La venganza de Etzamián

La venganza de Etzamián

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Escritores, Ediciones UNIÓN, UNEAC, Feria del Libro 2016

Quizás lectores un tanto ávidos de novedades foráneas, cuando se topan en librerías con ejemplares de un autor cuyo nombre remite a un extranjero, piensan, como es natural, que se las verán con escenarios y motivos como los del turco Orhan Pamuk, el francés Patrick Modiano o la rumana Herta Müller. Es decir, con una narrativa que responda a vivencias de las que estamos distantes y nos gustaría, por esa magia poderosa que tienen las palabras, pasear por el París de la Ocupación Alemana, asombrarnos del terrorismo kurdo y la oleada de suicidios en una remota ciudad en el nordeste de Turquía bajo una estampida de nieve o asistir a la persecución sufrida por los alemanes rumanos en tiempos de Stalin.

A esos lectores no está de más prevenirlos de la avalancha de escritores y escritoras que, semiocultos en nombres artísticos, parecen haber nacido a principios de siglo XX en Bosnia o en Lituania y nonagenarios ganan, además, el premio David. No me refiero a Dazra Novak ni a Karell Bofill Bahamonde, claro está. En todo caso no se trata de heterónimos y la mirada que nos ofrecen de su universo poco difiere de las propuestas a que nos tiene habituado las editoriales que publican a nuestros autores de nombre común.

GV Andersen (Pinar del Río, 1983) no está ajeno a esos francotiradores que han hecho diana en más de un concurso literario aunque, para hacer justicia, su mirilla telescópica da cuentas de que su armamento de no es de fábrica, es decir, fabricada en serie, sino de elementos rústicos pero con un calibre de gran alcance. Autor del libro Etzamián, Premio David 2014, Andersen sin apropiarse de una tradición, como él mismo ha confesado, apuesta por crear un universo que se desligue de las referencias temporales y espaciales que enmarcan la realidad cubana y opta por construir un mundo propio donde las coordenadas hay que buscarlas en la pasión por la intriga, la condensación del lenguaje y el hallazgo de escenarios personales donde situar las historias.

“La fe es quien me mantiene. Algún día encontraré lo que llevo años buscando”, dirá un personaje, y aunque habla por él en realidad encierra las aspiraciones de los demás personajes que aparecen en los seis cuentos que encierra el volumen. Unos buscarán la venganza y el deseo, otros un secreto, la avaricia, los menos la fama, pero sólo en esa persecución encontrarán su destino, les llegará el alivio, la certeza de haber cumplido su cometido en una tierra donde todo amenaza su felicidad diariamente.

 Andersen sabe el poder que tiene la palabra bien elegida, intuye que el amor, la cotidianidad, el odio y lo sorprendente no tienen su reino solamente en la realidad que asoma a diario a nuestras vidas. Sabe, y esto es lo importante, que los grandes hallazgos posibles de la reciente narrativa cubana están por descubrirse, que hay que arriesgar un modo, una travesía en nombre de la utopía.

Con un lirismo delirante, con una visualidad toda hechizo, este joven narrador ha convertido sus mejores historias en puzzles, rompecabezas que el lector podrá recomponer y desarmar para su mejor disfrute ayudando así, con un vaso de vodka y en compañía de una bella melodía tocada al piano, a desentrañar en un oscuro distrito de Londres la extraña muerte de un propietario de una joyería, la fascinante personalidad de Etzamián, la angustia de un nazi que no puede morir aunque lo intente de varias maneras o las desventuras eróticas de una monja incapaz de saciar su apetito carnal.