“La poesía es lo accidental, lo accesorio. La prosa es lo medular”, Dulce María Loynaz

“La poesía es lo accidental, lo accesorio. La prosa es lo medular”, Dulce María Loynaz

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  • Los lectores de la obra de Dulce María Loynaz asistieron a la cita en el centro que lleva su nombre. Fotos: Roberto Bello.
    Los lectores de la obra de Dulce María Loynaz asistieron a la cita en el centro que lleva su nombre. Fotos: Roberto Bello.
  • Los escritores Jesus David Curbelo, Enrique Rodríguez, Juan Ramón de la Portilla junto a Carmen Herrera (su heredera) durante la presentación. Foto: Roberto Bello.
    Los escritores Jesus David Curbelo, Enrique Rodríguez, Juan Ramón de la Portilla junto a Carmen Herrera (su heredera) durante la presentación. Foto: Roberto Bello.

Al decir de Jesus David Curbelo: Cartas que no se extraviaron “es una verdadera joya de la literatura cubana, una manera de siempre entender a los escritores y, sobre todo a una escritora como Dulce María, quien siempre en apariencia y a veces en su tono burlón del discurso, nos plantea ser una autora sencilla, sin grandes complejidades, sin demasiada teoría…Algo que, en esencia, no es cierto.

A partir de sus criterios como lector y escritor vinculado al legado de la escritora, Curbelo asegura que: “La lectura de cualquiera de sus libros demuestra que es una Autora en la cual existe mucha sabiduría, mucho pensamiento conceptual, mucha síntesis de tradiciones, de influencias, de lecturas --quizás no tan exageradamente numerosas como las que tiene un Lezama Lima--, pero sí muy bien aprovechadas, muy bien digeridas; algo que dio por resultado esa gran obra poética que todos conocemos y en la cual se va moviendo de uno a otro libro con sutileza y a la vez con audacia, producto de sus múltiples registros, y que bien podría asemejar a cualquier otro de los poetas cubanos más notables como son los casos de Nicolás Guillén o Emilio Ballagas, entre otros”.

Con estas apreciaciones el escritor, poeta y profesor Jesús David Curbelo inició la presentación de Cartas… un texto que forma parte del arsenal de la inolvidable escritora cubana Dulce María Loynaz, justamente en el centro que lleva su nombre.

El también director de dicho centro destacó en su intervención que “aunque me encanta la poesía de esta Autora en general, estimo que las piezas más experimentales de su literatura se hallan en la prosa, cuya peculiaridad fundamental radica en su contaminación genérica. A libros como Jardín la considero una novela lírica, un libro de viajes novelado. Fe de Vida es también otra novela, una presunta autobiografía que, en realidad es la biografía de otra persona para convertirse en una novela de amor en esencia, y donde se cuenta una historia de amor (hipotética o real), de dos grandes amores de la novela post moderna –y en una autora ya septuagenaria o algo más--, y donde se demuestra que podía pasar de la prosa lírica de Jardín, a un lenguaje mucho más coloquial, experimental, a una lectura más sutil de gran encanto criollo. Algo que encarna la obra de Dulce María producto de su ascendencia y tradición familiar, de su Cubanía”.

Curbelo enfatizó en el intercambio epistolar realizado por la escritora con personalidades nacionales e internacionales del mundo cultural de su época como Emilio Ballagas, Virgilio Piñera, Carmen Conde, Juan Ramón Jiménez, Bosa Masvidal, José María Chacón y Calvo…Todos ellos “de primerísimo nivel”, refirió asimismo que la segunda parte de la correspondencia de dicha obra se sitúa “en un período más sombrío en la vida de Dulce María” –de 1971 a 1991-, sus discrepancias con las autoridades culturales cubanas y con importantes poetas de las letras de nuestro país, como es el caso de Guillén.

“Así, existen algunas cartas en este volumen que aluden a ese drama personal, escritas con gran desenfado y que por su importancia, su relevancia y lo que representan para conformar ese mapa y envés de la lectura del autor con sus sentimientos, frustraciones, pasiones, aversiones, amargas algunas de ellas… Mas lo esencial, es que “dan prueba de la Cubanía siempre presente en Dulce María (…) Sin lugar a dudas que Cartas… es un libro que viene a llenar un gran vacío, en específico para tener otra visión sobre Dulce María Loynaz, una escritora de alto nivel”.

En relación con la necesidad de profundizar en el conocimiento y perdurabilidad de la vida y la obra de la también Premio Cervantes de Literatura (1991), Enrique Rodríguez, director del Centro Hermanos Loynaz, en la provincia occidental de Pinar del Río, afirmó que “no pueden transcurrir veinte años más de su desconocimiento (Jardín, Juego de Agua, Fe de Vida…), ni 17 años más para otra obra como La mirada entre los barrotes, del escritor  Juan Ramón de la Portilla, pues van desapareciendo las generaciones (…) Que queden en la memoria de las actuales generaciones la obra de los hermanos Loynaz y, como persona central, Dulce María”, además de reconocer el esfuerzo de los trabajadores de la industria poligráfica, en especial de Ediciones Loynaz, en la provincia de Pinar del Río, quienes contribuyeron a la reciente publicación de La mirada…, entre otros volúmenes.

Acerca de este volumen, Juan Ramón de la Portilla, explicó que “en él se incluyen cuatro ensayos de su autoría referidos a la prosa de Dulce María (…) Cuando comencé a trabajar en su obra, observé que existía muy poca literatura crítica referida a su prosa. Al respecto existe una tríada fundamental Jardín, Un verano en Tenerife y Fe de Vida. Son tres libros singulares, atípicos, van a contracorriente al igual que poseen cierta trasvase, no obstante su lejanía en el tiempo (…) He asumido como título para este breve conjunto de ensayos la imagen de la  mirada tras los barrotes por considerarla representativa de lo que durante años fue la vida de Dulce María y porque también, felizmente, es el parlamento con que abre Jardín, libro paradigma de toda una prosa signada por la solidez del hierro en su estructura, raigalmente moderna y funcional, cuando no innovadora”.

Finalmente, Curbelo anunció que durante el presente año se realizarán numerosas actividades con vista a rendir homenaje conmemorativo a la eminente escritora. Para ello quedó constituido un comité de honor presidido por dos importantes colegas y amigos cercanos a Dulce María: César López y Pablo Armando Fernández, e integrado además por María del Carmen Herrera (su heredera); Virgilio López Lemus, Zaida Capote, Edel Morales, Juan Ramón de la Portilla y Enrique Rodríguez.