La trama infinita (la belleza infinita) de Alexis Pantoja

La trama infinita (la belleza infinita) de Alexis Pantoja

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  • La trama infinita de Alexis Pantoja Pérez, es una muestra de las inquietudes que componen el universo de visualidades metafóricas del artista manzanillero. Fotos del autor
    La trama infinita de Alexis Pantoja Pérez, es una muestra de las inquietudes que componen el universo de visualidades metafóricas del artista manzanillero. Fotos del autor
  • Las obras de Alexis Pantoja se mueven oníricamente entre lo figurativo y la desbordante imaginación. Fotos del autor
    Las obras de Alexis Pantoja se mueven oníricamente entre lo figurativo y la desbordante imaginación. Fotos del autor

La obra de Alexis Pantoja Pérez (Manzanillo, 1969) supera los estamentos de la figuración más ortodoxa y lo hace moviéndose por senderos visuales donde la imaginación compenetra dúctilmente la visualidad en juego con su propia cosmovisión y, además, en “perpetua tensión entre la dependencia cultural y la autonomía, lo tradicional y lo contemporáneo, lo cosmopolita y lo local, neovisualidad y conservación”, como asegura Liannys Lisset Peña Rodríguez, curadora de la muestra La trama infinita, expuesta recientemente en la Galería Carlos Enríquez de la ciudad de Manzanillo, en Granma.

Hay una luz impresionista en los lienzos de Alexis Pantoja, pero no es la luz, por ejemplo, de la comuna de Giverny donde Monet pintó, desde el puente japonés de su jardín, sus famosos nenúfares: el mismo Claude Monet (1840–1926) que con Impresión, sol naciente (1872) dio inicio al movimiento artístico conocido como impresionismo. No es la luz de los cuadros de Renoir, Guillaumin, Manet, Pissarro, Degas, una luz francesa y mediterránea en su escencia… la que encontramos en estos cuadros. No puede serlo, los paisajes y escenarios que habita y observa el artista son diferentes al de los maestros franceses, pero en ellos hay una luz profusamente tropical (en los colores ocres, los empastes, los matices) que, sin embargo, recuerda claramente a los impresionistas, asimilaciones mediante, sobre todo a Edgar Degas (1834–1917) y sus conocidas representaciones de bailarinas y desnudos.

Alexis Pantoja, graduado de la Escuela Profesional de Artes Plásticas El Alba, de Holguín, en 1988, nos entrega hermosas bailarinas en poses enigmáticas y por qué no, levemente surrealistas en ciertos elementos compositivos. A diferencia de las de Degas, estas no están en escenarios teatrales o aulas de ballet, sino en los más disímiles y artificiosos lugares… Una de ellas, en la obra Bellísima pasión de las alturas, se inclina sobre lo que parece ser un nido. Otra lo hace desde un asiento de madera, en Lo inevitable. Estas obras, me refiero a la inclinación, a la posición del cuerpo en el contexto de la pieza, recuerdan algunos desnudos femeninos del propio Degas, como Mujer en la bañera y La bañera.

Vemos, también, otra bailarina, en El deseo sin fin, que se desplaza sentada sobre una papaya, como si esta fruta fuera un bote en la corriente. En Pas de quetre, las bailarinas se mueven sobre una tortuga, representación medieval de la composición de la Tierra en el universo, y cada una de ellas señala con su brazo a una dirección diferente. Son muchachas jóvenes, quizá en la pubertad, pero sensuales, hermosas. Sus trajes son rojizos, cobrizos, como teñidos por la luz del atardecer cerca del mar. Quizá una luz propia de las costas manzanilleras. Y además, sus cuerpos, quizá criollos, morenos, están matizados por los colores del trópico sobre la piel. Observamos también otras piezas —Alexis es ante todo un muy buen dibujante y eso se trasluce en las 19 obras de diferentes formatos que conforman la exposición— de la misma temática como Ensayo para el Premio de la Paz —aquí sí vemos a las bailarinas sobre el escenario o, al menos, observamos sus pies, sus zapatillas y sus trajes ahora blancos en posición danzante— y Anna recibe la noticia desde el frente.

En otras piezas de La trama infinita, los protagonistas son los niños, aunque estos no están exentos de cierta figuración levemente surrealista, como en Paseo insular, por ejemplo. Pero este es un niño isleño, quizá un pequeño campesino, con un sombrero de paja sobre su cabeza… El niño meditabundo y triste, lloroso incluso, que observamos en un hermoso cuadro como La timidez de los horizontes; aquel que observa desde un cocotero en Todo paraíso no está perdido; o el pequeño de To be or not to be.

En El hijo de Joseph Beuys, este mismo niño aparece junto a un conejo blanco con el que parece jugar o aplicarle un pincel sobre el pelaje. El conejo nos mira, parece interrogarnos tristemente. El pequeño mantiene una mirada triste, la misma que le hemos visto en otras piezas… Aquí Pantoja nos recuerda, desde el propio nombre de la obra, un performance clásico que Joseph Beuys (1921–1986) realizara en la galería Schmela, en Düsseldorf, titulado Como explicar los cuadros a una liebre muerta (1965). En la obra, el reconocido artista alemán se colocó miel y pan de oro en la cabeza mientras le hablaba sobre su obra a una liebre muerta que sostenía entre los brazos.

En otros de los cuadros expuestos en La trama infinita, muestra organizada por la UNEAC en Manzanillo y el Fondo Cubano de Bienes Culturales, Alexis Pantoja explora universos mitológicos y clásicos pero hiperbolizados y oníricos, a los que añade cierto matiz contemporáneo en su concepción. En ellos abundan elementos —eso que Liannys Lisset llama “estructuras semióticas” en las palabras del catálogo— que conllevan a lo absurdo, lo ambiguo, el sarcasmo, la ironía… y que articulan un discurso personal, lúdico, mediante los rejuegos con la tradición occidental. Y en esto recuerda —además de elementos formales y otros relacionados con la maestría en la técnica— al maestro holguinero Cosme Proenza, una de las posibles influencias contemporáneas en la obra del artista manzanillero. Recordemos, también, que Cosme era profesor de la Escuela El Alba en los días de estudiante de Alexis Pantoja y bien el maestro pudo influir en el joven artista. Entre esas obras encontramos: Instantáneas de la futilidad; Geografías perdidas, que recuerda a El rapto de las mulatas, del cubano Víctor Manuel, aunque aquí la raptada es una de las bailarinas y el fornido raptor es un centauro; Rumbo a Europa y Encuentros cercanos, ambas con obvias recurrencias (imaginarias/irreales) al Discóbolo, del griego Mirón.

Al respecto añade la curadora Liannys Lisset Peña: “Sus propuestas pictóricas de naturaleza ambivalente, no están ajenas a la concepción de los representacional, sino que además, funcional como estructuras semióticas que encierran diferentes niveles de significado, son construcciones imaginales a partir de metáforas y ficciones: una cartografía de su contexto histórico, político, social y artístico”.

Entre las piezas de La trama infinita de Alexis Pantoja, quien ha realizado 31 exposiciones personales y otras 30 colectivas, se encuentran también: La timidez de los horizontes II, Metafísicas de la verdad, La magia del delirio, Todo es una historia, amigos, una gran historia, entre otras.

Alexis Pantoja Pérez —lúdico, ambiguo, poético, onírico, referencial pero abarcador en su propia visión y concepción como artista— nos muestra en sus obras un universo de visualidades y metáforas donde la trama infinita va tejiendo, como un hilo de Ariadna contemporáneo y enigmático para salir del laberinto humano, una belleza también infinita.