La poesía como acto íntimo

La poesía como acto íntimo

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: Escritores, Ediciones UNIÓN
  • Su cuaderno “Diapositivas” ha sido merecedor del Premio Julián del Casal de Poesía 2016 de la UNEAC. Foto: cortesía de la entrevistada
    Su cuaderno “Diapositivas” ha sido merecedor del Premio Julián del Casal de Poesía 2016 de la UNEAC. Foto: cortesía de la entrevistada

Laura Ruiz Montes (Matanzas, 1966) es una autora versátil: su acto escritural proyecta visos disímiles que arrojan —como ráfaga— intensidad y arraigo al ejercicio literario del país. La mujer/escritora se vale —mordaz— del cuestionamiento y la crítica para hacer frente al acontecer en que se halla inmersa, no como vana tentativa de convertirse en ágora de miradas, ni asidero de necesidades sin sentido, sino persiguiendo una vindicación como paliativo de tribulaciones y estados vivenciales.

Su creación no se estanca en bucles de una sola estación, sino que avanza, embarra sus manos, se atiza y nutre de lo que acontece en derredor y más allá de las circunstancias adyacentes, para luego —en un gesto visceral de discernimiento/vaciamiento— asirse a la escritura (poesía, ensayo, teatro, literatura para niños) donde va hilando sus propias (r)evoluciones discursivas que (tr)ascienden la lectura para dejar un efecto-semilla/raíz/savia/pistilo/fronda allí donde antes solo se empozaba el ocio.

Aunque confiesa ser reacia a las entrevistas, me ha concedido este tiempo de diálogo y aproximación donde permanezco —más que satisfecho, gratificado— por tanta empatía y clima humano.

Mis reflexiones van por otros derroteros

(Mis reflexiones van por otros derroteros. Se centran, más bien, en buscar vías de conocimiento, maneras de trabajar, de existir, de no caer en la inmovilidad)

Su cuaderno “Diapositivas” ha sido merecedor del Premio Julián del Casal de Poesía 2016 de la UNEAC, a consideración de un jurado constituido por Sigfredo Ariel, Marilyn Bobes y Luis Lorente. ¿Cómo recibe este galardón una autora tan reconocida en el ámbito literario como Laura Ruiz Montes?

Las decisiones sobre un premio literario son subjetivas. Soy consciente de la importancia del azar. Debe existir una suma de coincidencias, circunstancias, subjetividades… Por ello lo recibo con la alegría de saber que estos poemas han podido establecer un diálogo con otros poetas, con otras zonas de la poesía cubana actual. A la par, es muy gratificante saber que será un cuaderno que, gracias al premio, verá pronto su publicación y viajará a librerías para conversar con sus potenciales lectores, que es lo que más me interesa.

El acta del jurado (antes mencionado) consignó en relación a su poemario: “El libro se caracteriza por el dominio de una autora que muestra armas suficientes como para ejercer con dignidad y destreza su oficio de poeta, sobresaliendo por su estilística sintáctica precisa y coherente”. Más allá de eso, ¿de qué manera se percibe a sí misma dentro de la efervescencia escritural de la Isla?

No sé en verdad cómo me percibo dentro de la efervescencia escritural de la isla, no me he detenido a pensar en eso, como tampoco me he detenido a pensar cómo me percibo a mí misma dentro de la efervescencia total del país. Mis reflexiones van por otros derroteros. Se centran, más bien, en buscar vías de conocimiento, maneras de trabajar, de existir, de no caer en la inmovilidad, de centrarme en los proyectos que elijo y los cuales intento llevar hasta el final contra viento y marea. Y cuando hablo de viento y marea no me refiero solo al contexto cultural y social, sino al mío propio también. Me refiero a la suma de circunstancias: el adentro y el afuera.

La idea de la poesía como acto íntimo

(Lo que sucede es que no he logrado desterrar la idea de la poesía como acto íntimo, entonces leer en público sigue teniendo la misma connotación de desnudez. Y la desnudez no es algo que se exhiba por todas partes…)

¿Podría comentar —brevemente al menos— cuáles temáticas puede encontrar el lector en “Diapositivas”?

Creo que “Diapositivas” es —al menos esa fue la intención— la última parte de una especie de trilogía poética que abarcó Los frutos ácidos y Otro retorno al país natal. Son poemas, justamente, sobre las circunstancias, sobre un tiempo social y emocional. Yo creo que estos poemas se acercan un poco a lo antropológico y testimonial. “Diapositivas”, es una suerte de tercera mirada sobre estos ángulos. En ese cuaderno están mis versiones personales de una realidad. Versiones donde —soy consciente— priman algunas obsesiones: el viaje (físico y emocional), las pérdidas, el paso del tiempo... Creo que estos poemas son, para decirlo rápido, mis maneras de sentir el país y la cotidianidad.

En su caso personal, ¿implican, los diversos reconocimientos recibidos, reto o responsabilidad?

Implican sobre todo responsabilidad, pero no me desvelan ni son una camisa de fuerza. También abrir los ojos en las mañanas es para mí una responsabilidad, aunque en ninguno de los dos casos es una responsabilidad que pesa. Es más bien una idea de por dónde voy, lo cual me permite modificar, rectificar o continuar mi camino.

¿Es cierto que le provoca ansiedad leer en público?

No, no es cierto. No me provoca ansiedad leer en público. Lo que sucede es que no he logrado desterrar la idea de la poesía como acto íntimo, entonces leer en público sigue teniendo la misma connotación de desnudez. Y la desnudez no es algo que se exhiba por todas partes ni se imponga, por eso soy algo austera en ese sentido. Ambos tienen que sentirse bien: lector y público, tiene que haber una corriente de sinceridad. Y hemos de coincidir en que no siempre sucede así. Quizás por eso prefiero elegir los momentos de lectura pública. Para responder a tu pregunta: no me provoca ansiedad; me provoca pudor y también cierto escalofrío en la columna vertebral, como me lo provoca cualquier ejercicio de tribuna, poética o no. Prefiero que los posibles lectores tengan el libro en sus manos y elijan cuándo, cómo y dónde leerlo o abandonarlo.

El riesgo de las etiquetas

(Si alguien cree que mi poesía puede inscribirse en ese conglomerado que se ha dado en llamar “poesía social”, no me disgusta)

En ese viaje que abarca la publicación de su primer libro hasta “Diapositivas”, ¿Qué podría contar como pérdidas o creces?

Creo que quien ha ganado o perdido es el ser humano que soy. La poeta es consecuencia de… En ese sentido no soy muy egocéntrica: he ganado y perdido lo mismo que cualquier persona en un lapso de casi treinta años, que es lo que separa esos dos momentos de los que hablas. Así es que he ganado mucho y también he perdido, pero soy de quienes prefieren contar bendiciones. Tengo conciencia de cuanto he ganado y trato de no olvidarlo cuando atravieso esas etapas de grisuras y malas cosechas que tiene cualquier mortal.

Algún pasaje de su andar hacia/por la poesía —hermoso o no— que quiera compartir con los lectores… 

Todos son gratificantes porque todos forman parte del camino andado. Y cada situación, circunstancia, alegría o tristeza vale dentro del sendero. Todos van haciendo la suma de lo que soy. Por eso no desdeño. Lo hermoso ha servido para sostener y alegrar. Lo menos hermoso ha servido para impedirme “vegetar” pues me ha obligado en no pocas ocasiones a buscar, con urgencia, maneras de reinventarme.

En cuadernos anteriores de su autoría puedo apreciarcierta propensión —por momentos burlesca, otras aguda— hacia la crítica social, el cuestionamiento de aquello que deviene en desagrado y agravio como resultado de la interacciónsujeto/medio. Desde estas observaciones, ¿acepta la atribución de la etiqueta “poesía social” en lo concerniente a su obra?

Entiendo el riesgo de las etiquetas, pero a la vez comprendo la necesidad de “bautizar” para entendernos mejor. Si alguien cree que mi poesía puede inscribirse en ese conglomerado que se ha dado en llamar “poesía social”, no me disgusta. Si alguien cree que no se ajusta al término, tampoco me disgusta. Puesta a elegir, me interesa más que merezca seguir siendo llamada “poesía”.

¿Conjetura que estas “etiquetas” aportan algún beneficio o constituyen —por el contrario— una manera de reducir la obra y con ella a su autor?

A estas alturas, lucho a diario por no ser categórica. He visto “etiquetas” muy bien colocadas y que aportan significado a un estudio, a un seguimiento, al entendimiento de ciertos procesos. Y he visto otras que, efectivamente, reducen y encasillan. Creo que la alarma se dispara justamente cuandosentimos” que estamos ante una “etiqueta”. Sentir una definición como tal ya hace que la partida esté perdida. Sin embargo, no pocas “etiquetas” han conseguido visibilizar muchos fenómenos, darles un lugar propio, merecido. Creo que, como todo, etiquetar —o no— puede ser, es, dialéctico. Hay que aprender a lidiar con eso y no permitir que eso nos controle.

Antídoto contra la rigidez

(Encuentro inspiradora la manera en que muchas jóvenes energías están volcadas en los procesos creativos, abriéndose un camino que a veces es muy complejo…)

Los poetas jóvenes en la Isla están en constante efervescencia, procurando hallar un camino, un espacio que sirva de plataforma para proyectar sus voces. ¿Qué valores encuentra en ese movimiento creativo y de expansión?

Soy una fiel admiradora —y en muchos casos hasta devota— de ese movimiento creativo del que hablas y que atañe no solo a los poetas, sino a otros jóvenes creadores en otros campos de la cultura. El valor primero que encuentro es el de la resistencia, el de la resiliencia. Encuentro inspiradora la manera en que muchas jóvenes energías están volcadas en los procesos creativos, abriéndose un camino que a veces es muy complejo porque además de lo difícil del contexto actual, en no pocas ocasiones también deben bregar contra prejuicios de generaciones anteriores, de un canon que se aferra, de un “deber ser” que se les impone, queriendo o sin querer, pero que existe. Esa ligereza que no es tal, esa apertura que empujarenuevosdesde sus obras, ese afán de atreverse, siempre encontrarán respeto de mi parte y, por sobre todo, ganas, muchas ganas de tenerles cerca porque son, sin duda alguna, antídoto contra la rigidez y la oxidación.

¿Considera que el oficio poético en Cuba es coherente con los tiempos en que vive?

Es como detenerse a pensar si el oficio poético fue coherente en pleno medioevo o en plena guerra mundial… Creo que el oficio poético (y que conste que me quedo preguntándome qué quieres decir exactamente con “oficio poético”) simplemente ES, da igual los tiempos que corran.

¿Función de la poesía?

(Yo creo que su “función” sería estar, permanecer para que cada quien haga con ella lo que pueda)

En una entrevista a la escritora cubana Zurelys López Amaya esta expresó: “La poesía también es necesaria para estas cosas. Para marcar lo bueno y lo malo que nos va sucediendo, ablandar temores. Nos sirve de coraza para retener los sucesos duros y tiernos.”Desde esta aseveración me atrevo a preguntar, ¿cuál debiera ser —desde su condición de poeta— la función primordial de la poesía en esta época donde se ha sobrevalorado lo material sobre lo espiritual?

¿Función de la poesía? Imagino que tu pregunta se acerca a la “utilidad” de la poesía. Creo que esa, en cierto modo, es una pregunta sin respuesta o, por otra parte, con muchas respuestas posibles. Es una de las preguntas que ha atravesado los siglos y ha colmado páginas de discusiones y disquisiciones. Y creo que las respuestas son muy personales.

Sería completamente injusto preguntarle a un mendigo si la poesía le vale para algo, o a un enfermo en etapa terminal o a un prisionero de guerra, o a un soldado mortalmente herido porque en ese momento crucial lo que les valdría sería el pan, la medicina, la mano piadosa sobre la frente… Sin embargo, esos mismos seres podrían, quizás, conseguir alivio en un poema o en una frase de aliento poético escuchada de labios de alguien que les dedicó tiempo, cercanía. Entonces, de acuerdo a esto, la poesía no sirve para nada y sirve para todo. Yo creo que su “función” sería estar, permanecer para que cada quien haga con ella lo que pueda, lo que le ayude, lo que le alcance, lo que le consuele, lo que le ayude a vivir.

¿Por cuál postulado aboga en su libertad creativa?

La has respondido tú mismo: abogo por la libertad creativa, justamente. Con todo lo que ese presupuesto encierra.

¿Cuáles autores han influenciado su obra, o se han convertido en referente poético?

Por una parte, creo que no hay influencia “pura”. A mi juicio, no es posible decantar del todo en qué nos influye la lectura de un libro u otro porque cada lectura está matizada por el entorno en que leemos, por nuestro estado de ánimo, nuestro background profesional y emocional. Tomamos una taza de café mientras leemos y se mezclan aroma y lectura. Leemos y alguien llama a la puerta o suena el teléfono y se mezclan lectura e impaciencia. Leemos y en la ventana se detiene un vendedor que grita su mercancía y se mezclan lectura y urgencia o lectura y frustración… No es posible una influencia “pura” de la lectura. Pienso que más bien la pregunta podría ser “¿Qué autores te habría gustado que influyeran en tu obra?”.

Por otra parte, esta es una pregunta que siempre me ha conmovido mucho. Siento que es, en la etapa adulta, un remake de aquella otra que nos hacían en la infancia: “¿A quién te quieres parecer cuando crezcas?”. Y a cada año que pasa, la respuesta varía. De esta manera, ante esa pregunta, te respondería, mirando hacia atrás, recordando: en algún momento quise ser como Marguerite Yourcenar. Después quise ser una suma de Marguerite Yourcenar y Marguerite Duras. Después quise ser una suma de Marguerite Yourcenar, Marguerite Duras y Margarita Mateo. Y ahora quiero ser una suma de Marguerite Yourcenar, Marguerite Duras, Margarita Mateo y Rita Indiana Hernández. Mañana no sé qué querré, depende…

Costos

(Lo importante es querer los regresos, después se acomoda el resto, se trazan estrategias y, sobre todo, se vive… lo que venga…)

El retorno —ya sea al país natal, una vivencia, un instante pasado— implica la posibilidad de desempolvar reminiscencias que, por filosas e hirientes, se arrojaron en algún sitio recóndito del pensamiento. Refiriéndome a su poemario Otro retorno al país natal (Ediciones Matanzas, 2012, Premio Milanés de Poesía y Premio de la Crítica Literaria), ¿cuál ha sido el costo —emocional, psicológico— que ha cobrado a la poeta/mujer/ser humano la construcción de este cuaderno?

El mismo costo que le cobra a todo ser humano vivir. Retornar es una elección, ahora bien, no solo se retorna a lo hermoso y a lo amado porque nada es en blanco y negro: también se regresa a la otra cara de la medalla. Cuando se elige retornar —como bien dices: al país natal, a una vivencia, a un instante— hay que saber bien a qué se retorna. No se vuelve solo a lo fascinante y a lo fácil. Hay que saber que se está corriendo un riesgo. Hay que saber que es menester luchar contra toda idealización y que habrá, hay, una lucha externa y otra lucha interna. Se trata de prioridades, se trata de hacia dónde mirar y, creo yo, humildemente, que se trata de querer retornar, de querer estar. Lo importante es querer los regresos, después se acomoda el resto, se trazan estrategias y, sobre todo, se vive… lo que venga…