La memoria insular de Marcos David Alba Rodríguez

La memoria insular de Marcos David Alba Rodríguez

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Plástico, Guantánamo, artes visuales, dibujos
  • Marcos David pinta con frenesí, pero es sobre todo un dibujante, que vuelca en cartulinas todo su universo de metáforas. Foto de la autora
    Marcos David pinta con frenesí, pero es sobre todo un dibujante, que vuelca en cartulinas todo su universo de metáforas. Foto de la autora

El mundo de ensueño de Ángel Acosta León, la línea gruesa y fuerte de Arístides Hernández, Ares y parte del imaginario natural recreado por múltiples voces del arte cubano se dan cita en la producción del joven artista guantanamero Marcos David Alba Rodríguez. Su obra, parece surgida de un impulso vital, de una energía implacable que lo estimula a perderse entre un cúmulo expresivo y violento de líneas.

Marcos David pinta con frenesí, pero es sobre todo un dibujante, que vuelca en cartulinas todo su universo de metáforas y seres traumatizados con su propia existencia en el contexto de la ínsula. Escribe, el artista, memorias, cual fragmentos visuales de un contexto que se le hace inmenso, caótico y fugas.

Tal vez por eso, los pájaros se transfiguran en barcos, los árboles tienen sombreros de campo en vez de follaje y casas en lugar de ramas. Pareciera que hay mucho de azar, pero no es así. Cada trazo ha sido analizado, solo que nace de la interacción entre el hoy, el ayer y el propio horizonte histórico que se niega a ser contado linealmente, o con formas puramente realistas.

Pese a lo injusto que puede ser el contexto geográfico, en el año 2013 participa en la exposición colectiva Homenaje a Ramón Moya por sus 60 años de vida en el centro cultural Regino Eladio Boti y en el concurso en el Salón Nacional De donde crece la palma. En el 2014 expuso también en dicho salón y participó en el Nivio Fernández de Casas de Cultura. Poco después realiza su primera exposición personal Visiones quijotescas, en la Galería Pórtico de la Casa del Joven Creador en la provincia.  

Son estos algunos espacios donde su obra ha podido ser apreciada. Sin embargo, continúo afirmando que es insuficiente la visibilidad que tienen en varias ocasiones los artistas emergentes.

Si un logro feliz posee la poética de Marcos David, a sus 21 años, es su libertad creativa, desenfadada, y fluida. Sus personajes no se atan a los preconcebidos conceptos de identidad, si no que la entiende como proceso incesante, y mutable, así como lo son quienes lo experimentan.

Esteban, personaje de Léster Hamlet en el filme Casa Vieja enunció: "Creo en lo que está vivo y cambia". Los personajes de Marcos David siguen esta pauta: viven de acuerdo a su identidad de guajiros, pero quieren un espacio en el hoy. Por eso reformulan su cultura, se insertan en nuevas tendencias, se imbrican con la tecnología.

No hay errores en narrar desde la obra de arte una identidad que se reconfigura y relativiza de acuerdo a los sujetos sociales que la conforman. La memoria insular es así de compleja, a veces inasible y contradictoria en su propio devenir. No se puede pedir a la historia que sea inamovible, tampoco a una obra de arte que no sea fiel a su tiempo.