La literatura canadiense en Cuba (+ Programa FIL 2017)

Feria Internacional del Libro, Cuba 2017

La literatura canadiense en Cuba (+ Programa FIL 2017)

Etiquetas: 
Feria Internacional del Libro 2017, Canadá, Literatura, Literatura extranjera, literatura cubana
  • La próxima Feria Internacional del Libro de La Habana recibirá una amplia muestra de literatura y arte canadiense.
    La próxima Feria Internacional del Libro de La Habana recibirá una amplia muestra de literatura y arte canadiense.

Programa UNEAC Feria del Libro de La Habana 2017

Programa Feria del Libro de La Habana 2017

Homenajeará a Fidel Feria Internacional del Libro de La Habana

Si afirmáramos que la literatura canadiense no es tan conocida en el país como debiera ser dado el intenso intercambio turístico y económico que ha venido ocurriendo en los últimos años, estaríamos reconociendo una realidad que merece transformarse y, a la vez, profundizar en los factores que la han condicionado.

La próxima Feria Internacional del Libro de La Habana recibirá una amplia muestra de la literatura y las artes de Canadá, como país invitado. Ello contribuirá, junto con la presencia de una delegación representativa, al intercambio y mejor conocimiento de la cultura respectiva de ambos países.

Una obra que fue como apertura al escenario de la literatura de habla inglesa de Canadá se publicó en Cuba en 1997 en una coedición de Ediciones UNIÓN de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, con el auspicio de los escritores Margaret Atwood y Graeme Gibson. El título Desde el invierno veintitrés cuentos canadienses, contó con un magnífico diseño de cubierta y contracubierta, y la traducción de los textos fue obra de Blanca Acosta Rabasa, María Teresa Ortega Sastriques y Esther Muñiz de las Cuevas.

Un aspecto que se merece destacar y agradecer es la Presentación de los autores y las traductoras, pues permite una visión integral de autores/obra. Después de la lectura de los cuentos y fragmentos de novelas de estos autores vivos de habla inglesa, queda la insatisfacción por no contar con una obra que reflejara la otra parte del país de habla francesa.

Entre los autores seleccionados se encontraban Alice Munro (n. 1931) y, por supuesto, Maragaret Atwood (n. 1939) y Graeme Gibson (n. 1934).

La Academia Sueca otorgó el Premio Nobel de Literatura en el 2013 a Alice Munro, que ya había sido nominada en años anteriores. Cuando recibió este galardón, la Munro se convirtió, a los 82 años, en la décimo tercera mujer en recibir el Nobel de Literatura, y Canadá pasó a ser uno de los 22 países cuyos ciudadanos habían recibido el galardón una sola vez. En toda la historia del Premio de Literatura hasta el 2013 lo habían recibido 110 autores.

El premio fue otorgado a Alice Munro por ser, según la Academia, “maestra del cuento corto contemporáneo”. Y, efectivamente, aunque ha publicado novelas, la numerosa producción literaria está integrada por cuentos y relatos.

Los lectores cubanos pueden disfrutar el cuento "Meneseteung" de esta autora que aparece en la colección citada Desde el invierno. La misma aborda una historia que se retrotrae al siglo XVIII y termina a principios de 1900, con una extensión de 22 páginas, y que está fragmentada en seis narraciones.

Margaret Atwood, escritora destacada y activista política, con una prolífica producción literaria, es más conocida en Cuba, pues ha mantenido, junto a su esposo Gibson, una relación de trabajo y de afectos con la isla que han visitado varias veces. Además la Editorial Arte y Literatura ha publicado su novela En la superficie y El quetzal resplandeciente y otros relatos. En 2008 recibió el Premio Príncipe de Asturias de Letras y en varias ocasiones ha sido nominada para el Premio Nobel de Literatura. En Desde el invierno aparece su cuento El fracaso del Labrador.

Atwood y Gibson, en una sucinta "Introducción" al libro Desde el invierno, se encargan de aportarnos las claves que caracterizan las influencias de los Estados Unidos sobre Canadá y, por supuesto, sobre su literatura, y es uno de los factores que limita la proyección de la misma hacia América Latina y otras partes del mundo. Afirman que “los Estados Unidos de América separa a los canadienses de los países y culturas de América Latina y el Caribe. Cuando miramos al sur –lo que en el Canadá hacemos con bastante frecuencia–, los Estados Unidos bloquean nuestra mirada. Lo mismo ocurre cuando los latinoamericanos levantan la vista hacia el Norte. Como resultado de ello, canadienses y latinoamericanos conocen demasiado poco unos de otros”.

También los autores se refieren a diversas características distintivas de Canadá, y califican a Toronto como “la ciudad más cosmopolita del mundo, la antaño ultraconservadora Toronto la Buena”. Y a continuación reflexionan sobre esa confluencia de habitantes y de historias posibles: “Si se escribe sobre Cuba, ¿ha uno escrito una historia cubana? Si un cubano viene al Canadá y escribe una historia sobre ese lugar, ¿es una historia cubana, canadiense o de ambos países? ¿Es una historia “canadiense” una historia sobre el país, una historia escrita por uno de sus ciudadanos o algo por completo diferente? Este es un problema de autodefinición, privativo de los países del Nuevo Mundo, pero según las personas van pasando de aquí para allá y de nuevo para aquí, en ocasiones sintiéndose cada vez más y más incómodas y desenraizadas, van convirtiéndose simplemente en el estado del mundo”.

En mi visita a Canadá y durante la estancia en la ciudad de Toronto pude constatar ese comportamiento delicado y la esmerada cortesía de los canadienses, capaces de disculparse por el más mínimo roce físico y respetar, con una calma sorprendente, la prioridad de los peatones en las vías, así como cumplir otras normas de urbanidad. Atwood y Gibson lo explican de la forma siguiente: “Tal vez por la necesidad de trabajar juntos en un entorno hostil, a los canadienses se les conoce por una cortesía pública que muchas veces ha sido objeto de comentarios e incluso de bromas…”.

De la estancia en Canadá algo memorable fue la visita a las cataratas del Niágara, y el recorrido por esos parajes con sus granjas, huertos, viñas y sitios históricos.

Era octubre y el otoño imprimía sus asombrosas tonalidades al paisaje. Me sentía hechizado por aquel mundo fantástico de colores entre amarillo y rojo. Al llegar a las cataratas, pensé en Heredia y en su canto al Niágara. Era un espectáculo imponente, con las impresionantes vistas de las gargantas, remolinos y corrientes.

Los turistas se dispersaban por los miradores y trataban de captar con todas sus sensaciones la fantasía y belleza del paisaje. Después contemplábamos un arco iris y sentíamos de frente las salpicaduras del agua esparcida por los saltos enormes.

Con esta visión y remembranza, saludamos la presencia próxima de Canadá en la Feria 2017 de La Habana.