María Elena Llana, una mujer discreta

María Elena Llana, una mujer discreta

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Escritores, cuentos, Lina de Feria, Marylin Bobes, Alberto Garrandés
  • Momentos de la celebración por el cumpleaños de María Elena Llana.
    Momentos de la celebración por el cumpleaños de María Elena Llana.
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    Momentos de la celebración por el cumpleaños de María Elena Llana.
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    Momentos de la celebración por el cumpleaños de María Elena Llana.

A modo de intercambio, un grupo de amistades, admiradores, colegas y lectores de la obra de María Elena Llana revivieron, recientemente, parte de la trayectoria de esta mujer que, sin lugar a dudas, es una profesional de la palabra.

Su quehacer como docente, periodista y narradora fue detallado, descrito y alabado por importantes figuras de las letras cubanas como Lina de Feria, Marylin Bobes y Alberto Garrandés.

Los presentes participaron de un análisis espontáneo ─y profundo─, de obras como Casas del Vedado, La reja, Castillos de naipes, Ronda en el malecón, La quinta puerta... Asimismo, constataron las diferencias y analogías en cuanto a la apreciación de los textos de LLana.

Lina de Feria, por ejemplo, destacó su arte sintético, marcado por cierres sorpresivos a base de puras vivencias. También la catalogó como una de las mejores figuras nacionales cultivadoras del relato breve.

Por supuesto, estas características como escritora mucho tienen que ver con el don de la oralidad, y su manera rotunda de describir y contar las cosas.

Para Marylin Bobes, en tanto, María Elena resume una cuentista nata, de esas que deja volar a la imaginación, pero siempre la mantiene atada, de algún modo, al subconsciente profundo de las personas.

Resalta su capacidad para ofrecer una prosa pulida, exquisita, donde la ironía y el humor refinado devienen plato fuerte.

Y aunque para los críticos su mejor volumen es Casa del Vedado, Bobes significa otros escritos merecedores de elogios. Entre ellos, el cuento Nosotras, traducido a varios idiomas y estudiado por la Academia Norteamericana.

Los vínculos de Llana con el periodismo emergen en los lugares donde la narración se viste de testimonio, de crónica de un tiempo, de una época, de una nación. Sin embargo, a sus páginas siempre las salva, de cualquier estereotipo, sus valores literarios. Esos que la convierten en una de las mujeres más brillantes del panorama literario cubano, que, a decir de sus colegas, ya debiera ostentar el Premio Nacional de Literatura.

Sus relatos, sin alardes en las dosis de fantasía o realidad, referencian la crisis socio emocional de individuos y grupos sociales, sin perder de vista ese lugar común de observación: la familia cubana.

La combinación de palabras que componen sus piezas acogen el espacio fantástico y el espacio mental con maestría, renegociando así la noción de misterio que hasta ahora ha tenido la literatura. No obstante, Llana no pierde la oportunidad de insertar, cada vez, esas notas costumbristas que distinguen a sus trabajos.

Precisamente por esa singularidad , la UNEAC no dejó pasar la ocasión de aclamar sus ochenta años como quien celebra un arte mayor.

Mas, tras los elogios, María Elena se sonroja y continúa allí, en su "islote", ese que menciona Alberto Garrandés que se ha construido libro tras libro, porque ella, a pesar del retumbar de sus creaciones, sigue siendo una mujer discreta.