Madera de Ares

Madera de Ares

  • Exposición de ARES en Villamanuela. Fotos: Maité Fernández
    Exposición de ARES en Villamanuela. Fotos: Maité Fernández
  • Exposición de ARES en Villamanuela. Fotos: Maité Fernández
    Exposición de ARES en Villamanuela. Fotos: Maité Fernández

Dígase Arístides Hernández (Ares), y nos remitimos a lo más significativo de la gráfica cubana contemporánea. Dibujante, ilustrador, caricaturista, pintor, realizador audiovisual; este reconocido artista, médico y psiquiatra de formación, ha desarrollado una sostenida carrera que actualmente incluye decenas de premios y reconocimientos nacionales y extranjeros, veintitrés libros publicados en varios países de América y Europa, y otros noventa que ha tenido la responsabilidad de ilustrar.

Por estos días, la capitalina galería Villa Manuela nos muestra una de las facetas menos conocidas y visibilizadas de su trabajo. Se trata de Tocar madera, exposición personal que aglutina un amplio número de pinturas y esculturas ejecutadas con/sobre diversos medios y soportes.

Curada por el propio Ares y la profesora Odette Bello, Jefa de Departamento de Historia del Arte de la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de La Habana, la muestra toma como leitmotiv iconográfico los aldabones o llamadores que forman parte indisoluble de la arquitectura colonial cubana. Asimismo, las puertas de madera también juegan un papel fundamental, deviniendo, en muchos casos, las superficies sobre las que el artista dibuja y pinta.

La mayoría de las piezas recrean con singular originalidad varios símbolos nacionales o exploran de forma reflexiva, filosófica y respetuosa algunos misterios angulares de diversos sistemas religiosos a nivel mundial. El Cristo Crucificado de Cimabue, el Divino Pantocrátor y el equilibrado Buda, cuyos alargados lóbulo auriculares simbolizan la sabiduría y la inmortalidad, comparte tiempo y lugar con sugerentes aproximaciones a la bandera cubana, al Escudo Nacional y a la figura de José Martí, o con imágenes de la Virgen de la Caridad del Cobre, bien sea transformada en un aldabón o hábilmente dispuesta sobre una puerta cuya única jamba exhibe una ofrenda de girasoles a lo Van Gogh.

No obstante, el humor cáustico, mordaz y desacralizado, propio de Ares, también está presente mediante piezas de pequeño formato que lo emparentan con las jocosas herejías perpetradas por artistas como Rubén Alpízar, Ángel Ramírez y Eduardo Abela Torrás, entre otros exponentes del llamado posmedievalismo cubano. Aquí destacan las pinturas Santa Pasta y Sweet dreams, en las que el artista se apropia de programas iconográficos extraídos del arte religioso occidental para construir jocosos advertisements relativos a restaurantes u hostales que muy bien pudiéramos encontrar en las calles habaneras.

Crítica, meditativa, irónica, necesaria: Tocar madera constituye una propuesta notable en el panorama visual habanero más inmediato. Sus aldabas y puertas hoy nos convidan a invocar lo espiritual en sus múltiples acepciones, tanto místicas como intelectuales, para sobrevivir la molienda cotidiana, reafirmar nuestras identidades, alejar la mala suerte o compartir versos que, al decir del propio Martí, y según leemos en una de las obras, nos libren el pecho de toda cólera y de todo horror.