La “Maka” de Rogelio Martínez Furé

Momentos significativos de la UNEAC en el 2015

La “Maka” de Rogelio Martínez Furé

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La Maka, Rogelio Martínez Furé, sala Villena, UNEAC, cultura cubana
  • Rogelio Martínez Furé en su habitual espacio La Maka en sala Rubén Martínez Villena de la UNEAC. Fotos: Camilo García López-Trigo
    Rogelio Martínez Furé en su habitual espacio La Maka en sala Rubén Martínez Villena de la UNEAC. Fotos: Camilo García López-Trigo
  • Rogelio Martínez Furé en su habitual espacio La Maka en sala Rubén Martínez Villena de la UNEAC. Fotos: Camilo García López-Trigo
    Rogelio Martínez Furé en su habitual espacio La Maka en sala Rubén Martínez Villena de la UNEAC. Fotos: Camilo García López-Trigo

Quien no conoce La Maka con Furé, que se realiza el primer viernes de cada mes en la sala Rubén Martínez Villena de la UNEAC, se ha perdido uno de los espacios donde, con el mayor desenfado, se puede disfrutar del aprendizaje de nuestras raíces culturales más autóctonas, fundamentalmente aquellas de origen africano. El universo del conocimiento que abarca su anfitrión es tan amplio, durante dos horas de diálogo ameno y participativo, que llega a ser una experiencia enciclopédica.

Investido con el Doctorado Honoris Causa de la Universidad de las Artes de La Habana y el Premio Nacional de Danza en 2002, Rogelio Martínez Furé prefiere identificarse como un “cubano rellollo”, solo eso. Folclorista, investigador y etnólogo, La Maka es una de sus creaciones más preciadas y explica que su nombre es el resultado de sus visitas a Angola en 1982 y 1986, cuando conoció un encuentro homónimo que realizaban en la Unión de Escritores de esa nación para intercambiar sobre todas las cosas que les interesaban, sin conflictos ni intrigas entre ellos. Después conoció que, en su natal Matanzas, los angolanos que vivían al sur de la provincia siempre organizaban cantos “makawa”, que significaban “controversia”.

“Y La Maka es eso: una conversación, un intercambio de ideas”, reafirma, destacando una y otra vez que siempre ha tenido el objetivo de “rescatar la memoria y el olvido”. Porque no solo se trata de preservar la memoria, en defensa de “nuestra identidad rellolla”, sino de salvar del olvido aquellas raíces que se pierden, o que las hacen perder algunas personas que han escrito la historia de forma eurocéntrica.

Makeras y makeros, entre “fieles” y de nueva incorporación, se encontraron nuevamente en la tarde del pasado viernes 3 de julio para reflexionar de todo un poco: de las costumbres de fin de año y sus orígenes, del significado de palabras habituales y olvidadas –como “mambí” o “chévere”–, de la herencia cultural que se recicla una y otra vez a otros niveles, de mangas japonesas y su relación con las pinturas etíopes del siglo XIII, de la necesaria conciencia que debemos tener con la riqueza de nuestro patrimonio, del reguetón y el tango que sonaba hace siglos entre los negros africanos, de la tradición oral que ha sido el arma de resistencia de las culturas menos favorecidas y de la importancia de contar el papel del “pueblo-pueblo” en la historia, de la epopeya diaria de aquellas personas que hacen la cultura nacional.

Por tratarse del mes de julio, dos conmemoraciones tuvieron una mayor atención en La Maka: el segundo aniversario del fallecimiento de la investigadora teatral, ensayista y narradora Inés María Martiatu (Lalita), una makera consagrada a quien la poetisa y performer Carmen González le rindió homenaje particular; y el bicentenario del nacimiento de Mariana Grajales, valorada por Furé como figura extraordinaria de la historia de nuestro país que tiene muy merecido el reconocimiento de “madre de la patria, rellollamente caribeña y universal”.

También se conoció del trabajo que realiza la makera Ana María Luján con la quinta edición de su libro sobre la participación de cubanas y cubanos en la historia de los juegos olímpicos, donde están todas y cada una de las personas que participaron y su desempeño –independientemente de si ganaron o no alguna medalla– porque “todas esas personas aportaron un granito de arena en la historia deportiva del país”.

La presencia de la Primera Bailarina del Conjunto Folclórico Nacional Zenaida Armenteros, Premio Nacional de Danza 2005, sirvió de colofón al encuentro para rendirle homenaje a ese colectivo de artistas que “convirtió cantos y danzas locales en acontecimiento nacional” e incluso internacional, con los éxitos que han logrado durante sus presentaciones por el mundo.

Se recordó el surgimiento del Conjunto “desde abajo”, en 1962, cuando había que superar los obstáculos de incomprensión al folclore, proceso en el que la UNEAC jugó un papel fundamental con el apoyo recibido por Nicolás Guillén y Marcelino Arozarena. A propósito, Furé insistió en sacar del olvido aquellos momentos de la organización cuando se lograba un “espacio de encuentro y hermanamiento, de apoyo recíproco” entre todas las manifestaciones artísticas, en el contexto de un proceso revolucionario que llamaba a reformular el concepto de la cultura nacional.

Pero el tiempo vuela con Furé en su Maka, porque el conocimiento de la cultura no tiene límites cuando se va a sus raíces de la mano de un avezado folclorista. Habrá que esperar hasta el viernes 4 de septiembre –después de unas merecidas vacaciones en agosto, con la ayuda de todos los Santos– para retomar la segunda temporada de la Maka con Furé para 2015. Entonces makeros y makeras –fieles y novatos– retomarán esta experiencia del conocimiento “por la recuperación de la memoria y el olvido”.