Lina de Feria y la certeza crítica

Lina de Feria y la certeza crítica

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  • La noción crítica de Lina de Feria sobreexpone en la impresión.
    La noción crítica de Lina de Feria sobreexpone en la impresión.

Uno llega al silencio y está en un café que le embriaga de la nostalgia. Recuerda a todas luces el sonido del teclear insistente para que nazca una idea, un acto, un pensamiento. Realmente no sabe qué está esperando cuando llega al segundo café y este le sabe a mucha ciudad vespertina, a rollos de periódicos recogidos del piso, a ese hombre que vende limones en una tarde de agosto, tres vasos de a siete cada uno, rebajados porque ya es muy tarde y nadie se ha atrevido a comprar.

Este segundo café es imposible y comienzan a imaginar cosas diferentes. Si no tuviera que esperar tanto. Si no hubiera tomado la decisión de esperar para poder cambiar el mundo. Pero cambiar el mundo tiene mucho de silencio. En una hora, no ha sucedido nada. Quizá el hombre que discute con una mujer algo absurdo, también se refiere a ese segundo café que tengo delante.

Desde la mesa de uno se distingue la diferencia. Es circular (para no cometer ningún error: no es redonda), con una muchacha vestida a la moda de los ‘30 y la boca abierta esperando desgajarse unas uvas vacilantes entre lo morado y la ensoñación. Probar ese café va más allá de la valentía.

Pienso que la poesía es como estos elementos que tengo delante (que están “delante” de uno).

Hace relativamente poco, descubrí en una librería situada en un lugar inadmisible, peñasco de literatura, entre muchos libros de uso, una aventura crítica de la poeta, ensayista y dramaturga (para situar tales manifestaciones creativas en un mismo orden jerárquico) Lina de Feria, a la cual se le dedicó la más reciente Feria Internacionales del Libro. Hasta ese momento no conocía, otro libro de esta autora con tanto portento.

La conjetura crítica (Ediciones Extramuros 2015) de Lina de Feria, es un libro entero por su perspicacia hacia la poesía. Compuesto por veintiún textos que viajan desde la Avellaneda a Rito Ramón Aroche y a ella misma, se lee en aproximadamente una hora y tanto. Desde hace tiempo, no veía en librerías un libro que sin grandes reminiscencias rumiara desde la noción de la bigpicture diferentes libros de poesía. Estas conjeturas entregan fuerza y ganas de escribir, por la sola esperanza que alguien como Lina de Feria algún día tenga entre sus manos un ejemplar de un libro que le pertenezca a uno y que, sobrepasando el segundo café, o sea la imposibilidad, escriba sobre él firme, pero con delicadeza.

La noción crítica de Lina de Feria, sobreexpone en la impresión. La articulación de los textos es suave, pero realiza lo que se extraña demasiado entre las publicaciones periódicas que tienen secciones enteras dedicadas, única y exclusivamente, a la crítica literaria. Estos textos son profundos y diseñados para que el lector investigue combinaciones de palabras exactas como: “actitud deísta”, “fabulación realista”, “implosivo canto”, entre muchas otras. Lina de Feria ataca con metáforas las metáforas. Y me recuerda un poco algunos prólogos borgianos, aunque la comparación solo sirva para dar un pequeño toque de grandeza.

La tarde baja y la conjetura, no se ha vuelto sucedánea. Conjeturar es, quizá, para el crítico (y más del género lírico por excelencia) una manera de sobrevivir en las inmensas interrogaciones estéticas que confunden más de lo que aclaran. Conjeturar es, de cierta forma, el oído interno que prevalece. Conjeturar, para Lina de Feria, va por encima, pero casi entroncando en diversos puntos diametrales, la sobrenaturaleza.

Estas veintiuna voces no se agolpan, porque en definitiva la trabazón pertenece a lo que en la Isla fructifica como imagen. Esa tradición poética que nunca será cuadrilátera, sino diseminada y obligatoria para lo profundo del ser que se las arregla para entrar en ese dominio. Son veintiún textos impresionados por la capacidad de asombro. Lina de Feria logra, entre tanto, trazar una corriente eficaz de lo que ven los poetas de su entorno, de lo que nace, de lo que está, de lo que en realidad penetra el ojo sin trámites aduanales. La conjetura crítica se encarga de establecer un guiño arcaico a las fórmulas y modos de acercarse al texto.

Uno está en el silencio. La ciudad (que es de cierta manera la Isla) está regresando. A esta hora se intensifica. Las señoras que tenía delante, se fueron alegremente a conjeturar a otra parte. El hombre discutidor se ha tomado el trabajo de explicarme cuál fue la situación real de la discusión con la mujer, y en efecto fue sobre algo imposible. Más allá, se sentaron en una mesa esquinada, los habituales, y comienzan a trazar perspectivas acerca de la programación cinéfila del Proyecto 23. Uno sigue en silencio y se pregunta cómo Lina de Feria ha logrado conjeturar sobre la poesía de manera tan magistral, sin que salgan a relucir ciertos toques pedagógicos.

La noche está legándole al café toda la oscuridad. Mientras cruzo los brazos por encima de la frialdad de este segundo café y me entretengo en la idea que tengo que buscar los libros a los cuales Lina de Feria se refiere. Y ese es otra fortuna de La conjetura crítica: ella te hace buscar esa literatura porque deja las dudas necesarias. La crítica impresionista, de Martí, por lo subjetiva, deja dudas necesarias ya que no trata de salvar o realzar, sino que aguijonea al ojo para que el horizonte se multiplique. Lenguaje sencillo pero contundente.

Muestras valiosas e ininterrumpidas que buscan cicatrizar en la lectura desconocida. Quien obtenga un libro como este, habrá llegado a un estado conflictivo. Por lo interesante y lo valioso. Lina de Feria rebusca en la poesía de estos “contemporáneos” (no importa su edad o género o procedencia o arribo a la poesía) y en ella misma, cuáles razones hacen necesaria la pertenencia a la experiencia lectora. Va dónde la poesía es un cúmulo concreto, sin alternativas.

Si bien la ausencia crítica es el predominio del proceso canonizador de la poesía en Cuba, Lina de Feria opina, discute y rivaliza su criterio con el lector. Nunca trata de convencer ni de presumir con intenciones extremadamente cultas, siquiera empoza eslóganes de campañas para la lectura. La Conjetura Crítica (así, con mayúscula) se preocupa y se ocupa de un futuro invisible por lo diseminado: la conciencia de estar en medio de la inopia. Para Lina de Feria la conversación es posible sin shortcuts hacia la idea, en la manera de mostrarla.