Los juegos sagrados de Jorge Hidalgo

Los juegos sagrados de Jorge Hidalgo

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artes plásticas, exposición
  • Obras de la expo Juegos sagrados... Foto del autor.
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La exposición personal Juegos sagrados. Breve Antología de Pinturas, que se exhibe actualmente en la Galería Bayado El Zaguán, del Fondo Cubano de Bienes Culturales en Holguín, resulta un acertado muestrario de las figuraciones expresionistas y escenas de fuerte matiz sincrético del reconocido artista Jorge Eugenio Hidalgo Pimentel (Santiago de Cuba, 1941).

Con curaduría de Anette Rodríguez Reyes y museografía del propio Hidalgo Pimentel, Juegos sagrados… recoge un promedio de 15 piezas del reconocido profesor, pintor, dibujante, grabador y escritor, nacido en Santiago de Cuba el 16 de septiembre de 1941. Según el catálogo, Hidalgo (Obbá Oguniré) nació “boca arriba y con los ojos abiertos. Demoró en llorar. Fue recibido en la luz por la comadrona Pancha la Negra (Iyá Leri). En el signo de Virgo, bajo la protección de Obatalá como santo de cabecera y Ogún como santo acompañante”.

En Juegos sagrados…, Jorge Hidalgo, licenciado en la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de Oriente, seleccionó varias obras imbricadas –como he señalado en anteriores textos– por un mismo hilo conductor evidente en su obra: un humanismo a flor de piel y en diálogo permanente con lo identitario y con las raíces afrocubanas que conforman el hondo sentimiento de una cubanía palpable y reinterpretada en sus mitos por el autor. Su obra es un breve, aunque profundo, resumen nacional en rapto permanente de las esencias de lo humano y, también, de lo raigalmente cubano.

La muestra expositiva, con diseño de Javier Erid Díaz Zaldívar y montaje de Yovier Maestre, evidencia la fuerte inclinación del artista hacia las raíces africanas y los cultos sincréticos que conforman, ineludiblemente, la identidad nacional; al decir de Don Fernando Ortiz, una identidad transculturada debido a múltiples influencias (ibéricas, africanas, asiáticas) a la manera de un ajiaco criollo. Esta es una cuestión palpable en las últimas etapas de una obra que, en sus inicios, tuvo un visible matiz impresionista con influencia de artistas europeos como Francisco de Goya, Egon Schiele, Antonio Saura y la cubana Antonia Eiriz.

Así encontramos en la exposición obras -mayormente en técnica mixta/óleo sobre cartulina/lienzo-, con un fuerte matiz de expresión sincrética, entre ellas: Ogún herrero, Llega Obatalá, Changó Monta, La jinete azul, Baba Lázaro, ¿Por qué me llamas?, Epifanía curandera, Gente común, Juegos Sagrados y Cristo entrando al Igbodú.

En las palabras del catálogo, Anette Rodríguez Reyes asegura: “Juegos sagrados… se nos brinda como ofrenda, no solo a la vista, sino también a la espiritualidad, no con el interés de embelesar o causar placer visual, sino más bien con el propósito expresionista de ilustrarnos una breve antología de apenas tres o cuatro años del incansable quehacer de un porfiado hacedor que retoza con los sagrados recreos de las deidades sincréticas. (…) Y es que más allá de las recurrentes señales y símbolos, abstracciones o figuraciones, la tenacidad de este artista nos devela su gran cubanía y sentido creador, perseverancia y sagacidad que lo llevan día a día a enfrentarse a la difícil tarea de crear con su esquela propia”.

Entre las piezas prefiero destacar, por sugerir universos específicos en la compleja cosmogonía creativa de Hidalgo, la obra Isla íntima (óleo/cartulina) que sugiere un hermoso y poético homenaje –recordemos que Hidalgo es, además, poeta con varios libros publicados– a la insularidad perenne que, de por sí, encierra la cubanía, y a la variedad de matices formativos en sus habitantes.

Virgen de Barajagua (técnica mixta/lienzo) recalca valores identitarios enraizados en el pueblo cubano mediante uno de sus símbolos espirituales, parte además del sustrato de la Nación: la Virgen de la Caridad del Cobre, antes Virgen de Barajagua, transfigurada y cubana… Fue en este poblado, perteneciente al actual municipio holguinero de Cueto, donde, luego de ser trasladada desde la bahía de Nipe, la Virgen tuvo su primera iglesia o lugar de culto.

Finalmente, Estela del Escarnio (óleo/lienzo) recuerda el arte escultórico y ritual de las culturas originarias del continente americano, específicamente las estelas funerarias mayas. Hidalgo se sirve de los trazos (glifos) de estos monumentos de la cultura de Mesoamérica para representar su estela: esas mismas piezas -quizá por eso la afrenta, el escarnio- fueron objeto de una atroz devastación en durante la colonización europea en el continente, de la misma manera que gran parte de las culturas originarias sufrió el exterminio.

Según el escritor Manuel García Verdecia en su texto “En el estudio del Hidalgo Pintor”, publicado en la revista holguinera Diéresis en 2002: “Jorge sintió desde siempre que cierto orden formal, estricto, racional, frío, de belleza prefabricada no tenía nada que ver con el inquieto duende que le habitaba el cuerpo. Florencia y su belleza imperturbable no eran su estación. Sin embargo, su confrontación con los pantocrátores medievales, con Velázquez, Rembrandt y Goya, le advirtieron que allí estaba su aire. Escenarios de cierta fealdad, cierto desaliño, cierto desconcierto, pero más auténtico, sin hipocresía. Empezó a ver el mundo en aquellas maneras, como una colección de aguafuertes. Buscó y halló en quienes apoyaban sus desvelos (…) la expresión dura y dramática, con la intensa poesía del ser”.