Las figuraciones sugestivas de Bonachea

Las figuraciones sugestivas de Bonachea

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Plásticos, Holguín, exposición
  • La exposición El Bona del reconocido pintor cubano Vicente Rodríguez Bonachea. Fotos Carlos Rafael
    La exposición El Bona del reconocido pintor cubano Vicente Rodríguez Bonachea. Fotos Carlos Rafael
  • La exposición El Bona del reconocido pintor cubano Vicente Rodríguez Bonachea. Fotos Carlos Rafael
    La exposición El Bona del reconocido pintor cubano Vicente Rodríguez Bonachea. Fotos Carlos Rafael

El arte del pintor cubano Vicente Rodríguez Bonachea (1957-2012) muestra una sexualidad tropical que la distingue en el escenario insular. Tropical en el sentido de sus múltiples figuraciones casi surrealistas y de un trazado sugestivo, voyerista, cómplice, corporal.

La exposición El Bona, con alrededor de 12 obras de la autoría de este reconocido artista cubano, se exhibe, a manera de homenaje, en la Casa de Cultura de la ciudad holguinera de Gibara a propósito del Festival Internacional de Cine 2017.

Onírica y traslúcida, la mirada de Bonachea penetra un mundo de cuerpos e insinuaciones donde lo real otorga espacio a las metáforas en sus trazos de figuras alargadas y desnudas.

La muestra reúne obras en diferentes estilos –aunque prevalece el óleo sobre lienzo, además de varias acuarelas y un grabado– donde predomina como unificador el trazo seductor y los colores de Bonachea como evidencia del quehacer de un artista fallecido en plena madurez de su trabajo.

En El Bona encontramos las tipologías tropicales, los árboles, las aves, los colores traslúcidos, azulados, humeantes. Además, los cuerpos curveados, alargados, desnudos; los rostros enigmáticos y casi triangulares que caracterizan las obsesiones de Bonachea; los placeres de la posesión y de la mirada poseída, que al mismo tiempo posee.

En la obra de Vicente Rodríguez Bonachea, las miradas a la sexualidad y el erotismo funcionan como espacio de resistencia en la plástica cubana. Asimismo, la imagen de José Martí –como muestra parte de su quehacer pictórico– explota las posibilidades de acercamiento y subversión de una Historia construida sobre la base de la fría y distante figura del Héroe impoluto.

Según el escritor Alex Fleites, la pintura de Bonachea es “luminosa sin estridencias, es íntima sin impudicia; es agradable sin decorativismos; es honda sin pedantería; es erotica sin obviedades; es risueña sin ironica malicia; es lírica sin ñoñería; es densa sin encriptaciones; es cubana sin incurrir en las caprichosas estratificaciones de la identidad”.

Graduado en 1976 de la Academia Nacional de Bellas Artes San Alejandro, Bonachea trabajó en el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (Icaic) realizando pinturas, rótulos, vallas de anuncios comerciales y diseños de escenografía para diferentes filmes. Desde su primera exposición personal en 1978, Hacer es decir (Dibujos, Galería de Arte Galiano, La Habana), hasta la última en 2011, Una oscura pradera me convida (Galería Orígenes, La Habana), Vicente Rodríguez Bonachea realizó más de 60 exposiciones personales y participó en un total de 160 muestras colectivas.

No quepa duda: Bonachea es –sigue siendo– un artista esencial para comprender las bifurcaciones de la plástica cubana en los últimos tiempos. Su romance, voyerista en el mejor sentido de la palabra, es con el arte y sus amplitudes. O mejor: su romance es con el mundo pero siempre a través de las amplias profundidades del arte.