La imagen que siempre acude

La imagen que siempre acude

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Memorial José Martí, Comandante Ernesto Che Guevara
  • Liborio Noval acude a su vez con su magistral secuencia fotográfica, donde Guevara lente en mano encuadra el perfil de Fidel. Foto: Cortesía del curador Víctor Manuel Quijano Castiñeiras
    Liborio Noval acude a su vez con su magistral secuencia fotográfica, donde Guevara lente en mano encuadra el perfil de Fidel. Foto: Cortesía del curador Víctor Manuel Quijano Castiñeiras

Una imagen trascendental para la cultura visual de la Cuba contemporánea ha resultado ser el rostro del Che. La hermosa y emblemática foto, realizada por Korda, con posterioridad reproducida por el editor italiano Gian Giacomo Feltrinelli, fue hacedora de innumerables caminos, y parece no descansar aun cuando la visualidad postmoderna planteé otros derroteros estéticos. Quiérase o no, lo icónico es perenne. Lo icónico es hermoso por antonomasia, y subyuga, porque el hombre venera y sacraliza una imagen cuando esta le inspira esa fe necesaria para sobrevivir y sobreponersea su caos espiritual y existencial. La poética de lo inconsciente también anida en lo icónico. Con su sentido protector el símbolo se impone más allá del tiempo, recircula en la concienciacolectiva generando reinterpretaciones, y apropiaciones personales que a su vez hacen nacer otras imágenes. Para nuestro regocijo estético y emancipador, tal suerte ha corrido la figura guevariana, al verse una y mil veces retomada por nuestros artistas para luego emerger en diversas técnicas y soportes. Inaugurada por el poeta Miguel Barnet Lanza, Presidente de la UNEAC La imagen que no cesa, exposición colectiva, que por estos días exhibe el Memorial José Martí, resulta ser una muestra fehaciente del eterno resurgir. Ideada por el curador Víctor Manuel Quijano Castiñeiras, quién logró reunir a un grupo de artistas visuales de diversas tendencias y generaciones bajo el concepto curatorial “contemporáneo Che”, nos propone un intenso diálogo con la figura paradigmática de un hombre adherido con su boina y su estrella a la piel de nuestro tiempo. Para esta resurrección se toman como asideros el lienzo, la madera, la cartulina, los proyectiles y la música, desatando con la pluralidad de dichos materiales la visualidad de un fenómeno estético, siempre lírico y aglutinador; porqué el Che también es esa raíz materica que el arte arrastra en su decursar. 

Fue Guevara un artista incipiente. Su afición por la fotografía y la literatura lo corroboran. Así como echó su suerte con los humildes, también le abrazaron las artes, sirviendo de humano germinal para un discurso plástico que no coquetea con la atemporalidad ni el escepticismo, pues alimenta la génesis del compromiso con la redención social, en momentos en los que el arte contemporáneo apuesta  por la desacralización del símbolo y el manejo de recursos y lenguajes estéticos que rayan en la incomunicación con el espectador. Esto significa que el eje curatorial de La imagen que no cesa, enfoque su mirada hacia un arte comprometido, realizado a su vez, por un grupo de artistas poco visualizados, pero gallardos en el oficio de recrear con sus manos al ícono emancipador de los sesenta. Si las piezas realizadas en diferentes técnicas, soportes y formatos, logran dialogar con armonía, en su afán por mostrar cuan profundo ha calado la impronta del Che, se debe a que este diálogo se encuentra respaldado por un sólido trabajo de investigación histórico-documental, que sugirió a su curador no soslayar la presencia de los maestros Raúl Martínez y Liborio Noval, quienes en las artes plásticas así como en la fotografía, sentaron cátedra en el tratamiento de la imagen del Che Guevara. Esta vez Raúl Martínez nos aporta un Che tan lírico como emancipado del lastre de la muerte, al emerger desde el “pop” acompañado por su estrella, en franca alegoría a la victoria. La pequeña pieza de 1970, realizada con la técnica del grabado, fue iluminada por el autor, y tiene como antecedentes las obras tituladas Guerrillas, de 1967 y Fénix, de 1968, donde el rostro del guerrillero se multiplica por ser parte de la esencia colectiva. Liborio Noval acude a su vez con su magistral secuencia fotográfica, donde Guevara lente en mano encuadra el perfil de Fidel. Asociación producida por la pupila que escruta sobre la fotografía plata gelatina de 1964. El espectador guiado por la pericia narrativa de la curaduría, acata la secuencia con naturalidad, por ser ésta, una escala ineludible.

La imagen de nuestro Che, se asocia por legítimo derecho a causas emancipadoras, y ocupa un rol protagónico dentro del quehacer revolucionario de las izquierdas. Asumir su símbolo, incluso por dictado de la moda, implica una toma paulatina de conciencia, de la que los artistas del patio nunca han sido ajenos. El arte también reinserta y contextualiza la ideología. En los ya lejanos años de la década del sesenta iconografiar al Che, resultó imprescindible. La pujante Revolución Cubana como hecho político-social y cultural generó de forma espontánea y cotidiana  un cúmulo de imágenes memorables. Se estaba pues ante un hecho renovador cuya visualidad no tenía precedentes. Como afirmara el crítico e investigador Rafael Acosta de Arriba, en sus palabras introductorias al catálogo: “los líderes rebeldes cubanos que surgieron a la escena mundial en enero de1959 presentaban una visualidad romántica sumamente atractiva. En medio de ese espectáculo visual que fue la Revolución Cubana en sus inicios, surgió la potente imagen guevariana. Estamos hablando de un hombre dueño de una gran intensidad simbólica a la que el arte no fue esquivo sino todo lo contrario. ”

Guevara también posee un rostro “naif” salido de las manos del artista Roberto Crispín Bermúdez. La pieza titulada Seremos como él, me retrotrajo a la infancia, cuando cada 8 de octubre saludábamos la efigie del Guerrillero Heroico, invadidos por un limpio canto de esperanza y emoción. Hermoso sin lugar a dudas resulta aquel rostro “naif”, que parece desprenderse  de sí mismo para ser recreado por las manos infantiles. Lester Campa, con su obra titulada Soñadores asume sin ambages a su ícono musical, Jon Lennon, insertando su rostro también paradigmático dentro del contexto de la fotografía de Korda. Simbolismo que no subyace, porque adquiere una fuerza expresiva casi hiperrealista.

Rompe este guión curatorial con la representación manida de la imagen, al proponer dentro de su lógica expositiva algunas piezas abstractas e instalativas. El artista Manuel Comas Labrada concentra su reflexión sobre el tema con el manejo de las texturas sobre un lienzo de grandes proporciones. Podría pensarse que la abstracción solo reserva sus códigos para desatar polémicas disquisiciones conceptuales; pero en el aire de la pieza de Comas Labrada subyace el magno espíritu del sacrificio final, expresado a través de la relación coherente  entre el color y el símbolo. Sin llegar a proponernos una atmósfera luctuosa con sus tonalidades monocromáticas, esta obra estremece y subyuga a la imaginación, pues justo al centro, como cubierto por un velo inmaterial está rostro del guerrillero hecho fragmentos.

La imagen que no cesa nos proporciona la oportunidad de disfrutar y reflexionar desde las artes visuales sobre el poder simbólico de un hombre cuya virtud más elevada fuera el sacrificio.Frente a la genuina apropiación del ícono perece lo dogmático, silenciado por la pluralidad visual contemporánea que reinterpreta la imagen que siempre acude como nuestro pan de cada díasin renunciar a su dimensión universal. Es nuestro Che el mentor espiritual que nos precede y presta su rostro para  acompañarnos en lavigilia esclarecedora que requiere el presente. Entonces, para el arte todo esfuerzo resultará oportuno cuando se trate de homenajearlo, no desde la solemnidad, sino con la introspección convincente.

Por: David López Ximeno