores y realizadoras, porque es un campo donde hay una presencia femenina fuerte. Se estrenan por aquí o por allá sin que se haga notar que se trata de una premier. Y esos detalles, como hacer visible a quien lo dirigió, escuchar sus presupuestos, sus intenciones, contar algún elemento del proceso realizativo puedan dar mayor atractivo a una presentación que no requerirá de grandes recursos. Se trata de saber llamar la atención, para citar un ejemplo.

 Si se analiza lo que produce directamente la televisión remitido a musicales y dramáticos, para tomar dos ejemplos sensibles a los televidentes, faltan elementos  no de la técnica sino de la concepción. No existe una dramaturgia, un modo de organizar los recursos de la acción, que desemboque en el sentido de lo espectacular, de lo que sorprende, llama la atención, despierta interés. Habría que preguntarse por qué los musicales son menos atractivos que diez o veinte años atrás, los destinados a públicos muy amplios, porque en los dedicados a sectores o tipos de música, hay más calidad. En esta rama como en la de las novelas, se pone de manifiesto otro factor: todo es muy capitalino y eso resta riqueza, variedad e información.

 También se nota la carencia de un diseño de producción en las telenovelas o series. A una novela abarcadora de la realidad, novedosa en sus procedimientos formales, puede suceder otra que niegue todo lo anterior y hay derecho a preguntarse por qué se emplean las escasas posibilidades materiales en asuntos que no justifican su presencia en pantalla. O por qué no se logra que un dramatizado de largo aliento implique una mirada más amplia sobre sectores poblacionales y conflictos que pueden interesar a mayor número de televidentes, como se ha hecho en algunas ocasiones, tales como la racialidad, la diversidad sexual, las discapacidades.

Son muchos los elementos que bien conjugados, debidamente articulados, podrían propiciar un mayor disfrute a pesar de los recursos deficitarios con que se cuenta. Sería necesario además menos presiones circunstanciales que en muchas ocasiones violentan la programación sin tener en cuenta la importancia reconocida de las leyes de la comunicación, por esas razones parecería más conveniente explorar todas las posibilidades que pudiera ofrecer un rediseño de lo que hoy existe pues a pesar de los beneficios que indudablemente aporta la televisión cubana, a pesar de ser apreciada y necesaria sigue siendo la eterna malquerida.

Cada año todos esos asuntos se analizan en el Festival Caracol de la UNEAC, pero inexplicablemente, los llamados de atención de especialistas, críticos y realizadores no son tenidos en cuenta, Y es una pena que así sea porque talento sobra en el país para que la eterna mal querida se convierta en lo contario.

 Pero una vez más, desde la Asociación de cine radio y televisión y su sección de crítica, se invita al espacio Moviendo los caracoles, el miércoles 11 de septiembre en la Sala Villena a las 2:00 pm para, entre todos, conjurar con buenos análisis las causas de las insatisfacciones televisivas, con espíritu polémico seguramente, pero con el afán de contribuir a mejorar ese servicio público tan cercanos a cubanas y cubanos a pesar del incremento del uso de las nuevas tecnologías.