“La perla de la mora” de José Martí: un poema que viaja a su moraleja

“La perla de la mora” de José Martí: un poema que viaja a su moraleja

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Escritores, José Martí
  • Portada de la revista La Edad de Oro. Foto tomada de La Jiribilla
    Portada de la revista La Edad de Oro. Foto tomada de La Jiribilla

En el propio número dos de la revista La Edad de Oro, contiguo al cuento “Nené Traviesa” aparece el poema “La perla de la Mora”, texto menos orlado que el poema XLII de Versos sencillos [1], pero, a mi entender, de más efectividad poética, poema tuétano, texto moraleja. Nos enfrentamos en vez de a un cuento con moraleja, a un poema con enseñanza, y no es redundante decir que enseñanza sutil. El texto conformado por dos serventesios es la sublimación de aquel refrán tan recordado: “Nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde”, y de aquella idea de que, aunque se puede amar lo que se tiene, hay que aprender a saberlo a amar.

La Perla de La Mora

Una mora de Trípoli tenía

Una perla rosada, una gran perla:

Y la echó con desdén al mar un día:

-“¡Siempre la  misma! ¡ ya me cansa verla! “

Pocos años después, junto a la roca

De Trípoli... ¡la gente llora al verla!

Así le dice al mar la mora loca:

-“¡Oh mar! ¡oh mar! ¡devuélveme mi perla!”

[La Edad de Oro. New York, v. 1,  núm. 2, agosto de 1889, p. 49]

El poema XLII de los Versos sencillos, como bien apunta la crítica, es un rezumo de este. Los dos recrean el mismo motivo: dos moras en posesión de perlas que desdeñan y luego añoran. En el de La Edad de Oro es una mora de Trípoli, en el de los Versos Sencillos es Agar, personaje bíblico, esclava egipcia, madre de Ismael —Martí en su poemario de 1882 denomina a su hijo Ismaelillo, es decir, el hijo de Agar , alusión velada a Carmen Zayas Bazán—.

De vuelta a los hallazgos realizados por el investigador Salvador Arias, es evidente que el poema “La perla de la mora” se emparenta con el siguiente parlamento de la crónica “La política extranjera de Uncle Sam-Universidades prácticas y retóricas”, publicada el 2 de agosto de 1889, en La Nación de Buenos Aires:

...el modo verdadero de educar a las mujeres, que es habilitarlas para vivir con honradez, de labores naturales a su sexo hermoso, sin quitarles la gracia de reinas y el encanto, la fuerza pública, de sus cualidades femeninas : y quien quiera matar a un pueblo, eduque a las mujeres como a hombres : la animalidad y el egoísmo son los enemigos del mundo : se necesita crear en los pueblos el ala y el desinterés ¡ Ay de Zoraida, que echó la perla al mar y luego se pasó la vida en la orilla llorando por la Perla.[2]

El mismo nos hace reparar en ideas que antes no habíamos asociado al poema, en elementos que no habíamos visto. La moraleja de la fábula, el mensaje y la fuerza del poema, de hecho, comprende a ambos sexos. Pero este fragmento, que hace gala de la misma imagen que da lugar al poema pone al descubierto un ángulo específico de los intereses de Martí, que se erige también en objetivo de la revista: la educación de las niñas, “las madres de mañana”. Refluye, tanto en el poema como en el fragmento citado, el resentimiento hacia la actitud de Carmen Zayas Bazán, en relación con el niño y el matrimonio de ambos. El poema, a la luz del fragmento, también nos dice que hay que saber crear en el hombre la espiritualidad. Ocurre el redondeo de la enseñanza de un texto en el otro texto: —Se debe cuidar los objetos, los afectos, las relaciones —para aprender a querer. Ambas obras se ocupan del despertar —¿inevitablemente doloroso?— al mundo de los valores, a la plenitud de la espiritualidad. El estudio de la contigüidad, de las especificidades de las inserciones de los versos entre otros artículos de La Edad de Oro prueba que los poemas participan esencialmente del discurso central de la revista. Aquí la poesía es complemento del todo y síntesis del mundo.

Notas:

[1] En el extraño bazar / Del amor, junto al mar,  / La perla triste y sin par / Le tocó por suerte a Agar. /  

Agar, de tanto tenerla / Al pecho, de tanto verla / Agar, llegó a aborrecerla: / Majó, tiró al mar la perla.

Y cuando Agar, venenosa / De inútil furia, y llorosa, / Pidió al mar la perla hermosa,

Dijo la mar borrascosa:

“¿Qué hiciste, torpe, qué hiciste / De la perla que tuviste? / La majaste, me le diste: / Yo guardo la perla triste.”

[2] José Martí. Obras Completas, Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1963- 1965, T. 12, p. 242.