Lo que va en Una botella al mar

Lo que va en Una botella al mar

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  • Una botella al mar de Miguel Barnet, se aparece con la impresión costera de Flora Fong.
    Una botella al mar de Miguel Barnet, se aparece con la impresión costera de Flora Fong.

No se sabe cuando el primer hombre lanzó la primera, pero la realidad es que cada noche, en el malecón de La Habana, alguien lanza en vidrio y celulosa una esperanza. Quizá el mensaje pertenece al grito de auxilio que la soledad de una Isla puede crear; o un dibujo de promesas que él no solo aplica a este mundo, sino a cierta luz que tocó esa mañana antes de enrollar el papel e introducirlo en la botella. Lanzar una botella al mar es un mito íntimo y personal.

Según M. Meletinski, “el mito es el modelo primario de toda clase de ideología y la cuna sincrética de las diferentes formas de cultura: la literatura, el arte y la religión y, en cierta medida, de la filosofía y la ciencia”1. He aquí que toda la trama del hombre pasa, en principio, por el tamiz del mito.

Una botella al mar (Letras Cubanas 2015) de Miguel Barnet, se aparece con la impresión costera de Flora Fong. Un manglar topacio que simula muy bien el atardecer, donde deja a la bruma lo que parece, en el fondo, un fortuito empecinamiento de montañas. El amarillo casi verde le ofrece al mar, al manglar, a las palmas, al territorio que tiene de detrás, una bienvenida imposible por su reiteración y la partida. Quien está trazando lo que vemos en la portada del libro, va a la deriva, está al capricho de lo que la serenidad y el impulso marino decidan. En fin, no tiene rumbo, por delante la inmensa pulcritud de la nada.

Luis Álvarez se ha encargado del prólogo de esta antología. Y aprovecha las páginas primeras para dialogar con lo que ha sido un autor fuera de las distintas nociones críticas que han atravesado la Isla como eventos meteorológicos de gran envergadura. Allí se lamenta de que aun no exista un libro que se encargue de posicionar coherentemente, es decir: en el canon que es la historia literaria cubana, la producción lírica de la segunda mitad del siglo xx (añado la primera década y media del siglo xxi), como lo hizo en su momento Lo cubano en la poesía de CintioVitier. Luis Álvarez interroga muy bien los cauces de Miguel Barnet y los expone. Su prólogo intensifica lo que la lectura desnuda no podría destacar.

Para Miguel Barnet, que no imagina un mundo sin poesía, esta antología es una razón indiscutible. Compuesta casi por 300 páginas, cualquiera podría pensar en un libro agobiante y trabajoso, solo para estudios especializados o para pulsiones críticas. Una de esta especie de poemarios antologados solo para lectores avezados o estudiosos de la faceta lírica del etnólogo, ensayista y novelista. Pero no hay nada más alejado de esta visión: Una botella al mar se lee, se deja leer como una serie de poemas cada vez más nuevos.

Poemas, limpios, audaces, dialogan íntimamente con el lector que gusta de la imagen refinada, se infiltran en la experiencia con potencia y, a veces, desenfado. Solo basta visitar versos que son más bien espacios (Mapa del tiempo) Génesis III o Manuscritos inconclusos.

Creó el cielo y la tierra,
el aire, el agua, el fuego

y ya se sabe que las plantas, los animales
y todo ser viviente, contando naturalmente
con el hombre, supremo hallazgo de su imaginación

Pero era mudo y quién creó la palabra
fue el hombre, gracias a lo cual

conocemos de él, de lo que hizo
y continúa haciendo por los siglos de los siglos
                                                         Amén2

Aquí, el poeta ausentando de palabras al Creador lo iguala al hombre. El lenguaje (las palabras) para Barnet es toda la realidad a la cual se puede asistir. Por tanto, el hombre es mucho más. Capacitado está de creación, de poblar a través de la comunicación, ideas, hechos e imágenes. Génesis III es mínimo pero plural, en tanto espacio mediatizado entre la palabra que crea, y la estructura, del verso libre, que simula el texto bíblico. La simulación de un mito desprovisto de contexto histórico, de prehistoria.

Lanzar una botella al mar, vacía o con un mensaje dentro, a Barnet se le antoja acto escritural. Es increíble, logra que este mito llegue a depositarse en otro. La poesía vista como salvamento, como resignación, como obra de rebeldía. Una batalla librada en un acto extraño, casi irracional, que de todas maneras hincha el pecho con una esperanza ilimitada. Así, se mantiene fuera de la vileza humana. Dejar una botella al mar, también es un modo de viajar a donde la naturaleza de los vientos y los mares (a donde dios), decida.

Luego, en este hermanamiento del llamado, en la inmersión de las mareas que poseen a este libro, Barnet vuelve a ser íntimo. ¿Qué no ha tratado en toda esta obra sino es de la intimidad y el mito?

Cuando vencí la página número 298, y encontré:

Yo no puedo hacer otra cosa
que seguir empujando un país
3.

Comprendí que para Miguel Barnet una ciudad debe hundir sus calles en la tierra, tiene que adivinarse la llegada del otoño, ha de ser imposible dormir en la hermosura del paseo, que las luces son blancas en La Habana, que un pedazo de vidrio quebrado en el verano es bueno recordarlo, no necesario, sino bueno. Un bueno eternamente martiano.

Y he llegado al punto dónde cerrar un libro es abrir un mito. ¿Por qué quién no se ha sentado en el malecón o cualquier playa abierta y lejana, y ha lanzado, como queriendo que este le responda de inmediato, una botella al mar?


1 Meletinski, E. M. (2012). El Mito y el Siglo XX. Criterios (32), 523-530.

2 Génesis iii, pág. 93

3 Empujando un país, pág. 297