La Historia también la hacen las mujeres II

La Historia también la hacen las mujeres II

Etiquetas: 
Escritores, historia de Cuba, mujeres creadoras
  • La diferencia de género no aísla: los ideales, la inteligencia y la virtud
    La diferencia de género no aísla: los ideales, la inteligencia y la virtud

En Cuba, desde las primeras manifestaciones de rebeldía ante la opresión, las mujeres ofrecieron no sólo la miel de su cariño, sino sus energías creadoras, que incluyeron desde cortarse las largas cabelleras, las camagüeyanas de mediados del siglo XIX, como protesta por el asesinato de los primeros expedicionarios de la libertad frente al colonialismo español, la solicitud de la también hija del Camagüey Ana Betancourt de incluir los derechos de la mujer en la primera Constitución de la República en Arma, celebrada en Guáimaro, a dar la vida como Urselia Díaz, Lidia Doce y Clodomira Ferrales en tiempos más recientes.

Los afanes libertarios no sólo tuvieron representantes femeninas sobre las armas, sino también sobre las ideas, como María Luisa Dolz a quien Fernando Portuondo sitúa al mismo rango  de José de la Luz y Caballero en sus trabajos fundacionales de la educación para la mujer. Magdalena Peñaredonda Doley, es otro ejemplo significativo. No sólo alcanzó el grado de Comandante del Ejército Libertador durante la guerra iniciada en 1895 y fue calificada por Martí como modelo de paciencia y patriotismo, sino que mediante el periodismo fustigó a los gobiernos venales que traicionaron la República por la cual  combatió.

Desde 1918, Charito Guillaume inició las luchas por la liberación de la mujer en el Club femenino de Cuba. En 1927 ingresó al primer Partido Comunista, dos años después de fundado y en 1931 es una de las fundadoras de la Liga de Pioneros de Cuba donde aporta su experiencia de maestra rural, la cual le servirá también para el fomento de escuelas y bibliotecas en los centrales azucareros. La lucha contra la dictadura de Machado fue parte de su fogueo, como también ocurrió a la excelsa intelectual Mirta Aguirre, prosista, poeta, profesora, mujer de gran cultura al servicio de su pueblo, comunista como Elena Gil, como María Morales, una obrera telefónica que sirvió de guía a Elena para ser partícipe de la huelga de los telefónicos en 1925, luego fue parte del III Congreso Nacional de Mujeres y en la Asociación Popular pro enseñanza de la mujer, larga experiencia que le sirvió para dirigir los planes de Superación de la Mujer en 1961 como parte del Gobierno Revolucionario.

El Frente Cívico de Mujeres del Centenario Martiano es otro referente importante de la participación de la mujer en las luchas emancipadoras. Surge a iniciativa de Aida Pelayo para luchar contra la dictadura de Batista instaurada con el golpe de estado del 10 de marzo de 1952 y se constituye en noviembre de ese año bajo el principio de dirección colectiva. En él se entrelazan luchadoras de la generación del 30 como la propia Aida, Carmen Castro Porta y María Pazos con otras de ese momento, muchas provenientes del Partido de Chibás, entre las que se encuentra Pastorita Núñez. Es quizás la primera expresión organizada de la lucha contra Batista que se intensificará por todo el país y producirá el ataque al Cuartel Moncada.

Cuentan que cuando los disparos despertaron la mañana de carnaval de Santiago de Cuba aquel 26 de julio de 1953, las mujeres fueron las primeras en inquietarse y averiguar que estaba sucediendo en el Cuartel Moncada. La ciudad, especie de segunda capital en el extremo sur oriental de la isla, fue escogida para la acción revolucionaria no sólo por los más de mil kilómetros que la separan de La Habana sino por la tradición de rebeldía acuñada durante toda su existencia.

Gloria Cuadras era por esa fecha de julio una mujer fogueada en las luchas políticas y una comunicadora destacada en la emisora CMKC, donde tenía el periódico radial Cuba Libre. Los oyentes estaban acostumbrados a escuchar sus valientes comentarios sobre la situación nacional llevada al desastre constitucional desde que Fulgencio Batista se hizo del poder gracias al golpe de estado del 10 de marzo de 1952.

El plan de ataque se había elaborado con tal secreto que solo el santiaguero Renato Guitart lo conocía. Algunos pensaron que el tiroteo de la madrugada de la Santa Ana era fruto de una riña cuartelaría, pero tan pronto se supo que se trataba de jóvenes revolucionarios liderados por Fidel Castro, Gloria Cuadras se dio a la tarea de explicar a sus oyentes quienes eran esos muchachos que ella conocía del Partido ortodoxo de Chibás y de inmediato se sintió del lado de aquellos empeñados en hacer cambiar los rumbos de la historia cubana. Desde aquel mismo día fui del 26, aun cuando el movimiento todavía no se había creado, aseguró años después.

Su gran osadía radial contribuyó a que la ciudad ganara claridad sobre lo que había sucedido y defendiera de la saña a los participantes. Muchas familias acogieron a los asaltantes y algunas mujeres corrieron riesgos después para ayudar a los sobrevivientes presos en la Cárcel de Boniato, la fundamental de Santiago de Cuba. María Teresa Taquechel Manduley, Alba Griñán, Ana María Alvarado, Nilsa Espìn, entre otras, vinculadas a la Federación Estudiantil Universitaria de Oriente, formaron parte de ese grupo al que luego se sumó Celia Sánchez Manduley  que vino desde Manzanillo a interesarse por los acontecimientos.

Dos mujeres formaban parte de la aguerrida tropa revolucionaria que asaltó al Moncada: Haydee Santa María y Melba Hernández, fundamentales ambas en la preparación del suceso. Otra mujer, Natalia Revuelta, había quedado en la capital para informar a los medios de prensa. Muchas mujeres se irían involucrando en esa lucha, como María Lara, la Abuela de Santiago de Cuba que de niña compartió con los soldados mambises, fue fundadora del Partido Comunista y apoyo incondicional del Movimiento 26 de Julio,  unas en tareas más notorias, otras en las más humildes, unas cocinando y lavando la ropa de la tropa, otras de mensajeras, en los tiempos insurreccionales y luego de 1959 convirtiéndose en la fuerza calificada mayoritaria del país, creando vacunas, en las representaciones diplomáticas, con lauros en el deporte y en la cultura artística

La estatura histórica alcanzada por las grandes heroínas Haydee Santamaría, Celia Sánchez, Vilma Espín, Melba Hernández está sustenta por una larga travesía desde la mítica rebelión de la negra esclava Carlota, la entrega que  hizo de sus hijos Mariana Grajales a las luchas independentistas,  los clubes de mujeres en la emigración fundados por la patriota Emilia Casanova, el movimiento feminista iniciado por Aurelia del Castillo, las luchas obreras de las que fue líder la afro descendiente Inocencia Valdés, las sufragistas que luego de mucho batallar ganaron el derecho al voto en 1934.

La crisis de los 90 tuvo también fuertes consecuencias para las mujeres enfrentadas a las precarias condiciones de la vida cotidiana. Se produjeron lamentables retrocesos como el uso del sexo tarifado como medio fácil de resolver carencias, algunas volvieron al trabajo doméstico, otras abandonaron el país, pero la mayoría, siguió graduándose en las universidades, asistiendo a su trabajo, negándose a ceder el terreno ganado a gracias a la Revolución que le dio la oportunidad legal y humana de hacer su propia revolución liberadora como seres humanos. Hoy, antes los desafíos de la sociedad cubana, es indispensable la labor de la mujer desde la casa hasta los altos cargos, entendiendo que la igualdad no es reproducir los defectos del actuar masculino, no es parecerse a los hombres sino propiciar que emerja lo humanamente mejor. Todavía queda mucha Historia por hacer.