Los buenos demonios

Los buenos demonios

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Haz lo que yo digo, pero no lo que yo hago

Refrán popular cubano

Los buenos demonios, del cineasta Daniel Díaz Torres (1948-2013), con  dirección del realizador Gerardo Chijona, es el filme de estreno que la cinematografía insular presenta en el XXXIX Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana 2017.

El elenco está integrado por los primerísimos actores Isabel Santos, Enrique Molina, Vladimir Cruz, Yailene Sierra y Carlos Enrique Almirante, mientras la trama gira alrededor de Tito (Carlos Enrique), quien tiene 23 años de edad. No obstante, nadie que esté cerca de ese chico puede imaginar que detrás de una fachada normal, educada, se esconde un joven con una visión materialista y pragmática de la vida, que le rinde culto “al tener” (dinero, por supuesto, para ¿comprar la felicidad?), en detrimento del “ser”.

Esa doble vida, ese doble rasero, que signa el comportamiento psicosocial  del personaje de Tito, y lo lleva a incurrir en hechos terribles, que lindan con la delincuencia y la marginalidad, un día —más temprano que tarde— tiene que pagar por ellos y esa máscara de “buena gente” (al decir del cubano) con que se cubre el rostro, pero no el alma, cae estrepitosamente, y se muestra tal cual es: una persona con una conducta sustentada en los contravalores que transgreden las normas ético-morales (no moralizantes), que regulan la vida en sociedad.  

Dicho largometraje, cuya acción dramática se desarrolla —en parte— en el capitalino barrio de Alamar, propone una visión —desde una óptica objetivo-subjetiva por excelencia— a la Cuba de los primeros años del presente siglo.

Desde el punto de vista de su clasificación genérica, la cinta deviene un drama desdramatizado, donde coexisten y conviven tres generaciones de cubanos: la fundacional de la Revolución, la intermedia y los hijos del denominado periodo especial.

Dos de los personajes masculinos (Molina y Cruz) desempeñan el papel de dueños de un restaurante privado (“paladar”), mientras uno de los personajes femeninos (Sierra) interpreta a una vecina en pugna por insertarse y adaptarse a la compleja realidad que le ha tocado vivir

Por otra parte, habría que destacar el buen uso del lenguaje cinematográfico, sobre todo el verbal y el extraverbal, que el espectador aprecia, sobre todo en los chispeantes o candentes diálogos y en el uso racional de los movimientos corporales; recursos lingüísticos y gestuales, al igual que los técnico-interpretativos, en los cuales se estructura el género audiovisual.

No creo necesario reiterar aquí la excelencia artístico-profesional que identifica, en cualquier medio, a los actores que participan en Los buenos demonios, una película donde los personajes saben muy bien quiénes son, qué objetivos persiguen en la vida, apoyados en el refrán popular “el fin justifica los medios” (sean cuales fueren), y  hacia dónde encaminan sus pasos, aunque los lleven —irremisiblemente— tras la rejas de la prisión (como es el caso de Tito).

No solo como crítico, sino también como amante del séptimo arte, estimo que la película Los buenos demonios es el mejor homenaje fílmico “postmortem” que Gerardo Chijona le dedicara a la memoria del maestro Daniel Díaz Torres.