Las Makarenkas

Las Makarenkas

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Centro Dulce María Loynaz
  • La narradora y realizadora Niurka Pérez. Foto tomada de CINED-CubaVisión
    La narradora y realizadora Niurka Pérez. Foto tomada de CINED-CubaVisión

“Estoy enamorada del documental Las Makarenkas, de la narradora y realizadora Niurka Pérez, no solo por el enfoque ético-humanista que le imprimiera a esa joya del audiovisual cubano contemporáneo, sino también por su excelente factura estético-artística, que combina magistralmente razón y emoción”.

Con esas palabras, escapadas del alma, califica la nonagenaria intelectual cubana Gina Preval dicho documental, cuya proyección tuvo lugar en el capitalino Centro Cultural Dulce María Loynaz, para homenajear a las maestras Makarenkas por el Día del Educador.

La guionista y directora de Las Makarenkas, donde alternan la alegría, la nostalgia, las vivencias, las anécdotas y las experiencias positivas y negativas de las primeras graduadas del Instituto Pedagógico Makarenko (IPM), invisibilizadas en los medios, y casi olvidadas por completo en nuestro entorno, relató  —en apretada síntesis— las motivaciones fundamentales, así como las dificultades objetivo-subjetivas que ella y el equipo de trabajo debieron afrontar para materializar en la práctica tan ambicioso proyecto audiovisual, signado por el amor y la pasión con que fuera concebido, y llevado —finalmente— al celuloide.

En el documental, con 42 minutos de duración, desfilan por la pantalla imágenes de archivo, así como los testimonios de varias de esas maestras Makarenkas, quienes narraron cómo fue que se incorporaron a esa experiencia formativa que les facilitó descubrir en sus profesores, tanto en el aula como fuera de ella, los disímiles valores en que se estructura la personalidad de un maestro integral.

Por otra parte, los principales inspiradores de ese proyecto fueron el Comandante Fidel Castro Ruz (1926-2016), y la ilustre luchadora revolucionaria y feminista Elena Gil Izquierdo (1906-1985), paradigma para aquellas adolescentes y jóvenes, y directora fundadora del IPM, cuyas concepciones se estructuraran —desde los puntos de vista conceptual y teórico-metodológico— en las doctrinas pedagógicas y prácticas docente-educativas defendidas por el eminente pedagogo soviético Antón S. Makarenko (1888-1939)

Frente a la cámara inquieta, las hoy abuelas —muchas de ellas doctoras en ciencias pedagógicas o en otras disciplinas científicas o humanísticas, dirigentes del Ministerio de Educación, del Sindicato Nacional del ramo o de la Asociación de Pedagogos de Cuba—  evocaron con no disimulada emoción los momentos alegres y tristes, dramáticos y humorísticos, que mediatizaron su estancia en las casas-albergues donde fueron alojadas y simultanearon estudio, trabajo, deporte y cultura.

Tanto fue así, que decidieron escribir la letra, luego llevada al pentagrama musical por una estudiante que tocaba el piano, el himno de las Makarenkas, que entonan cada vez que se reúnen o que la ocasión lo requiere.

Después de hablar de sus vidas como estudiantes, centraron su discurso en la experiencia pedagógica adquirida en las aulas de enseñanza primaria o secundaria básica donde ejercieron el magisterio; profesión ennoblecida por educadores de la talla excepcional del venerable padre Félix Varela y Morales (1788-1853), don José de la Luz y Caballero (1800-1862), José Martí y Pérez (1853-1895), y don Enrique José Varona y Pera (1849-1933), y percibida como fuente nutricia de ética, humanismo, patriotismo y espiritualidad.

En la misma medida en que desfilaban las imágenes fílmicas por la pantalla, las veteranas Makarenkas no podían ocultar las lágrimas que se les deslizaban por las mejillas, cual agua cristalina que corre por los ríos subterráneos del espíritu humano.

Las Makarenkas refleja una época que marca un hito en la historia de la educación cubana, así como una experiencia única e irrepetible, registrada para siempre en la memoria poética de aquellas primeras maestras Makarenkas.