Marianao desde la literatura y la música

Marianao desde la literatura y la música

Etiquetas: 
Escritores, jueves literario, Alfredo Prieto, literatura cubana
  • Alberto Guerra, anfitrión del Jueves Literario junto a su invitado Alfredo Prieto. Foto: Héctor Navarro
    Alberto Guerra, anfitrión del Jueves Literario junto a su invitado Alfredo Prieto. Foto: Héctor Navarro

A esa zona de La Habana que la música popular debe en gran parte su génesis —apéndice poco estudiado—, al municipio Mariano, se le ofreció una mirada desde la literatura y la investigación social en Sospechosos habituales, uno de los encuentros de Jueves Literario de la sección de Escritores de la UNEAC.

El espacio, conducido por el narrador y guionista Alberto Guerra, invitó al ensayista e investigador Alfredo Prieto, quien ha realizado una serie de exploraciones sobre los orígenes del movimiento musical en esta localidad habanera, famosa por sus playas y “cabaretuchos”, donde se fraguó una verdadera escuela de la música popular, esa que no se estudia en las academias y que llevó a afirmar al desaparecido músico, compositor y arreglista Juan Formell, que a Marianao hay que ir a aprender música.

Inició el conductor la cita con la lectura de un cuento que tiene como trasfondo el amplio espectro musical del territorio nombrado, sumado a la idiosincrasia de sus pobladores; Regreso de Mustelier, nombre de la narración, pone a dialogar desde la voz de una antigua bailarina cubana de esa zona, emigrada y radicada en los Estados Unidos, toda una amplia gama de matices de la historia de ese pedazo de suelo habanero, desde lo personal hasta lo social, teniendo como vértice principal lo artístico musical del sitio.

Renacen aquí, en voz de los protagonistas, las esencias de un pequeño poblado que destacó por sus famosas playas como La Concha o los distinguidos clubes que la aristocracia cubana erigió allí; el magno Club Tropicana, uno de los mayores del mundo en su momento, espléndido en su estética arquitectónica —de primera línea— y artística, lugar donde se revelarían figuras como Elena Burque, Benny Moré, Pérez Prado, las famosas Mulatas de Fuego y otros; lugar también donde Santos Traficante y Meyer Lansky —representativos de la imponente mafia cubana de entonces—, sembrarían cuartel.

De Marianao, hubo lugares, la mayoría de mala muerte pero de gran peso en la génesis y auge de la música así como lo idiosincrásico, que salen refrendados en el cuento; tal es el caso del Rumba Palace y el Pensilvana, sitios donde hiciera casa una de las leyendas musicales de Cuba, ya casi olvidado: El Chori, percusionista sui generis que pernotó los rincones menos imaginables de lugar.

Por su parte, Alfredo Prieto llegó a estos renglones sobre la música en Marianao a raíz de concluir un libro sobre la mirada delos norteamericanos respecto a Cuba a finales de los 50, “los procesos de decontrucción del pasado y la memoria, hizo realizar este libro producto de una investigación, ¿a qué vinieron, por qué vinieron, qué veían estos norteamericanos?; sus costumbres, signadas por un movimiento puritano que no le permitía excesos, llevó a concentrarme sobre las playas de Marianao y el Teatro Shangai”, alegó.

Investigaría a políticos y músicos que hicieron de Cuba panaceas para sus sueños. Tal es el caso de del presidente norteamericano Richard Nixon, según Prieto, “empedernido bebedor” que entraría de a lleno en lo que dio a llamar la “mística cubana” (juego y bebida); John F. Kennedy, el asesinado presidente, conocido mujeriego que vino a realizar conquistas, “realizó más de 10 viajes a Cuba, visitó Tropicana y varios casinos famosos”, dijo; Marlon Brando, el famoso actor de Nido de ratas, amante de la música, sobre todo la percusión; Herrold Flyn, otro de los actores de la iconografía hollywodense, “hedonista inveterado, adicto al sexo, las drogas y la bebida”, subrayó Alfredo. Flyn se interesaría en la política en los años 50, pocos conocen que se dedicó también a la literatura, “era un escritor, escribió dos novelas, en los 50 vino a Cuba a realizar una película llamada La banda del soborno, regresa en el 58 como corresponsal de guerra, logró entrevistarse con Fidel en las montanas, visitó infinidades de veces a Marianao”, afirmó.     

Fruto de esta investigación es un libro que Prieto prepara, quien concluye que Marianao, en especial Tropicana, se convierte en zona predilecta de estudios sobre la sociedad cubana.