Las artes mediáticas en los 59 años de la Uneac

Las artes mediáticas en los 59 años de la Uneac

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Si bien todas las artes se distinguen entre sí, las mediáticas, intrínsecas a los medios de difusión masiva, se diferencian por ser herederas de la evolución de todas las restantes, que por milenios les precedieron en cada cultura humana; no por herederas, menos artes, aunque sí mucho menos tradicionales, y ya eso les implica los cuestionamientos a todo lo nuevo.

Durante esos milenios, se han sucedido y coexistido una tras otra las más encontradas propuestas de conceptuación y clasificación de las artes, que se revolucionan en 1911 en París con el ensayo Manifiesto de las Siete Artes, fundamentación del cine como séptimo arte por Riccioto Canudo (Bari, Italia, 1877-París, Francia, 1923), dramaturgo y periodista considerado el primer teórico del cine (al que llamaba «artes plásticas en movimiento»), y su «Club de los Amigos del 7mo. Arte» (1921), el primer cine-club; donde ya Canudo subraya el protagonismo esencial de las artes hoy visuales, en el cine.

A diferencia de todas las restantes artes, el origen de las mediáticas se puede situar en 1456 en la actual Alemania, con la imprenta de Johannes Gutenberg y, en consecuencia, el primer medio de difusión masiva: la prensa escrita que, a su herencia explícitamente literaria, no tardaría en agregar los atractivos visuales, tan importantes sobre todo ante tanto analfabetismo y que sí enriquecían a sus precedentes manuscritos iluminados, trascendidos por el alcance masivo de la prensa tras la imprenta.

Solo por la ulterior Revolución Industrial y su transformación en la Revolución Científico-Técnica del siglo XIX al XX, y con importantes antecedentes, surgen los otros medios de difusión masiva: el cine (1895, Francia); la radio (1906, Estados Unidos) y la televisión (1925, Gran Bretaña). Esa difusión masiva acelera cada vez más los cambios, hasta la actual Revolución Digital desde mediados del siglo XX, y hoy tenemos también, como mínimo, las artes digitales.

Todas estas artes son hijas, por tanto, de la industria y la tecnología, a diferencia de las otras, que al surgir la industria y la tecnología se le relacionan, pero no le son tan esenciales; queda explícito en el propio nombre del Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (1959).

Cada vez se cuestionan menos a Canudo, y referir el séptimo arte llega a ser un lugar común. En tanto menos tradicionales y dada la alta dosis de publicidad (por su alcance más masivo al entrar en cada hogar) para la que fueron usadas desde su nacimiento durante el auge capitalista (publicidad que tampoco ha estado exenta de ningún arte ni de ninguna manifestación cultural, aunque surgidas y desarrolladas en otros contextos sin tal capitalismo), la radio y la televisión han sido (y aún son) mucho más cuestionadas artísticamente.

No se puede decir que sean artes, sino medios: pero tampoco se pueden negar las artes radiofónicas y televisuales, que son las que potencian a trascender a estos medios, crecidos por los valores artísticos irregulares pero ciertos, en guiones, puestas en escena, sonidos, ediciones, decorados, interpretaciones y mucho más, a partir del lenguaje comunicativo de cada medio, que extiendo a la urgencia de una programación más lograda artísticamente.

Asimismo, se diferencian de las restantes artes, en que estas son artes colectivas, lo que también se encuentra en las artes escénicas o en la música (en las orquestas, por ejemplo) o incluso en el proceso de edición e impresión de un libro; pero no tan definitorias como en las artes mediáticas, justo por los contextos en que cada una nace.

La relación entre las artes es igualmente antiquísima: en artículo anterior en este sitio analicé el ritmo en toda arte, y no solo en la música, y si la poesía se ha valorado como la primera de las artes, en realidad es lo que hace que toda arte sea tal, y eso no disminuye en lo absoluto al género literario así conocido; al contrario.

Pero la natural imbricación de todas ellas en las artes mediáticas, las singulariza. Y son artes porque como las restantes, educan (o mal educan, en el caso del seudo-arte del que no escapa ningún arte) ética y estéticamente, reflexionan, reflejan a la par que critican y proponen, devienen símbolos, son práctica y teoría, legitiman causas, visibilizan lo oculto y sostienen e impulsan a la economía y a todo otro perfil social, pues comunican más que las restantes por su alcance masivo a cada hogar e individuo, con mucho mayor impacto y movilización. A ellas se deben los estudios de Comunicación Social y Comunicología en las primeras décadas del siglo XX.

Las clasificaciones suelen ser necesidades siempre que no degeneren camisas de fuerza, y quizás el mayor valor de estas sobre las artes, es la provocación que sentimos a polémicas mucho más acordes a las ciencias actuales, que no es el objetivo de estas líneas; sin embargo, al percatarnos que nuevas propuestas de clasificación incluyen como el octavo, noveno y décimo arte a la fotografía, el cómic y los videojuegos (esto nos encara a un futuro inmediato), se entiende por qué en sus primeros años, no se cuestionaba al ya tradicionalmente reconocido cine para ser incluido en la naciente Uneac, pero sí a la radio y a la televisión que según los dogmas, eran más frívolos (lo cual contradecía al uso que siempre han tenido), y no son integradas sino hasta 1977, acierto cuyo inmediato concurso Caracol desde 1978 hasta la actualidad, ha prestigiado con creces.

Fue sin duda alguna, uno de los hitos evolutivos de nuestra Uneac en sus 59 años que ya estamos festejando, y al que hemos de volver en próximos textos, como nuestro mejor tributo.