Los Motivos de son, de Nicolás Guillén y sus 87

Los Motivos de son, de Nicolás Guillén y sus 87

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Escritores, Nicolás Guillén
  • Motivos de son publicado por el Diario de la Marina un 20 de abril de 1930.
    Motivos de son publicado por el Diario de la Marina un 20 de abril de 1930.

El 20 de abril de 1930, la página Ideales de una raza del Diario de la Marina, publicaba ocho poemas insólitos en nuestro ámbito literario (y cultural), que no eran otros que los hoy célebres e imprescindibles Motivos de son, de Nicolás Guillén. Han transcurrido 87 abriles. Conmemorarlos, llamar la debida atención sobre su existencia, festejarlos es una alegría en virtud del camino que abrieron a la expresión poética nacional, al haber partido de uno de los logros más deslumbrantes de nuestra música: el son.

Tanto el son, como los Motivos…, pertenecen al patrimonio de la cultura cubana. Ese es un hecho irreversible. Sin embargo, no estaría mal refrescar hoy su historia para tener una idea del momento histórico en que se forjaron. La lucha ideológica era ardua, incisiva. Por ello es que frente al coro de quienes alababan, con entusiasmo inédito, la aparición de los ocho poemas-son, se alzó una columna rígida de detractores que organizaron su pensamiento colonial y antipopular —revestido de evidentes prejuicios raciales— en ar­tículos diversos, todos encaminados hacia la depauperación de aquel estilo tan fresco como necesario. Los letrados artificiosos, los eruditos a la violeta, trataron de aplastar —claro está, sin lograrlo— la batalla que, de hecho, ya había ganado el hombre natural, es decir, el hombre popular y cotidiano.

Pero como debemos recordar, también es sano volver los ojos ahora sobre aquellas conciencias abiertas al buen espíritu innovador de los Motivos… No fueron ­pocos los que batieron palmas, adentrándose en aquella materia restallante, cadenciosa. Por supuesto, los primeros fueron los músicos: Amadeo Roldán y Alejandro García Caturla, iniciadores de un modo artístico en el orden culto de nuestras creaciones musicales. Luego González Allué, los hermanos Grenet y el musicólogo y crítico español Adolfo Salazar.

Entre los humanistas y escritores, encontramos nombres como los de José María Chacón y Calvo, el sabio polígrafo Don Fernando Ortiz y Emilio Ballagas; además de los de Juan Marinello y Rubén Martínez Villena quien, visionario como sabemos, expresara en carta a su hermana Judith (reproducida por Raúl Roa en su famosa Evocación de Rubén): «Es una buena cosa… Guillén —a quien conozco hace mucho tiempo— se ha encontrado… hay cosas formidablemente originales, a fuerza de ser iguales a las palabras, frases y sentimientos del pueblo negro…».

Esas palabras, frases y sentimientos de que habla en su carta el poeta de La pupila insomne, son hoy del pueblo todo, pues, al acriollar Guillén cierto aliento del romance español, solo estaba ajustando —y expresando con ello— la combustión en que se funden los elementos afrohispanos, componentes seguros de nuestra identidad. Y como antes la habanera y la rumba, el son sacudió su cabeza, salió del seno de los hijos del pueblo y pasó a formar parte no solo ya de nuestro acervo artístico sino del universal. El son, como bien señala Ángel Augier, es «flor del folclor nacional» que «andaba silvestre por la manigua del cancionero anónimo» y hoy, gracias al genio poético de Guillén, pervive como nunca en la expresión literaria (y cultural) de Cuba.

Tomado de Granma