La hoja de la caleta o ¿por qué te fuiste mamá?

La hoja de la caleta o ¿por qué te fuiste mamá?

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  • La hoja de la caleta, con guión del escritor Pavel Alejandro Barrios, y dirección de Mirta González Perea y Jorge Campanería. Foto tomada de Internet
    La hoja de la caleta, con guión del escritor Pavel Alejandro Barrios, y dirección de Mirta González Perea y Jorge Campanería. Foto tomada de Internet

La hoja de la caleta, con guión del escritor Pavel Alejandro Barrios, y dirección de Mirta González Perea y Jorge Campanería, es el título del largometraje que cala hondo en la esfera afectivo-emocional de los amantes de la buena cinematografía insular, y por ende, toca las fibras sensibles del espectador, precisamente por el vigente tema que trata en la sociedad cubana contemporánea.

La trama gira alrededor de una familia disfuncional, o mejor, fracturada por la ausencia de Fidencia (Yoandra Suárez), quien abandonó al esposo y a su pequeño príncipe, para emprender una aventura marítima que casi deja viudo a Tomás (Johandry Aballe) y huérfano a Berto (el niño Carlos Denis, quien merece —sin duda— un lauro por su natural actuación en los Premios Caracol 2018). El progenitor y el vástago viven en una zona pesquera ubicada en Santa Cruz del Sur y subsisten gracias a las bondades del mar.

Completan el elenco artístico Lianet Pacheco y los primerísimos actores Irela Bravo y Manuel Porto, quienes —no obstante sus esporádicas apariciones en la pantalla grande— demuestran, una vez más, la excelencia artístico-profesional que los caracteriza en cualquier medio en que se desarrollen.

El punto focal o eje central de ese filme es Berto, quien es criado y educado por un hombre que padece de toxicomanía alcohólica, probablemente generada por la brusca ida de la madre del chico.

Si bien esa adorable criatura, tan necesaria a la familia humana como la luz a las plantas, el aire a las aves y el agua a los peces, clama por afecto y cariño maternos, no descubre en el progenitor los mejores valores éticos, humanos y espirituales, que el padre está en la sagrada obligación de transmitirle, ya que —además de presentar adicción al alcohol— es, en ocasiones, violento en la relación filial con el hijo pre-adolescente. No obstante, al público que se solidariza con la azarosa existencia de Berto, no le queda la más mínima duda de que Tomás quiere con todas las fuerzas de su ser al fruto de su abortada relación conyugal con Fidencia, y por consiguiente, le demuestra —a su manera— con cuánta intensidad lo ama y está dispuesto a dar la vida por él…, si fuera necesario.

En un momento cumbre de la acción dramática, aparece en escena la madre con la marcada intención de llevarse a Berto con ella a residir en el “american way of life”, lo cual desencadena fuertes discusiones con Tomás en presencia del niño y de la maestra, cuya intervención en esa cinta se circunscribe a cumplir lo pautado en el guión escrito por Pavel Alejandro. Por lo tanto, estoy en desacuerdo con el colega de la prensa plana que la califica como “un personaje incompleto […], que solo [desempeña] el papel de comodín […]”.  ¿Qué más puede hacer una maestra en medio de un candente conflicto familiar de esa envergadura? Ella solo hizo lo que estaba a su alcance: apoyar emocionalmente a Berto…, y nada más.

El final es el esperado en este tipo de audiovisual, donde lo afectivo-emocional desempeña una función básica indispensable: el chaval optó por quedarse en Santa Cruz del Sur con el padre: fue su elección libre y soberana, sin que nadie (la madre o el padre) ejerciera ninguna presión sobre él. La hoja de caleta deviene un símbolo para pronosticar el final que tendrá ese largometraje, tan bien acogido por los cinéfilos y la prensa especializada.

Me parece que, en esta ocasión, tanto el guionista como los directores de La hoja de la caleta, apuntaron bien y dieron en el centro de la diana.