La tentativa de un autor

La tentativa de un autor

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: Plásticos, Galería Villa Manuela
  • Durante la inauguración de la muestra. Fotos: Rubén Ricardo Infante
    Durante la inauguración de la muestra. Fotos: Rubén Ricardo Infante
  • Las piezas son prueba también de la singularidad dentro del todo en la obra del creador. Fotos: Rubén Ricardo Infante
    Las piezas son prueba también de la singularidad dentro del todo en la obra del creador. Fotos: Rubén Ricardo Infante
  • Las piezas son prueba también de la singularidad dentro del todo en la obra del creador. Fotos: Rubén Ricardo Infante
    Las piezas son prueba también de la singularidad dentro del todo en la obra del creador. Fotos: Rubén Ricardo Infante

Imaginemos por un instante que pasado, presente y futuro del arte se sentaran a dialogar, ¿Quién predominaría? ¿Qué momento tan exquisito para presenciar? Pero sobre todo salta una pregunta obligatoria ¿Cuánto ha calado la capacidad del hombre para crear y sentirse virtuoso? Ya sea desde la pintura, la música o la literatura existe en una constante de todos los tiempos y reside en el deseo infinito del ser, convertido en esencia. Rubén Alpizar en su más reciente muestra titulada La habitación del simulacro en la Galería Villa Manuela, hasta el próximo mes, realiza una alegoría de la hipótesis anterior.

Todo comienza con la madera, elemento primigenio de la creación, tan antigua como el universo. Una pieza la cual simula un arca marca otro giro en el relato. Aquí son “protegidos” varios personajes claves, pero su discurso va más allá, indaga y rememora parte esencial de nuestra historia. ¿Realmente sucedió tal hecho? ¿Y el porqué de la elección? Un dilema ha puesto sobre el tapete y es la duda de la supuesta salvación y el resurgir de una nueva vida.

El hombre solo tiene conciencia de lo que experimenta con sus sentidos, lo demás es producto de la imaginación y la historia, del imaginario colectivo que hemos construido para explicarnos esto que llamamos mundo.

La religión viene como suspiro para los corazones necesitados de algo más, cuando los sentidos y las razones mundanas son insuficientes. Pero el tic tac de un reloj, que no cesa, da cierre al arca, sinónimo de que esta existencia pasa, queramos o no.

Según las palabras del catálogo: “En la medida que se entiende el espacio como otro nicho contenedor de todas las historias que habitan en sus micromundos; además de ensartar todas sus temáticas a través de sus vivencias, de modo que todo sea visto como una construcción consecuente del yo y sus circunstancias”.Y es cierto.

Si se mira hacia atrás todo tiene sentido. La música del medioevo, el arte del renacimiento, el positivismo de Saint-Simon, el nacimiento del capitalismo, la globalización. Es perfectamente entendible cuando comprendemos la causa y el efecto de un fenómeno. Sin quererlo, los hilos se hilvanan de manera consecuente y lógica, parte de un plan mayor. Otra intención de La habitación del simulacro, reflejar la holística de las cosas.

Para el final está reservado la construcción de varias imágenes con diferentes técnicas, prueba también de la singularidad dentro del todo, la individualidad como símbolo distintivo.

Si realizamos una lectura coherente de la exposición, bajo el infinito silencio de la Galería Villa Manuela, es advertir un nuevo comienzo, esta vez con el acierto de haber pensado sobre cuestiones ineludibles a la existencia humana.