La magia de la danza

La magia de la danza

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  • La magia de la danza en escena por Dani Hernández y Anette Delgado. Foto: Nancy Reyes
    La magia de la danza en escena por Dani Hernández y Anette Delgado. Foto: Nancy Reyes

La magia de la danza es el título del espectáculo que, en calidad de reposición, el Ballet Nacional de Cuba (BNC) está presentando en la sala García Lorca del Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso; antología que recoge momentos culminantes de lo más representativo del arte coreográfico del siglo XIX, en versiones paradigmáticas que constituyen una muestra del respeto y creatividad con que la Escuela Cubana de Ballet (ECB) enfrenta la tradición danzaria universal.

Con el discurrir del tiempo, el ballet —expresión artística que cumple cuatro siglos de existencia— ha enriquecido y ampliado sus proposiciones escénicas. En esa trayectoria, dos momentos se consideran fundamentales en el siglo XIX: el Romanticismo y el Clasicismo; etapas en las que creadores de la talla excepcional de los maestros Coralli, Perrot, Saint-Leon, Petipa e Ivanov, entre otros, legaron a la historia del arte de las puntas obras emblemáticas incluidas en la Magia de la danza.

El programa artístico incluye escenas de las obras Giselle, La bella durmiente del bosque, Cascanueces, Coppelia, Don Quijote, y El Lago de los Cisnes. Versiones coreográficas realizadas por el genio inimitable de la prima ballerina assoluta Alicia Alonso, miembro de honor del Consejo Internacional de la Danza.

Los papeles protagónicos son interpretados por los primeros bailarines Anette Delgado, Dani Hernández y Alfredo Ibáñez. Dichas presentaciones tienen un atractivo particular, ya que marcan el debut de un importante grupo de danzarines: Estheysis Menéndez, Premio UNEAC de Interpretación 2015, Grettel Morejón, Jessie Domínguez, Ginett Moncho, Ivis Díaz, Aymara Vasallo, Chanell Cabrera, Cynthia González, Adrián Masvidal, Yankiel Vázquez, Manuel Verdecia, Ariel Martínez, Rafael Quenedit, Patricio Revé y Raúl Abreu.

Artistas muy bien secundados por solistas e integrantes del cuerpo de baile de una de las mejores compañías del orbe. Las funciones cuentan con el acompañamiento musical de la Orquesta Sinfónica del Gran Teatro de La Habana «Alicia Alonso»; agrupación que dirige el maestro Giovanni Duarte.

Esas figuras insignia del BNC le imprimen a su forma de bailar el sello inconfundible que las identifica en cualquier escenario nacional o foráneo. Y, además, ofrecen pruebas elocuentes de que dominan, tanto la técnica académica, como el complejo arte de la interpretación teatral; factores fundidos en cálido abrazo en ese contexto coreográfico y dramatúrgico por excelencia, y devenidos las dos caras de la misma moneda.

Por otra parte, son fieles al estilo romántico o clásico en que se inscriben las obras coreográficas que llevan a las tablas del Coliseo de La Habana Vieja; en consecuencia, captan al vuelo el espíritu que las inspirara, y que respondía —íntegramente— a la época socio-histórica en que fueran concebidas por sus geniales creadores.

Otro elemento significativo que se puede apreciar en esos discípulos aventajados de la ECB es que perciben como una necesidad interior el valor del movimiento que, en la danza clásica, al igual que en las demás artes escénicas, existe como una relación hacia, desde y con el esquema corporal como referente básico indispensable.

Vehículo expresivo que, al no circunscribirse solo a lo puramente físico, requiere estar afinado, o sea, en perfecta armonía con el acople cuerpo-mente-espíritu en que se estructura la danza clásica.

El rigor artístico-profesional que distingue a los jóvenes talentos del ballet cubano y universal sugiere la idea de que, en el punto en que confluyen movimiento y quietud, es —precisamente— donde convergen lo efímero y lo eterno. En el arte de la interpretación danzaria, por ejemplo, no solo se trata de la individualidad aislada, sino de la personalidad como un todo integrado, y en estrecha comunicación con el espíritu cósmico. Ahí radica, en esencia, la verdadera magia de la danza.