La sobreposición de un ser líquido

Literatura

La sobreposición de un ser líquido

  • En Dime si te sobrepones, Mitjans grita a los cuatro vientos las palabras contenidas. Fotos Richard Driggs
    En Dime si te sobrepones, Mitjans grita a los cuatro vientos las palabras contenidas. Fotos Richard Driggs
  • En Dime si te sobrepones, Mitjans grita a los cuatro vientos las palabras contenidas. Fotos Richard Driggs
    En Dime si te sobrepones, Mitjans grita a los cuatro vientos las palabras contenidas. Fotos Richard Driggs

El agua, materia multiforme, insípida, inodora. A veces es verso que nace en la montaña, la misma donde se alzaron los antepasados esclavos en la colonia, y que desemboca como un río, caudaloso y calmo al mismo tiempo, en los altibajos propios de la cotidianeidad cubana. Espejo del alma, deidad, dibuja siluetas de cuerpos iguales que se aman en las sombras, ajenas al mundo y sus estereotipaciones. A veces, otras, es el horizonte, observado desde un malecón donde buscar respuestas y formular interrogantes sobre este constante andar que es la vida.

AJulio Mitjans el agua lo guía, lo acompaña, inunda las páginas de su último libro Dime si te sobrepones, presentado en la sala Villena de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba. El poemario narra, enriquecido por el misticismo propio de las raíces afrocubanas, episodios de su vida, que es también la de sus antepasados.

Perteneciente a la Editorial Letras Cubanas, el volumen de 35 poemas recorre, como en una suerte de diario personal, experiencias, que aparentemente escogidas al azar, construyen una historia a tres tiempos, pretérito, presente y futuro; del poeta santaclareño nacido en 1965 y sus “yo” pasados.

No en vano la ensayista e investigadora Caridad Atencio lo describe como el magnetismo y el sostén alado de la emoción en la atmósfera extraña que el tiempo precisa para consagrar la evocación. «Mágico, vaho, arremetida en la fugacidad del placer atravesando siempre espacios coronados por la naturaleza», expresó en la contraportada del libro.

Julio Mitjans, quien ha publicado tres cuadernos anteriores: Venía diciendo una fábula (1994), Alejándose del resto (2001) y Torcíamos tabaco (2010); nos devuelve en esta propuesta una combinación de sus creaciones anteriores y sus versos más recientes, haciendo honor a esa atemporalidad que caracteriza las 59 páginas de Dime si te sobrepones.

Los símbolos se dispersan por las hojas donde juega con las paradojas: un esclavo de agua, Armando, los pájaros, una vida respetable, las cajas de agua, la noche, la libertad, la agitación de un corazón, Antonio, «Yo te amaba, Antonio, y no te dabas cuenta, como crece la hierba en la boca de un muerto».

Entonces aparecen coprotagonistas de su propia historia, el anciano del mercado, dos padres que intentan proteger a su hijo de la discriminación, y Francisca Djeli, antecesora y alter ego al mismo tiempo. La prosa acompaña su ritmo poético, como la sabiduría ancestral de un anciano que la transmite de una generación a la siguiente en la intimidad familiar y religiosa.

«La condición de hombre negro, homosexual, poeta de voz franca, próxima, afincado en creencias ancestrales, las ataduras a los antepasados, posibilita el reencuentro con una perspectiva activada de su poética», así lo describe la poeta y periodista Leyla Leyva.

Una mujer afrocubana, con el sol como abanico, cubre la portada a cargo de la ilustradora Sandra Agramonte Portal y entonces se resume el sonido del libro, sí, porque los versos de Mitjan suenan a monte, mar, río, a calles con bullicio y a callejones escondidos, suena a tambor y a cubanía.

De esta manera el poeta rompe los muros de silencio a los que hace alusión una y otra vez en Dime si te sobrepones, grita a los cuatro vientos las palabras contenidas y le da Tres golpesa la puerta que se cierra tras de sí. El día se convierte en reto y la noche en refugio, mientras el agua dibuja su silueta negra y libre.