Literatura rusa: un foro para las evocaciones

26 Feria Internacional del Libro de La Habana

Literatura rusa: un foro para las evocaciones

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  • Segunda sesión del Foro Literario que organiza la Asociación Ecritores de la UNEAC. Foto del autor
    Segunda sesión del Foro Literario que organiza la Asociación Ecritores de la UNEAC. Foto del autor

Como en octubre de este año se cumplirán cien años de la Gran Revolución Socialista de Octubre, el Foro Literario de la Asociación de Escritores se concentró en la mañana de ayer en repasar —al menos reflexivamente— la literatura rusa y sus diversas aristas que a pesar de la distancia siguen siendo claves para entender la literatura mundial.

El panel, moderado en esta ocasión por Víctor Fowler, estuvo compuesto por Julio Travieso, Francisco López Sacha y Desiderio Navarro, con vistas a abordar la narrativa, el teatro y el panorama cultural y político iniciado en 1917.

Como apertura, Julio Travieso abordó la narrativa, concentrándose en la figura de Mijaíl Bulgákov, uno de los grandes escritores de la primera época de la Revolución, que publica entre 1919 y el 1939, en un momento donde el movimiento cultural se abrió y se permiten todas las corrientes (dadaísmo, constructivismo, simbolismo, etcétera).

“Hay mucho que decir de una literatura como esta tan rica, con muchos autores de los que hablar, tiene tres grandes momentos: el Siglo de Oro con Pushkin, la Época de Plata con Dostoievski, Tolstoi o Chejov luego la primera década dentro de la Revolución con Basili Brokman, Bulgákov quien vivió un período activo e importante también para la organización de la literatura rusa.”

Durante el desarrollo de su intervención mencionó grandes obras del escritor como El maestro y Margarita, de la cual resaltó que “lo fantástico se entremezcla con la parodia y la burla, una profunda reflexión sobre el bien y el mal recorre toda la obra: ¿Qué significan? ¿Cuál se impone en el mundo? Da la impresión de que su autor dijera que el mal es un complemento del bien y cuando se manifiesta como tal no siempre es dañino y puede actuar como un justo castigo”.

Antes de terminar, exhortó a la lectura de esta novela que hoy continúa siendo un éxito en la actualidad como lo demuestran sus múltiples ediciones, y que sobre todo es una demostración de que en las condiciones más adversas se puede y se debe ser escritor.

Posteriormente, Sacha se concentró en el teatro, aclarando primero que este tiene exactamente un siglo, pues comienza en 1819 y termina en 1919 y es tan rico y extraordinario que cambió el teatro mundial: “Con Griboyédov nace la tradición de la comedia y el teatro ruso, pero es Pushkin el que le va a dar el cuerpo definitivo al menos en el género trágico, cuando en 1825 escribe Boris Godunov, la primera gran tragedia del teatro ruso y del teatro romántico europeo”.

También se refirió a un proceso evolutivo de dramaturgos desde Nikolái Gógol que escribió de El inspector, una obra maestra de comicidad y penetración sicológica estrenada en 1836, momento en el cual teatro ruso tendrá un camino ascendente, con otro gran dramaturgo como Iván Turguénev con Un almuerzo en la casa de un mariscal de la nobleza en 1842, la primera obra donde no hay peripecias ni untos de giro, con vistas a enfocar la abulia total del mundo zarista.

“Luego aparece el primer maestro del realismo que es Alexander Ostrovski, con su obra La sin dote, una joya de la escritura realista o escritura problema. Y cuando aún la escena soviética no tenía la mecánica realista, como tampoco los franceses, ingleses o alemanes; este dramaturgo ya tenía el texto”.

“Influenciado por este teatro aparece Chejov, y no en balde el será el camino para una nueva dramaturgia mundial, inició un cambio de perspectiva que adeudamos desde el día de hoy, una dramaturgia que es como una red de cruce de personajes. Sus obras importantes son La Gaviota y El jardín de los cerezos”.

Por último, se refirió al gran Stanislavski, que creó un sistema de actuación y con quien nace una nueva dramaturgia y una teoría moderna de la actuación, y estos son aportes de la tradición rusa vinculada a la mejor tradición europea.

Para el cierre de lujo, el ensayista Desiderio Navarro se refirió al panorama cultural dentro de la Revolución, concentrado en la tesis de que no solo con la literatura hubo muchos casos de malinterpretaciones de los textos, tomando a Maiakovski por caso, del cual solo se tradujo lo ético y en algunos casos lo lírico, nunca su vasta obra de corte satírico:

“La posibilidad y necesidad de las traducciones de un escritor como Miakovski tienen su origen en una gigantesca e injustificable omisión que en ninguno de sus tomos de poesía se haya incluido ni un solo poema de sátira y crítica social que él dedicó a diversos problemas de la sociedad soviética de su tiempo”.

“La fuente primera de estas desfiguraciones y escamoteos ha de ser buscada en otra parte: en la hegemonía durante las décadas que se extienden de 1934 a 1954 de lo que los teóricos han llamado Teoría de la ausencia del conflicto. Maiakovski es conocido en Cuba como el gran poeta de la Revolución de Octubre, sin embargo aún no es de conocimiento general que ha sido reconocido como el fundador y figura máxima de la sátira soviética en la poesía y en el drama”.

Su valiosa intervención culminó aclarando que lamentablemente esa omisión no ha sido corregida hasta hoy y que es su deseo repararla en la medida de lo posible, por ello aprovechó el espacio para cerrar con el anuncio de publicar sus estudios sobre esta prestigiosa figura de la literatura rusa en la Colección Sur.