La literatura, el cine, el periodismo, La Gaceta de Cuba

Conversación con Arturo Arango

La literatura, el cine, el periodismo, La Gaceta de Cuba

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  • Arturo Arango, subdirector editorial de La Gaceta de Cuba, desde 1996.
    Arturo Arango, subdirector editorial de La Gaceta de Cuba, desde 1996.

Arturo Arango —me dijo una vez Norberto Codina— “ha reivindicado el periodismo cultural en todo momento. Arturo tiene tres libros publicados en que los textos que ahí incluye son una mezcla de ensayo, artículos, crónicas…”.

Narrador, ensayista y guionista de cine, Arturo Arango (Manzanillo, 1955) se integró a La Gaceta de Cuba cuando, en 1986, Lisandro Otero —junto con León de la Hoz y Carlos Martí— convocó a una veintena de intelectuales, entre ellos Raúl Hernández Novás, Ángel Escobar, Reina María Rodríguez, Senel Paz, Francisco López Sacha y Miguel Mejides, para constituir un consejo editorial cuyo primer acuerdo fue, precisamente, que la revista, llamada en el primer lustro de los 80 La Nueva Gaceta, retornara a su nombre original: La Gaceta de Cuba.

Desde entonces su relación con La Gaceta… ha sido creciente y constante, siendo desde 1996 subdirector editorial de una revista que ha cartografiado para bien el devenir sociocultural de la Nación.

Autor de diversos libros de ensayos, entre ellos Reincidencias y Segundas reincidencias; novelas como Una lección de anatomía, El libro de la realidad y Muerte de nadie; los libros de cuentos Salir al mundo, La vida es una semana, La Habana elegante, ¿Quieres vivir otra vez?, Segundas vidas y Vimos arden un árbol, además de varias antologías del cuento cubano y guiones de cine como los de Lista de espera, Aunque estés lejos y El cuerno de la abundancia, en colaboración con Juan Carlos Tabío, y Al borde del río, en conjunto a Xenia Ribery, lo convierten en uno de los intelectuales imprescindibles para moldear e intentar comprender el discursar de la cultura cubana.

Con la buena excusa de dialogar sobre La Gaceta de Cuba, revista que este 15 de abril arriba a su 55 aniversario, y los caminos y bifurcaciones del periodismo cultural cubano, conversamos acortando distancias vía correo electrónico.

Arturo, ¿ha sido objetivo de La Gaceta de Cuba potenciar una perspectiva periodística de la cultura cubana? ¿Qué factores median en el discurso periodístico de revista?

No es exactamente periodística. Es una combinación de periodismo y ensayo. En su nacimiento, La Gaceta de Cuba era más periodística. En su renacer, en 1992, tuvo varias transformaciones. Siendo bimestral y de 48 páginas, en un momento la economía de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) permitió hacerla mensual con 32 páginas o llevarla a 64 y que apareciera cada dos meses. Norberto Codina, Leonardo Padura y yo, que conformábamos el equipo de redacción, optamos por lo segundo, justamente para poder publicar textos de mayor alcance. Es una revista de actualidad, pero aspiramos a que no sea tan efímera como un diario o una cartelera. Me da mucho gusto cuando compruebo que un estudiante universitario la emplea como bibliografía en sus estudios.

¿Cuál es el tratamiento de la temática literaria en las páginas de La Gaceta...?

No hay una preconcepción de ese ni ningún otro tratamiento. Intentamos mantenernos al día, detectar y entender los cambios que suceden en la cultura cubana. Ese devenir es el que nos va dictando la manera de pensar los asuntos o de buscar los textos que publicaremos.

¿Cómo se seleccionan los temas tratados? ¿Cómo se conforma un número en lo relativo a autores y temáticas?

En buena medida, cada número se conforma según los trabajos que tenemos en la mano. Algunos de esos trabajos nos llegan espontáneamente, aunque esta palabra hay que entenderla con cuidado. Tenemos un amplio espectro de colaboradores que conocen la revista y saben qué tipo de trabajo o de tema nos pueda interesar. Es una espontaneidad condicionada por la trayectoria de la misma revista. Otra parte de los trabajos ha sido encargada previamente, y los encargos dependen de nuestra voluntad para que sea tratado determinado asunto, para rescatar o rendir homenaje a una figura, a un proceso. De nuevo: todo depende del día a día.

¿Trata de ser representativa La Gaceta... en cuanto a las posiciones artístico-literarias que se producen en la Isla?

Tratamos, aunque no sé si siempre lo logramos. Siempre está el riesgo de que perdamos el norte. En ello influye también la conformación del equipo, donde hay personas más cercanas a la literatura, o a las artes visuales, o al cine. En mi caso, por ejemplo, en estos años más recientes he estado mucho más al tanto de lo que sucede en el cine cubano que de la literatura. He visto casi todo de lo que hacen los jóvenes dedicados al audiovisual, y en cambio desconozco muchos de los nuevos nombres que han ido apareciendo en las letras.

También están las preocupaciones que aparecen en los trabajos que nos llegan. Con frecuencia, un dossier se organiza a partir de uno o dos textos que tratan de un problema, un tema que nos parece importante. A partir de ese núcleo vamos convocando otros textos, otras miradas complementarias.

¿Cómo valora la práctica de la crítica cultural en las publicaciones especializadas cubanas?

No sé qué entiendes por crítica cultural. Hay una crítica digamos ejecutiva, que debería corresponder a los medios más masivos: al espectáculo tal no fue público porque estuvo mal divulgado. Creo que te refieres a la crítica especializada, es decir, a la que se ocupa de comprender y valorar las obras. No hay muchas revistas especializadas en Cuba, y menos críticos especializados. Es curioso: en el cine, hay casi tantos críticos como directores o guionistas. Pero, ¿quiénes son los críticos literarios a quienes todos, o la mayoría, respetan? ¿Quién sienta cátedra y desde dónde? En las artes plásticas también ha habido voces notables: Gerardo Mosquera, Rufo Caballero, entre los que en algún momento fueron muy sistemáticos, y Desiderio Navarro, Orlando Hernández, y otros muchos, entre los que han ejercido la crítica de arte más ocasionalmente. Ahora mismo, me interesan mucho los comentarios de Hamlet Fernández en el Noticiero Cultural. Es buen comunicador y dice juicios muy personales y casi siempre bien fundamentados. ¿Quién sería su parigual en la literatura? No existe. Y las letras en Cuba tienen una mayor tradición, y mayor madurez, que las artes plásticas o el cine.

¿Particularmente en La Gaceta… cómo se manifiesta la crítica especializada en temática literaria?

No hay una sistematicidad pensada desde la revista. Se publica lo que nos llega, y pocas veces lo que hemos encargado. Es contradictorio, porque quisiéramos encargar más, pero entonces no tendríamos espacio para publicarlo. Con lo que recibimos, y alguno que otro encargo, se sobrepasan las siete u ocho páginas dedicadas a la sección.

¿Tiene la publicación determinados patrones en cuanto a los géneros periodísticos que se publican en sus páginas?

Como dije antes, tratamos siempre de publicar ensayos, que no es exactamente un género periodístico. Y creo que nos caracteriza cierto tipo de entrevista de fondo, que va más a la personalidad, al carácter y la trayectoria del entrevistado que a su actualidad inmediata.

¿Observa un desarrollo armónico entre las reseñas, artículos y ensayos de temática literaria que se publican en La Gaceta de Cuba?

No siempre, como he dicho antes. Depende del número, de las circunstancias.

¿Hay géneros favorecidos y géneros discriminados por la crítica literaria cubana?

No la leo en todos los espacios como para poder darme cuenta.

¿Qué relación establece usted entre el nivel actual de la literatura cubana y la recepción de la misma por nuestra crítica literaria?

Insisto: me he desactualizado mucho últimamente. Yo mismo, en este minuto, no sé por dónde anda la literatura cubana.

¿Arturo, cómo evalúa la situación actual de nuestra crítica literaria en relación con el periodismo nacional?

No creo que la crítica literaria sea exactamente una forma de periodismo. Se ha discutido si la crítica es literatura, o si es un género ancilar (diría Reyes). Lo que me espanta es escuchar a periodistas sin idea de nada intentando crítica literaria o de arte. Con frecuencia, en los noticieros de la televisión aparecen los corresponsales de las provincias o periodistas culturales emitiendo juicios sin pies ni cabeza. Juicios que, imagino, a veces están determinados por la intensidad de los aplausos en un teatro, o por el subrayado político de un libro o un autor, entre otros factores.

¿Qué debe caracterizar la crítica literaria asumida por La Gaceta...?

La Gaceta… quiere ser (y creo que lo logra) una revista especializada. La pensamos para una amplia minoría: la de quienes formamos parte del campo cultural. Por eso las críticas, aunque breves, no deberían ser periodísticas. Quisiéramos que fueran serias, que estuvieran bien fundamentadas, que no atendieran a factores extraliterarios y que estén escritas en buen español, es decir, que no se atasquen con el lenguaje académico, muchas veces estéril.

¿Dónde estarían las deficiencias en el sistema de la crítica literaria cubana?

En la falta de estímulo a los críticos, y de espacios de mayor difusión. Siempre se ha reclamado una publicación masiva. En el mundo, los periódicos suelen tener suplementos donde los críticos publican habitualmente. Una publicación como La Letra del Escriba debía tirar 30 mil ejemplares y estar todos los meses en todos los estanquillos.