Memento mori

Memento mori

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: Plásticos, Galería Villa Manuela, arte contemporáneo
  • La muerte como negadora suprema de la vida —en su concepción occidental— adquiere siempre en la obra del artista un matiz esperanzador. Fotos: Alain Cabrera
    La muerte como negadora suprema de la vida —en su concepción occidental— adquiere siempre en la obra del artista un matiz esperanzador. Fotos: Alain Cabrera
  • La muerte como negadora suprema de la vida —en su concepción occidental— adquiere siempre en la obra del artista un matiz esperanzador. Fotos: Alain Cabrera
    La muerte como negadora suprema de la vida —en su concepción occidental— adquiere siempre en la obra del artista un matiz esperanzador. Fotos: Alain Cabrera

Yo os muestro la muerte consumadora, que es para los vivos un aguijón y una promesa.

Friedrich Nietzsche.

 

He visto a Rodney Batista deshacer la parsimonia con que receptores y artistas contemporáneos nos (auto)complacemos. Consolidar un fenómeno estético profundísimo que tiene su origen en experiencias sensibles particulares de él como artista y como hombre. Permanecer sincero a toda una línea de creación y pensamiento compactos, consciente de que si sus semejantes no entienden o prefieren no mirar, su tarea consiste en descorrer el velo.

La muerte como negadora suprema de la vida —en su concepción occidental— adquiere siempre en la obra del artista un matiz esperanzador. Podría definir, entonces,  dos ciclos fundamentales para comprender el análisis holístico que hace de este concepto y sus procesos.

En primera instancia, el entendimiento y aceptación de la muerte en su inmanencia pura, precisamente como una consecuencia cumbre e inevitable de la vida. No puedo evadir la aproximación en tal sentido a la conceptualización que Nietzsche realiza al respecto, a fin de cuentas veo en Rodney una clara intención de esa misma “transvaloración de la muerte”[1] que propone el principio nietzscheano. Tanto para uno como para el otro, ese destino final no posee la carga especialmente pesimista que se le ha atribuido, sino que emana de la estirpe de una decisión estrictamente existencial. Solo de tal manera el hombre puede construirse su propio final y con plena aceptación del mismo. Sin embargo, en su juicio sobre la rehabilitación de la expiración humana, Nietzsche segrega la fe como uno de los componentes que arrancan la muerte de la inconmensurabilidad de la vida y la convierte en parte de una trascendencia determinada (religiosa). Rodney difiere, dando lugar a un segundo ciclo de entendimiento del concepto y de su obra, pues percibe en la resurrección (si, porque definitivamente se necesita fe para creer en ella) el comienzo de esa VIDA, la definitiva.

Epitafio, como toda producción anterior del artista, supone un excelente consenso entre ambas instancias. No obstante, se advierte en esta aproximación una síntesis representacional del concepto que habla, sin lugar a dudas, de una maduración de su lenguaje artístico. Fotografía y escultura, ambas excelentemente pactadas en el espacio, se articulan en un gesto metonímico del “sueño pasajero”. Esta peregrinación que realiza el joven artista en la Galería Villa Manuela, supera la mirada “cuasi” tanatológica de trabajos anteriores para desembocar en una estilización sadomasoquista de un sentimiento de ausencia, de una partida que promete el regreso perentorio. La predilección por espacios preelaborados (el cementerio precisamente) y su reinterpretación, formulan un nuevo mausoleo en el universo simbólico de Rodney. La selección específica en el caso de la fotografía, a escala real cual portal que invita a la “mutación de estados”, así como la recreación de elementos escultóricos que encuentra  al paso, nos remiten a un diálogo directo e incólume que seduce a la negociación de la materia por el espíritu.

Este llamado de atención del artista sobre una condición “posthumana” anhelada, reclama el protagonismo de una muerte física, única capaz de hacer justicia merecida a la vida. En todo caso, morir será un hallazgo, una plenitud, ¿una cima? Vivir acostumbrándose a morir. La muerte, así, no da miedo. Se asume la vida.

Notas:

[1] Volker Gerhardt: Friedrich Nietzsche. Editorial Latin Betuk, Debrecen: 1998, p. 116.