La ínsula a todo color

La ínsula a todo color

Etiquetas: 
: Plásticos
  • Obra de Daniel Madruga. Foto de la autora
    Obra de Daniel Madruga. Foto de la autora

Dentro de la tradición de la historia del arte, sobre todo en el arte cubano desde la etapa de las vanguardias el color ha sido un elemento vital tanto desde el punto de vista de la recepción de las obras artísticas como por su cualidad para denotar o connotar cada pieza en un momento determinado.

Si se hace un recuento, ha sido este elemento uno de los más socorridos y en el tratamiento formal de las maneras de dibujar o representar la ciudad y la ínsula. Las soluciones de los artistas incluso han marcado rupturas dentro de los modos anteriores y distinciones con respecto a los cánones de movimientos internacionales.

Puede recordarse el rojo intenso y las gruesas pinceladas de René Portocarrero en sus series de diablitos y de espacios de la ciudad y los balcones y bodegones a partir de la síntesis visual de Amelia Peláez, etc. Es esta una labor que en los tiempos que corren es continuada por varios artistas, mención especial merece la artista Rocío García con su taller Las nuevas fieras, llevado a cabo desde las aulas de la Academia Nacional de Artes Plásticas San Alejandro donde se ha rescatado la marca principal del fauvismo: la liberación del color de la línea.

Esta tradición, aún palpitante entre los artífices del patio, se mantiene activa en producciones de artistas emergentes que han desarrollado su producción en los últimos diez años, alcanzando notoriedad en la escena cultural y los circuitos de exhibición de la isla y cuya producción se ha constituido en una suerte de documento rizomático. Documento que ha tomado el pulso a porosos fenómenos del espacio social convirtiéndose estas en piezas portadoras de una especial sensibilidad epocal, ya sea desde la elección de una postura "evasiva" o la reflexión desde el más racional análisis conceptual.

Precisamente por su manera de renovarse a sí mismo y quebrar la obediencia estética, es que el arte y los artistas emergentes se muestran hoy ante los críticos como una latente inquietud para los sentidos, debido a la pluralidad de soluciones estéticas y a los caminos para ofrecer cual detonadores de un prisma de sentido otras maneras de entender los sucesos sociales. Además, en varias ocasiones se detecta no sólo una búsqueda de un camino formal, sino la traslación de parte de la vivencia del sujeto artístico a las obras. Siguiendo este contexto específico se han desarrollado líneas de trabajo muy atendibles, que por su valor desgloso de la siguiente manera:

Un componente escénico, relacionado con nociones performáticas en Yoxi Velázquez, quien continuara esta línea de trabajo después de ser parte del ejercicio pedagógico llevado a cabo por el Premio Nacional de Artes Plásticas René Francisco Rodríguez, conocido como la 4ta Pragmática. A esta tendencia, le interesa más el orden ético o humano de la creación que una estética relamida, el carácter efímero y procesual de la obra, y en ocasiones se crean puentes con disciplinas de las ciencias sociales y la antropología.

Un parte importante en su quehacer es, sin dudas, su participación en Ciudad generosa, intervención que tuvo lugar durante XI edición de la Bienal de La Habana. Dentro de Ciudad Generosa en su espacio Banco de Nubes llevó a cabo tres acciones que invitaban al público primero, a compartir de acuerdo a presupuestos muy ligados al arte relacional; segundo, un proceso introspectivo dentro del escenario creado que aludía a los afectos y finalmente, en el marco de la ciudad su cuerpo atrapado por el entorno al estar bajo un círculo de cristal como parte de la serie Sueños inconclusos. En todas estas piezas destaca la presencia recurrente del blanco en su vestuario, aludiendo al espacio de pureza de los sentimientos y potenciando así que tenga el entorno con todos sus contrastes otro componente en la percepción de la acción.

El camino del performance lo seguiría después. Circunstancia (2010), Rezos (2011) y Open (2013); tres acciones performáticas que ilustran la filiación de su trabajo a temáticas sociales al tomar como punto de partida fenómenos de esta arena. En Circunstancia, interesa la idea de descolocación o relación del ser con un espacio impuesto y cómo el cuerpo no soporta la presión; mientras Open presenta al cuerpo como un objeto vendible, abierto a una transacción comercial.  En el primero, vuelve la relación entre el blanco del vestido y el azul del medio acuoso y en Open todo el discurso se refuerza a partir del cartel lumínico rojo que enfatiza el mensaje “abierto”.

Una vuelta al conceptualismo, en este caso, incluso, desde una de las más antiguas manifestaciones, el dibujo, en Daniel D. Madruga cuya producción se vale del tropo, lo mitológico y la provocación para indagar en varios comportamientos y acciones de los sujetos sociales. Madruga, hace uso de un grupo de animales que saca de sus contextos habituales, la propia sensación de extrañamiento incita a la reflexión de quienes los contemplan.

Dentro del arte cubano contemporáneo, tan plural y dinámico, este artista tiene la osadía de apostar por el dibujo. Para Madruga el dibujo es herramienta, arma y camino. La historia es analizada, en aspectos de la vida social contemporánea, desde ecos y hechos del pasado o en tenebrosas representaciones futuristas. La historia anterior, reciente, el temido futuro, está contenida en su trabajo. 

Daniel continuamente se ha interesado por proponer en sus obras una mirada crítica del universo social. Escudriñar en el ser social para entenderlo y cuestionarlo en busca de imágenes  que delaten sentimientos extraviados, contenedores de una realidad casi nunca mostrada que resulta el espejo interior de la conciencia humana, símil de la conciencia y comportamiento social, ese es su objetivo.  

Madruga, se apropia de la ironía y del chiste, de la violencia y del amor como su contrapartida, del deseo devenido en sueño, del miedo y sus metáforas y de las ansias de poder, para elaborar su discurso. Provoca así una duda, desde el absurdo o lo caótico. En el dibujo sobre cartulina los contrastes son el habitual blanco y negro, pero cuando lo aborda desde el lienzo su carácter cambia, deja de ser puro ornamento o completamiento de fondos y sombras para trastocar las funciones y ambientes de cada animal.

Por otro lado, destaca un trabajo desde operatorias que remiten a modos y códigos del lenguaje cinematográfico. Característica que condiciona el proceso de recepción en busca de lograr un receptor más activo, tal es el caso de Darwin Estacio. En las obras de Darwin los formatos varían, de acuerdo a su deseo de ofrecer mayor o menor información sobre los personajes y los espacios y así hacer más intenso el suspense y la dramaturgia de la escena. De ahí que Darwin apele al encuadre como herramienta para reducir o ampliar la información acerca del personaje y que prefiera tonalidades más contenidas como amarillos y colores tierra que hace que la atención se centre en el asunto central, en el orden interno de la escena.

Una postura del disfrute del acto puro de la creación pictórica, en una subjetivación profunda de la creación para sí y desde los códigos del neopop, la bad painting, el fauvismo de inicios del siglo XX se da cita en las creaciones de Miguel Alejandro Machado. Una producción que gusta de los grandes formatos, y que contiene un gran poder narrativo.

En la poética de Migue en los últimos tiempos ha tomado gran importancia el componente narrativo a partir de personajes creados como centauros y cebras que se enfrentan en cruentas batallas resueltas a base de gruesos empastes. En sus obras pueden encontrarse múltiples citas a la historia del arte en los banquetes, paisajes que a ratos remiten a lo mitológico o la gracia del rococó. Sin embargo, dentro de esa confusión de formas y color el artista muestra su capacidad para el complejo arte pictórico.

 En su caso el color es portador de energía, crea las atmósferas, permite las veladuras, ofrece datos o mantiene el suspense. Capa a capa Machado pone ante nuestros ojos un mundo de criaturas que son completamente ficcionales y que obliga a detenerse en la historiografía hasta con cierta nostalgia. No es la lucha sangrienta lo que nos ata, en su dinamismo, lenguajes pasados y argucias del presente es que reside su complejidad.

Parte de esta cátedra de las Nuevas Fieras fue también el joven Maikel Sotomayor sin embargo, en su trabajo actual toda esa intensidad ha sido atemperada para dar paso a una paleta que apuesta más por verdes, azules, amarillos. Sotomayor, se ciñe al paisaje como parte de sus planos de vivencia que vuelca en cada lienzo o cartulina.

Sus aventuras por diferentes parajes de la geografía insular son narradas, pero apelando a una alta síntesis-sólo finas líneas y pinceladas de color-y desde las marcas estilísticas del neoexpresionismo. Por tanto, no se busca un paisaje realista, más bien captar la huella que la vivencia deja en el artista.

Un amplio diapasón de color aporta veracidad y atractivo visual a las producciones de Henry Crespo, joven matancero que centra su discurso en la representación de las populares cajas plásticas de envasar donde se transportan diferentes alimentos en los almacenes y puestos expendedores cubanos. Crespo, al tiempo que representa los elementos invita al espectador a recordar el propio proceso que sufre el objeto en la realidad.

También desde el paisaje, pero esta vez a partir de la obsesión de recuperar su memoria van haciéndose atendibles los trabajos de Gerardo Liranza. Liranza prefiere una paleta de grises, blancos y suaves azules donde las fábricas abandonadas suelen tener un rol protagónico. Retoma el paisaje consciente de su tradición, pero sin estériles nostalgias y desprendido del lenguaje de la academia.  Su fin, ser fiel cultor de un género que ha probado que aún puede ser valioso, incluso para poéticas que partan de la investigación histórica, si no se tiene miedo a sacudirle el polvo.

Estos artistas constituyen un botón de muestra de las disímiles tendencias o caminos que transita el arte cubano donde ya se ha probado que en la diferencia, lo divergente de los temas, y soluciones estéticas reside la clave para desentrañar los misterios de una ínsula a todo color.