La gaceta sigue fiel a su estilo

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La gaceta sigue fiel a su estilo

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La Gaceta de Cuba, Escritores, Literatura, crítica literaria, Enrique Saínz
  • Durante la presentación.
    Durante la presentación.
  • Mirta Yáñez junto a Norberto Codina durante la presentación.
    Mirta Yáñez junto a Norberto Codina durante la presentación.

Palabras de presentación del no. 6  de 2014 de la Gaceta de Cuba de interés, despierta apoyo o polémica, tal como debe ser en una revista profesional de la cultura. 

Como he dicho en otras ocasiones, soy de las que comienza a leer por los últimos folios de las revistas y dejo para el final los textos más suculentos que suelen estar en las primeras páginas. De esta manera, siempre leo en detalle (o por arribita) los textos de reseña crítica. En este caso, las reseñas del ejemplar que me toca hoy presentar de nuestra Gaceta, el no. 6 de noviembre/diciembre del 2014, con el retraso maléfico de nuestras imprentas al cual nunca nos debemos resignar, y que atentan contra esa inmediatez que exige la crítica que aspira a orientar y conformar el gusto del lector o el espectador. Bien es cierto que hay temas y artículos que no envejecen, pero otros que apuntan a la convocatoria para, por ejemplo, asistir a una exposición y caducan cuando pasa el tiempo.

En fin, no voy a caer en el pésimo gusto del tono de “asamblea de producción” —sobre todo porque en las presentaciones no hay derecho a réplica— pero si insistir, aunque sea con un ligero ramalazo, en la necesidad de una presencia constante y actualizada, sobre el papel —puesto que todavía la internet corriente para todo el público sigue siendo un delirio—, que acoja la promoción y la revisión constante de nuestras artes y literaturas.

Tampoco voy a seguir el estilo de la presentación tipo guía telefónica que suele impacientar al auditorio. El variado contenido, para heterogéneas tendencias y afinidades: la ilustración cuyo peso recae en la deslumbrante maestría de Tomás Sánchez, con las habituales lecturas de ficción, textos de poesía y repasos a temas de la cultura cubana, hacen de este número, como siempre acostumbra la revista, una entrega para disfrutar desde esa última página a la primera.

A pesar de la diversidad, siento, al leerla, que me asaltan muchas coincidencias, el famoso “azar recurrente”, para empezar con el propio Tomás Sánchez y la magnífica entrevista que me hizo recordar una anécdota personal: sentados en las arenas de Guanabo donde ambos teníamos un refugio, Tomás me comentó que andaba buscando unas cartulinas para unos dibujos que pensaba mandar el Premio Miró. Lo demás ya es historia sagrada. Quiero aprovechar la ocasión para decir que cuando tengo algún contratiempo con cualquier material de trabajo, siempre me acuerdo de aquella ya célebre cartulina.

Otro enlace del azar tiene que ver con el Obituario —enfatizando que la revista es una de las pocas publicaciones que atiende ese imprescindible aunque triste acápite— y mientras lo leía me acordaba de un fallecimiento que aún no está  recogido: el de nuestra maravillosa Ela O´Farrill, quien en su momento sufrió los embates de la estupidez cuando su canción “Adiós Felicidad” fue censurada por no convenir a la burocracia que estimaba que solo nacíamos para ser felices. Y acordándome de Ela, pude leer los dos textos relacionados con el “feeling”, el de Rebeca Chávez sobre Marta Valdés y el propio de Marta donde menciona con toda justicia a Ela O´Farrill. Esta revista, pensé, debería venir acompañada de ese CD con la selección del feeling que Marta le grabó a Rebeca.

El conmovedor homenaje a Gastón Baquero, con el fragmento de entrevista a César y el ensayo del siempre atinado Enrique Saínz, me hace citar, como siempre hago en estos casos, una opinión de Borges cuando afirmaba: “Cuando se van, nos damos cuenta que pudimos haber sido un poco mejores”. Muchos ya se han ido, y es un deber el tributo, traerlos al conocimiento de las nuevas generaciones, les debemos esa deferencia —como por ejemplo, a Ezequiel Vieta— y entre los vivos, a José Triana, uno de nuestros más grandes dramaturgos y a José Lorenzo Fuentes, por citar sólo dos nombres.

En este sentido de los rescates debidos, y de los azares que a veces vienen, bien a las circunstancias, quiero mencionar cumplidamente los justos argumentos de Alberto Marrero acerca de la poesía de Lina de Feria , en mi opinión la poetisa más importante de mi generación, en un escrito que rebasa por su intensidad y lucidez la mera reseña.

Entre otras reseñas reveladoras de cualidades estéticas, no sólo de los objetos de análisis sino de la prosa de los críticos, coincido con el posicionamiento de Enrique Saínz en su comentario sobre Roberto Méndez acerca de lo que debe entenderse por poesía. Más incluso cuando uno no comparta del todo las opiniones, vale destacar los empeños en ejercer la crítica literaria y artística de La Gaceta.

Sobre el mismo tema del ejercicio de la crítica, recomiendo con énfasis el ensayo de Juan Antonio García Borrero “Por una crítica imperfecta, veinte años después” , que si bien está dedicado fundamentalmente a la crítica cinematográfica, muchas de sus reflexiones pueden y deben aplicarse al bien llamado “pensamiento crítico” artístico y literario en general; con la proposición del uso de herramientas sólidas, lo cual no quiere decir anticuadas o retóricas, pero si la advertencia de alejarse de la llamada “metatranca”, la superficialidad, la incultura, y en particular algo que a veces afecta el sentido crítico en nuestros medios: las visiones tendenciosas.

En las parcelas de las páginas dedicadas a la ficción narrativa y a la poesía, este número incluye a Abel Fernández Larrea, Josué Pérez, Yanier Palau, y la joya de la corona con un texto inédito de Alejo Carpentier.

Para terminar de cumplimentar este lanzamiento con una recta por el centro del “home” —como le gustaría a Norberto— quiero hacer especial énfasis por varias razones en el texto de Ambrosio Fornet titulado “El dolorido sentir. Apuntes para una conversación con mis nietos”.

En primer lugar quiero destacar la nobleza de su publicación porque en el texto de Ambrosio se indican objeciones a la propia Gaceta. De lo que tantas veces se ha reclamado: una cultura del debate, y al mismo tiempo un debate de la cultura cubana contemporánea: sin ofensas, censuras, silencios cómplices, es un buen ejemplo tanto el ensayo de Ambrosio como la decisión imparcial de la dirección de la revista en publicarlo. Cuando se habla de la libertad de expresión, se trata de una libertad responsable. Y del derecho a réplica: aquel puede escribir lo que estime, pero otros pueden contestar y situar su posición. Por fortuna, Ambrosio Fornet ha empleado su precioso tiempo en poner algunos puntos sobre estas “íes” descalabradas que asoman en algunas áreas de nuestra cultura.

Se necesita sapiencia, elegancia, ponderación, además de honestidad intelectual para establecer las tan necesarias polémicas, sin llegar a la gresca. Y es una satisfacción saber que La Gaceta abre sus páginas a ese tipo de diferendos.

Ante la disyuntiva planteada a Ambrosio de si los viejos sentimos haber llegado tarde a este momento de nuestra historia, yo quiero afirmar por mi parte que muchos de nosotros creemos que a cambio de llegar tarde nos alegra haber llegado temprano a los 60, a pesar de todos los pesares. Recomiendo, pues, una lectura muy cuidadosa, a este enjundioso análisis de Ambrosio. En especial llamo la atención sobre dos ideas sustanciales: “hemos tenido que renunciar a muchas ilusiones (…) pero no podemos renunciar a la idea de que un mundo mejor es posible sin negarnos a nosotros mismos” y más adelante insiste en su inquietud —y yo comparto completamente su preocupación—: “Me preocupa que la irrenunciable aspiración de nuestros intelectuales y artistas a un diálogo abierto con el mundo vaya a convertirse en una incapacidad orgánica para dialogar con nosotros mismos (lo que somos y lo que fuimos)”. Gracias, Ambrosio, por seguir dispuesto a llevar la adarga. Gracias, directivos de la Gaceta por aceptar el envite.

En casi su total generalidad, la Gaceta sigue fiel a su estilo, con coherencia, y respeto por los variados intereses de sus habituales lectores, sin dejar resquicio a que la trivialidad y la ordinariez que nos inunda irrumpan en sus excelentes páginas. Léase de atrás para adelante, o en el orden que indica el índice, todos los textos resultan de interés, despiertan apoyo o polémica, tal como debe ser en una revista profesional de la cultura.