Las múltiples interrogaciones de José Enrique Valdés Cano

Las múltiples interrogaciones de José Enrique Valdés Cano

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Las Tunas, exposición. Holguín, Fondo Cubano de Bienes Culturales, Plásticos
  • Piezas de la exposición Sin piel hacia mi sombra del artista tunero José Enrique Valdés Cano (foto Carlos Rafael)
    Piezas de la exposición Sin piel hacia mi sombra del artista tunero José Enrique Valdés Cano (foto Carlos Rafael)
  • Piezas de la exposición Sin piel hacia mi sombra del artista tunero José Enrique Valdés Cano (foto Carlos Rafael)
    Piezas de la exposición Sin piel hacia mi sombra del artista tunero José Enrique Valdés Cano (foto Carlos Rafael)

La exposición personal Sin piel hacia mi sombra del artista tunero José Enrique Valdés Cano se exhibe en la Galería “El Zaguán” del Fondo Cubano de Bienes Culturales (FCBC) de Holguín, como muestra palpable de la sucesión de interrogantes sobre la condición humana y sus múltiples bifurcaciones metafóricas e existenciales.

Las esculturas de José Enrique Valdés Cano —miembro de la UNEAC en Las Tunas— dejan sin aliento ni respuesta inmediata en la necesaria confrontación con el hecho artístico, con la obra de arte y sus interrogaciones. La sugestión que provocan las piezas —esculturas en madera policromada y otros materiales como el caolín— provoca un enfrentamiento que resulta ilusorio por metafísico, por bellamente impalpable e imaginativo dentro de un estado de liberación de la conciencia.

Según el artista, la serie nació en 2006 bajo “circunstancias existenciales agónicas” y con “un marcado sentido autobiográfico” palpable en las piezas expuestas: “A veces la vida —¿o el destino?— te pone en la balanza del devenir decisiones que se pueden tornar sacrificios cósmicos para poder entender que una persona, y un artista, más que nada, lo primero que debe de hacer es encontrarse consigo mismo, buscar en lo profundo de su ser la esencia que lo anima a crear, a manifestar físicamente imágenes exorcizadas del subconsciente, y del alma (…) donde el tiempo es cíclico; donde las imágenes, ansias y deseos reprimidos vuelven del pasado al futuro y pasando por un presente tan transitorio como la vida misma, que en ocasiones se torna tan oscura cual una muerte vivida, donde los pensamientos se proyectan como sombra y huella a la vez. Es entre esta dualidad antagónica que la serie transmuta, entre etapas oscuras y oasis de lucidez y abstinencias; buscando la luz en las terrenales oscuridades de una personalidad bipolar, de un ser binario que a ratos fuego o agua, luz y oscuridad (…) salvador o verdugo de sí mismo”, asegura Valdés Cano.

Cada trazo, cada incisión están plenamente justificadas —técnica y conceptualmente—. Además, en las esculturas del tunero Valdés Cano: el artista cree en el significado palpable de sus inquietudes, cognoscibles en las huellas de sus piezas con matiz autobiográfico, lo ha vivido, lo ha experimentado en carne propia: el hombre con sus inquietudes articula todo un discurso.

En la serie se advierte, un marcado matiz espiritual y metafísico por la utilización de reiterados símbolos mítico–religiosos. Por una parte, la cruz como un elemento que, bajo formas diversas, se encuentra casi en todas las culturas desde épocas remotas sin estar ligada exclusivamente al cristianismo: un “símbolo unificador de la conjunción entre el mundo material de la manifestación universal infinita (transepto horizontal) y la comunión del mundo espiritual del Hombre, la lucidez de las ideas y la inspiración (transepto vertical). Al utilizar un símbolo con un legado tan condicionador para nuestro tiempo —o nuestra era— la intención de polemizar o cuestionar al espectador en cuanto al verdadero sentido de la fe se hace evidente. Se me hace necesario extenderme hacia otros niveles de representación de un concepto que en su esencia se torna más abarcador y global”, dice el propio Valdés Cano.

Por otra parte, su preferencia por las mándalas: término de origen sánscrito que denotan diagramas o representaciones esquemáticas o simbólicas complejas del macrocosmos o el microcosmos, utilizadas tanto en el budismo como en el hinduismo como objeto o instrumento de contemplación y concentración. El espacio sagrado —el centro del universo y soporte de concentración— es generalmente representado como un círculo inscrito dentro de una forma rectangular, como observamos en muchas piezas de Valdés Cano, mándalas creadas por el artista. Entre las piezas de Sin piel hacia mi sombra es necesario mencionar las siguientes: “Trapecio”, “Oasis”, “Ánima”, “Oasis II”, “Simiente”, “Trapecio II”, “Oasis III”, “Anorexia”, “Sed”, “Trapecio II”, “Ignívoma”, “Áncora”, “Samsara”, “Eclosión”, “Pez”, “Sin piel hacia mi sombra”.

La exposición está compuesta por diferentes partes “ascendentes” en la curaduría, cuyo orden cronológico nos recomienda el artista: “Génesis y oscuridad”, “Transmigración” y “Alineamiento y Trascendencia”. Siguiendo este camino llegamos a comprender —en parte, quizá ilusoriamente— sus intenciones como creador o eso, al menos, intenta decirnos Valdés Cano.

En Sin piel hacia mi sombra predomina el uso de la madera como material unificadores de una estética particular, donde se entrecruzan yunques, planchas eléctricas, picachones, cruces, cadenas, herraduras. Asimismo, el uso del caolín policromado: “Todas las piezas están realizadas en madera, en algunos casos le he incorporado elementos metálicos para causar en el espectador un mayor interés al percibir formas que, al estar integradas por la técnica pictórica, se hacen homogéneas a la vista y engañan al espectador, pues a veces el detalle observado puede ser real o simulado a través de texturas táctiles y visuales”.

Añade Valdés Cano que “el interés por la madera como base de mis creaciones se manifiesta desde los inicios de mi carrera, siento un gran respeto por este noble e importante material que está al alcance de todos y además es uno de los materiales tradicionales de la escultura. Me siento muy cómodo al trabajarla y por los años que llevo conozco algunos secretos técnicos propios del oficio. Además, uno de los presupuestos estéticos por los que me he regido siempre ha sido mantener un alto nivel en el oficio, la destreza técnica, el trabajo manual-artesanal además el equilibrio a la hora de conjugar contenido y forma”.

En las palabras del catálogo de Sin piel hacia mi sombra, el Maestro Jorge Hidalgo Pimentel expresó: “Sin lugar a dudas es un artista diferente a lo común, en realidad es un exorcista. Realiza la obra como un signo intemporal. Sustituye lo decorativo y edulcorado comercial por lo ritual en un reclamo de compromiso ético y de fe en los designios y posibilidades del Hombre, como una mediación, quizás una asunción entre el observador y las fuerzas esenciales de la naturaleza. Son fuentes de una energía que puede ser sagrada en una síntesis metafórica de cosmogonía personal. (…) Aquí se hace evidente que la belleza no es una cualidad que pueden tener o no las cosas. La belleza está en la esencia que las sostiene. Valdés Cano demuestra que estamos relacionados con todas las partes de universo, así como con el porvenir y el pasado”.